Entre la trama y la lengua, para leer “El bar de Tlalpan”
“El bar de Tlalpan”, la novela de Silvia Maldonado, no se inscribe en el gÃĐnero policial, pero sà juega con ÃĐl a travÃĐs del humor en sus mÚltiples registros de la lengua, desviÃĄndose de lo trÃĄgico para revelar la pasiÃģn y lo oculto detrÃĄs de cada trama, de cada personaje.
Por VÃctor Ego Ducrot/ La nueva novela de Silvia Maldonado. Sobre ese texto intentarÃĐ escribir, pero antes algunas noticias sobre su autora.
Que es su tercera novela tras ÂŦEl Ãcono de DanglingÂŧ (2007) y ÂŦLa bienaventuranzaÂŧ (2009). ReciÃĐn llega a las librerÃas. Como las anteriores, fue editada por Paradiso Ediciones, de AmÃĐrico CristÃģfalo y Adriana Yoel, sello pionero en los â90 del movimiento de editoriales independientes; y de culto: entre tantos nombres, su catÃĄlogo incluye a LeÃģnidas Lamborguini, David ViÃąas, Fogwill, Horacio GonzÃĄlez, NÃĐstor SÃĄnchez, Roberto Raschella, Marina TsvietÃĄieva y ahora, recuerdo la deslumbrante traducciÃģn que hiciera AndrÃĐs Ehrenhaus de ÂŦSonetos y Lamento de una amanteÂŧ, de William Shakespeare.
Que ella, Silvia Maldonado, ademÃĄs de novelista es antropÃģloga y lingÞista, egresada durante su exilio de la Escuela Nacional de AntropologÃa e Historia (ENAH), de MÃĐxico. Que fue profesora en la UBA. Que el gobierno de NÃĐstor Kirchner la convocÃģ como curadora de Letras en la DirecciÃģn de Asuntos Culturales de la CancillerÃa, cargo que desempeÃąÃģ durante mÃĄs de 20 aÃąos.
No suelo abocarme a reseÃąas de libros, ni mucho menos me animo, ni me atreverÃĐ jamÃĄs, a la crÃtica literaria. Por eso antes de sentarme para lo que estoy ensayando lo hice para leer a algunos de los que sà saben.
Asà fue como redescubrà que Ricardo Piglia definiÃģ a Philip Marlowe como un crÃtico literario del bajo fondo, y que el acadÃĐmico marxista estadounidense Fredric Jameson, de la Universidad de Duke, se refiriÃģ a la vida y el devenir del detective privado de Raymond Chandler en tanto una suerte de camino que conecta la totalidad del espacio fragmentado.
La novela de Silvia Maldonado no se inscribe en el gÃĐnero policial, pero sà juega con ÃĐl. No habita el Marlowe de Piglia ni el de Jameson, pero veamos.
En ÂŦEl Ãcono de DanglingÂŧ un investigador o investigadora, su gÃĐnero no se enuncia, revela quiÃĐn, cÃģmo y porquÃĐ se cometiÃģ un crimen en el contexto de un congreso cientÃfico, reflexionando sobre el lenguaje y las lenguas, casi desde la llama y el diamante y entre los ecos del debate que Noam Chomsky y Jean Piaget sostuvieron en 1975, en el AbadÃa de Royaumont, en ParÃs.
En ÂŦLa bienaventuranzaÂŧ, la trama y su intriga asumen la imposibilidad de justicia, y antiguos camaradas de lucha viven la venganza y sus consecuencias como acto de reparaciÃģn, de insistencia definitiva en el propio ser. Me animo a considerar que, con un guiÃąo al pensamiento inicial de los tiempos modernos, el de Baruch Spinoza
En ÂŦEl bar de TlalpanÂŧ vuelve el bramido de la perseverancia, pero desde otra perspectiva, la de un complot que se burla sin piedad de la frÃa malicia forense, tan perversa a veces, y no permite de modo alguno el olvido. Los conjurados que se reunÃan entre tequilas y esperanzas en aquella cantina encontraron el camino que conecta la totalidad del espacio fragmentado, que no es el de una ciudad desnuda sino el de un territorio de geografÃas y lenguas
La novela de Silvia Maldonado se descubre como la voz de mÚltiples voces entraÃąables que vuelven a reunirse tras aÃąos de reconstrucciones dolorosas para salvar no la vida de Ana Filippi, pues su pÃĐrdida es irreversible, pero si su memoria, ese parÃĐntesis finito entre el nacimiento y la muerte de cada uno de nosotros.
ÂŦNovela coral de voces poderosas, que combinan lo Ãntimo y lo polÃtico, en una trama que avanza como piezas de rompecabezas: pequeÃąas partes que se entrelazan para darnos al final una imagen luminosa de personajes inolvidablesÂŧ, escribiÃģ el novelista Sergio OlguÃn en la contraportada de ÂŦEl bar de TlalpanÂŧ, un texto que denota fina lectura.
Para el cierre de este intento de reseÃąa quiero detenerme en lo que me animo a calificar de episteme literario en los textos de Silvia Maldonado, presente con especial intensidad en ÂŦEl bar de TlalpanÂŧ: el humor desde los mÚltiples registros de la lengua, ese devenir de la palabra con seÃąales que se apartan de lo trÃĄgico para revelar la pasiÃģn, lo oculto detrÃĄs de cada trama, de cada personaje.
En cierto texto crÃtico sobre ÂŦEl sonido y la furiaÂŧ Jorge Luis Borges explicÃģ una vez que William Faulkner aunaba el cuidado impecable de sus tramas y los usos del estilo. ParecerÃa que Silvia Maldonado ha recorrido esa literatura, tanto como nuestros barrocos fundacionales. ÂŋSor Juana, Lezama Lima, Carpentier? Quien la entreviste deberÃa preguntarle al respecto.
Ahora sà finaliza esta reseÃąa âĶ
Leyendo ÂŦEl bar de TlalpanÂŧ pensÃĐ mucho en los filos incandescentes del humor que zumba a lo largo de ÂŦVida y opiniones del caballero Tristram ShandyÂŧ (1758), la novela del angloirlandÃĐs Laurence Sterne, admirador de Cervantes y tal vez antecedente de James Joyce; y por quÃĐ no, aunque sin su errabundia de la palabra, en ÂŦEl cÃģmico de la lenguaÂŧ (1974) y luego ÂŦParadisoÂŧ, en 2007, la de nuestro genial NÃĐstor SÃĄnchez.
*Tomado de La Tecl@ EÃąe











