La metodología que el Gobierno había anunciado para actualizar la medición de precios fue descartada en enero y, tras la salida de Marco Lavagna del INDEC, el organismo continúa utilizando una canasta basada en consumos de 2004. Un recálculo de la consultora Qualy muestra que, desde el inicio de la gestión de Javier Milei, la inflación acumulada habría sido 15,5 puntos porcentuales mayor con la canasta actualizada.
El Gobierno de Javier Milei exhibe la desaceleración de la inflación como uno de los principales logros de su gestión. Sin embargo, detrás del índice oficial aparece una discusión metodológica que puede modificar de manera significativa la fotografía de la economía: si se hubiera aplicado la nueva metodología que el propio Gobierno había anunciado y que finalmente dio de baja en enero, la inflación acumulada desde diciembre de 2023 sería considerablemente más alta.
El INDEC había previsto abandonar la vieja canasta de consumo basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2004 y reemplazarla por una estructura actualizada a partir de la ENGHo 2017/18. El cambio finalmente no se concretó y estuvo acompañado por la salida de Marco Lavagna de la conducción del organismo.
El impacto de la decisión puede observarse al recalcular mes a mes el índice utilizando las ponderaciones de la canasta actualizada. Según un trabajo de la consultora Qualy, la inflación oficial acumulada desde el comienzo del Gobierno de Milei alcanza el 328,8%, mientras que con la metodología actualizada habría llegado al 344,3%: una diferencia de 15,5 puntos porcentuales.
Aunque la distancia entre ambas mediciones puede parecer marginal cuando se observa cada mes por separado, el efecto acumulativo termina siendo considerable. De hecho, solamente en tres meses el índice recalculado arrojó una variación inferior a la medición oficial. En el resto, la metodología actualizada registró una inflación mayor.
La diferencia más pronunciada se produjo en enero de 2024, cuando alcanzó 0,6 puntos porcentuales. En julio, en cambio, la brecha fue mucho menor: el INDEC informó una inflación del 2,11%, mientras que la canasta actualizada habría arrojado un 2,14%.
La explicación está en los cambios en los hábitos de consumo que incorpora la nueva estructura. La metodología actualizada otorga un peso significativamente mayor a los servicios, un componente que ganó relevancia en el gasto de los hogares argentinos durante los últimos años y que la vieja canasta de 2004 no refleja adecuadamente.
Incluso cuando los precios de algunos bienes y servicios aumentaron menos en julio bajo la nueva medición, la mayor ponderación de los servicios modificó el resultado final. En otras palabras, no se trata simplemente de que los precios individuales sean mayores, sino de qué importancia se les asigna dentro del presupuesto real de las familias.
El dato vuelve a poner bajo la lupa la estadística oficial con la que el Gobierno busca mostrar una supuesta normalización de la economía. Una canasta construida sobre patrones de consumo de hace más de dos décadas difícilmente pueda reflejar con precisión cuánto cuesta vivir en la Argentina de 2026, especialmente después de los fuertes cambios en tarifas, alquileres, transporte y servicios registrados en los últimos años.
La discusión, por lo tanto, excede una cuestión técnica. Mientras la Casa Rosada utiliza el índice oficial para exhibir una inflación en descenso, una metodología actualizada muestra que el deterioro acumulado de los precios podría ser bastante mayor.
El contraste resulta incómodo para el Gobierno: la inflación puede desacelerarse en términos mensuales y, al mismo tiempo, estar siendo medida con una estructura de consumo que ya quedó vieja. La diferencia de 15,5 puntos acumulada desde el inicio de la gestión abre así un interrogante sobre cuánto hay de mejora efectiva y cuánto de maquillaje estadístico en la imagen de estabilización que intenta instalar el Gobierno.