Mientras Luis Caputo promete un rápido rebote de la economía, el Presidente sorprendió con una explicación insólita para justificar la demora: el crecimiento se evalúa a un siglo. El ajuste se siente hoy, pero para disfrutar de la prosperidad que promete el Gobierno parece que habrá que tener paciencia por varias generaciones.
Javier Milei volvió a correr el arco de las expectativas económicas. Cuestionado por las promesas de recuperación del ministro de Economía, Luis Caputo, y por la demora en la reactivación del consumo y la industria, el Presidente salió a relativizar los indicadores de corto plazo con una frase que parece sacada de un manual para justificar promesas incumplidas: “En general se mira a 100 años, pero, como estamos en política, miramos de a cuatro”.
La explicación presidencial abre un interrogante inevitable: si el Gobierno asegura que la economía está a punto de despegar, ¿por qué necesita ahora un horizonte de cien años para evaluar sus resultados? La respuesta de Milei parece sencilla: cuando los números del presente incomodan, siempre se puede ampliar el calendario.
El problema es que el ajuste de la motosierra no se mide a cien años. Los recortes, la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades para sostener el consumo se sienten todos los días. Las familias no pueden postergar el pago del alquiler, las tarifas o los alimentos hasta el próximo siglo, por más que el Presidente invite a observar la economía con una perspectiva centenaria.
Milei defendió su programa económico y atribuyó las dificultades de determinados sectores a la volatilidad internacional y al reordenamiento de los precios relativos. También destacó los avances en energía, minería y balanza comercial, con especial énfasis en Vaca Muerta y las exportaciones de hidrocarburos.
Sin embargo, el crecimiento de algunos sectores exportadores no resuelve por sí solo las dificultades del mercado interno. Una cosa es exhibir récords de producción energética y otra muy distinta es conseguir que la recuperación llegue a los comercios, las fábricas y los bolsillos de los trabajadores.
El mandatario también insistió en que su gestión debe evaluarse a partir de la supuesta situación heredada en diciembre de 2023 y defendió el superávit fiscal y la desregulación como pilares de una futura expansión económica. Pero esa argumentación vuelve a chocar con las expectativas que el propio Gobierno alimentó al anunciar una recuperación acelerada.
La contradicción es evidente: Caputo proyecta el rebote, Milei pide paciencia y la sociedad sigue esperando resultados concretos. Si la actividad no despega al ritmo prometido, el horizonte se estira; si los indicadores mensuales no acompañan, se invoca el largo plazo.
En definitiva, el Gobierno parece haber encontrado una nueva unidad de medida para la recuperación: el siglo. La motosierra funciona en tiempo presente, pero la prosperidad prometida todavía no tiene fecha cierta de llegada. Y mientras Milei invita a pensar en los próximos cien años, millones de argentinos necesitan saber cómo van a llegar a fin de mes.