Corporación América presiona para blindar su monopolio sobre las terminales aéreas del país. El estrecho vínculo histórico del Presidente con el grupo económico facilita una maniobra que pretende perpetuar el negocio privado a costa del patrimonio público.
La administración de Javier Milei vuelve a dar muestras de la permeabilidad del Estado frente a los intereses de los grandes grupos concentrados de la economía. Corporación América, el holding comandado por la familia Eurnekian, desplegó una silenciosa pero agresiva estrategia para garantizar la prórroga indefinida y la extensión de las concesiones aeroportuarias que administra en todo el territorio nacional. La maniobra busca petrificar un esquema monopólico sobre el transporte aéreo antes de que vencen los plazos legales vigentes.
El impulso a estas pretensiones empresariales no resulta casual en el mapa político actual. El propio Presidente de la Nación construyó su carrera profesional y mediática como empleado estrella del grupo Eurnekian, mientras que diversos funcionarios de primera línea en el Gabinete libertario registran un pasado reciente en las filas del holding armenio-argentino. Esta captura de los resortes estatales por parte de antiguos ejecutivos corporativos allana el camino para resoluciones a medida de los sectores concentrados.
Desde la oposición y sectores especializados en regulación de servicios públicos advierten sobre las graves irregularidades que implica otorgar beneficios de extensión contractual sin compulsas ni licitaciones transparentes. Garantizar la explotación de las terminales aéreas sin exigencias de inversión acordes ni controles estatales efectivos perpetúa tarifas elevadas para los usuarios y resigna soberanía sobre la infraestructura estratégica del transporte del país.
La sobreactuación del Gobierno a favor de Corporación América contrasta de manera grosera con el discurso de la “libre competencia” y la “desregulación” que el oficialismo agita ante la opinión pública. Mientras se promueve la privatización de empresas estatales y la desprotección del mercado interno, la Casa Rosada consagra un capitalismo de amigos donde los monopolios privados alineados con el Poder Ejecutivo obtienen prebendas y concesiones a medida.