En Israel dejaron en ridículo a Milei y aclararon que no habrá apoyo por Malvinas

El Gobierno israelí negó oficialmente haber cambiado su postura sobre la soberanía de las Islas Malvinas, luego de que Javier Milei celebrara en redes sociales una publicación que anunciaba un supuesto respaldo de Benjamín Netanyahu al reclamo argentino. Mientras el Presidente difundía una noticia que finalmente fue desmentida, la petrolera israelí Navitas continúa adelante con sus planes de explotación hidrocarburífera en el Atlántico Sur.

El intento de Javier Milei de presentar un supuesto respaldo de Israel al reclamo argentino por las Islas Malvinas terminó en un incómodo revés diplomático. El Presidente compartió en su cuenta de X una publicación del diario británico The Telegraph que aseguraba que Benjamín Netanyahu había instruido a sus diplomáticos para apoyar la posición argentina frente al Reino Unido. Milei acompañó la noticia con la consigna «MAGA!», como si se tratara de un avance concreto para la causa nacional.

Pero la respuesta desde Israel fue contundente: el Ministerio de Relaciones Exteriores calificó de falso el informe y aseguró que no hubo ningún cambio en la posición oficial del país. En la misma línea, el embajador israelí en el Reino Unido, Alex Gandler, negó categóricamente que existiera una directiva para respaldar el reclamo argentino. La desmentida dejó sin sustento el anuncio que el mandatario argentino había celebrado públicamente.

Mucha sintonía ideológica, pero ningún cambio en la postura sobre Malvinas

El episodio vuelve a poner en cuestión la estrategia diplomática de Milei, que hizo de su alineamiento con Netanyahu y con otros líderes internacionales una de las marcas distintivas de su política exterior. Sin embargo, la cercanía política y las fotografías de ocasión no se tradujeron en un cambio oficial de posición israelí sobre la disputa de soberanía.

Aunque algunas declaraciones y señales políticas habían alimentado expectativas sobre un eventual acercamiento a la postura argentina, la Cancillería israelí ratificó que no existe una decisión de modificar su posición sobre la cuestión Malvinas. Por lo tanto, no hay un respaldo oficial nuevo al recamo de soberanía argentina que pueda presentarse como resultado de la relación entre ambos gobiernos.

La contradicción resulta especialmente relevante porque la cuestión Malvinas no es un asunto secundario: involucra la integridad territorial argentina, la explotación de recursos naturales en una zona disputada y una histórica controversia con el Reino Unido. En ese escenario, celebrar versiones periodísticas antes de que exista una confirmación oficial expone los riesgos de confundir gestos políticos con resultados diplomáticos concretos.

Navitas sigue adelante con el petróleo: los intereses económicos detrás de la disputa

El contraste más significativo aparece en el terreno de los recursos naturales. Mientras Milei exhibe su cercanía con el Gobierno de Netanyahu, la petrolera israelí Navitas Petroleum mantiene sus planes para desarrollar el yacimiento Sea Lion, ubicado al norte de las Malvinas, en sociedad con la británica Rockhopper Exploration.

Navitas posee el 65% del proyecto y es su operadora. La empresa mantiene como objetivo iniciar la producción de petróleo en marzo de 2028, pese a las medidas impulsadas por la Argentina para frenar las actividades hidrocarburíferas en la zona.

La posición israelí frente a esta controversia tampoco deja margen para confundir los intereses empresariales con un respaldo diplomático a la Argentina. El canciller Gideon Sa’ar sostuvo anteriormente que Navitas es una compañía privada y que el Gobierno israelí no participa directamente en sus operaciones. Al mismo tiempo, defendió la relación bilateral con Buenos Aires y planteó que la disputa con el Reino Unido debía resolverse mediante el diálogo.

En los hechos, esa explicación no modifica el escenario: la empresa continúa con su proyecto petrolero y no se ha anunciado una intervención del Gobierno israelí para detenerlo. La Argentina, por su parte, presentó un pedido de medidas provisionales ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar para intentar frenar el avance de Sea Lion.

La cuestión Malvinas volvió a quedar relegada durante otra década en la agenda bilateral, hasta que el 22 de marzo de 2024, pocos meses después de la asunción de Javier Milei, estalló la controversia por la designación del rabino Axel Wahnish como embajador argentino en Israel. Su pliego no consiguió las firmas necesarias y quedó trabado en la Comisión de Acuerdos del Senado, tras un duro cruce con el entonces titular de la Unión Cívica Radical, Martín Lousteau. El eje de la disputa fue el anunciado traslado de la embajada argentina de Herzliya a Jerusalén y las posibles consecuencias de esa decisión para el histórico reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.

Lousteau advirtió sobre una contradicción diplomática de fondo: la ONU considera tanto a Malvinas como a Jerusalén territorios sujetos a controversias internacionales, por lo que reconocer unilateralmente a Jerusalén como capital de Israel podría debilitar la posición argentina. En otras palabras, el Gobierno corría el riesgo de comprometer la coherencia de su propio argumento jurídico sobre la soberanía de las islas al adoptar una postura que podría sentar un precedente contrario a los intereses nacionales.

Malvinas exige resultados concretos, no festejos en las redes

La desmentida israelí deja una pregunta central sobre la política exterior del Gobierno: ¿qué resultados concretos produjo el alineamiento de Milei con Netanyahu en materia de soberanía argentina?

Hasta ahora, la información oficial disponible no muestra un cambio de postura de Israel sobre Malvinas ni una decisión de frenar las operaciones de Navitas. Por el contrario, la petrolera sostiene sus planes de explotación, mientras la disputa continúa en los ámbitos diplomático y judicial.

El episodio expone la distancia entre las expectativas que el Presidente difundió en las redes sociales y los hechos confirmados por el propio Gobierno israelí. En una cuestión estratégica para la Argentina, la afinidad ideológica entre mandatarios no equivale a un compromiso efectivo con el reclamo soberano.

Malvinas no se defiende con publicaciones celebratorias ni con fotografías entre presidentes. Se defiende con una política exterior consistente, acciones diplomáticas verificables y medidas eficaces para proteger los recursos naturales argentinos. El desmentido de Israel y la continuidad del proyecto petrolero de Navitas vuelven a colocar esa exigencia en el centro del debate.

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