Crisis industrial: Peugeot paraliza su planta hasta 2027 y crece la alarma en el sector automotriz

El derrumbe de las ventas y la retracción de la demanda golpean a la industria automotriz. Stellantis frenó la producción en El Palomar hasta enero de 2027 y también ajustará la actividad en Córdoba. La medida expone el deterioro del mercado interno, la presión sobre el empleo y la incertidumbre que atraviesa la industria bajo el modelo económico de Javier Milei.

La crisis económica vuelve a encender las alarmas en la industria argentina. La automotriz Stellantis resolvió paralizar la producción de su planta de El Palomar, donde fabrica los modelos Peugeot 208 y 2008, hasta el 18 de enero de 2027. La decisión, motivada por la caída de las ventas y la acumulación de vehículos sin comercializar, refleja las dificultades que enfrenta el sector para sostener sus niveles de actividad.

El freno no se limita a la provincia de Buenos Aires. La compañía también ajustará sus planes de producción en el complejo industrial de Ferreyra, Córdoba, donde se fabrican las camionetas Fiat Titano y Ram Dakota, afectadas por las dificultades para colocar unidades en los mercados externos. En este escenario, la empresa adelantó las vacaciones de sus trabajadores y reorganizó sus cronogramas de actividad. Aunque por el momento no anunció nuevos despidos, la incertidumbre sobre la continuidad laboral vuelve a instalarse en dos importantes polos industriales.

Un mercado interno debilitado

La decisión de Stellantis constituye una nueva señal de alerta sobre el estado de la economía. La caída del poder adquisitivo, las dificultades de las familias para afrontar sus gastos y el encarecimiento de bienes durables configuran un escenario adverso para la venta de automóviles. Comprar un vehículo nuevo se convierte en una posibilidad cada vez más lejana para amplios sectores de la población.

Los números del sector reflejan la gravedad del panorama. Según datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), entre enero y septiembre de 2026 se produjeron 314.975 vehículos, frente a las 379.243 unidades del mismo período de 2025, una contracción del 16,9%. En septiembre, la producción cayó un 15,6% interanual, mientras que las ventas de las terminales a las concesionarias retrocedieron un 20,4%.

En el caso de Peugeot, la pérdida de participación en el mercado argentino profundiza las dificultades: la marca pasó de representar alrededor del 9% de las ventas en 2025 a cerca del 5% en 2026. La menor demanda obliga a reducir la fabricación y vuelve a poner en discusión el futuro de las plantas locales.

El impacto de la apertura importadora y el riesgo para el empleo

A la contracción del consumo se suma el avance de la competencia importada, en un mercado cada vez más expuesto a vehículos provenientes de China y Brasil. La apertura comercial impulsada por el Gobierno agrega presión sobre las terminales nacionales, que deben competir en condiciones que las propias empresas consideran desfavorables.

El problema excede a las automotrices. Cada reducción de turnos o interrupción de la producción repercute sobre las empresas autopartistas, los proveedores industriales, el transporte y el conjunto de las economías regionales que dependen de estas fábricas. El cierre de la autopartista Clapp, en Jeppener, luego de las dificultades vinculadas con la reducción de la actividad de Peugeot, constituye un ejemplo concreto de cómo la crisis de una terminal puede extenderse a toda la cadena productiva.

La amenaza es especialmente preocupante por el peso del sector automotor en la generación de empleo industrial. Stellantis cuenta con alrededor de 5.000 trabajadores en sus distintas plantas argentinas, además de una extensa red de proveedores. Por eso, aunque la compañía no haya anunciado nuevos despidos en esta oportunidad, la prolongación de las paradas productivas y la reducción de los volúmenes de fabricación mantienen abierta la preocupación por los puestos de trabajo.

Un modelo económico que golpea a la producción

La parálisis de El Palomar y los ajustes en Córdoba vuelven a poner en discusión las consecuencias del rumbo económico del Gobierno. La combinación de un mercado interno debilitado, la pérdida de capacidad de compra y una mayor competencia importadora pone en jaque a sectores estratégicos de la industria nacional.

Mientras la administración de Milei sostiene su apuesta por la apertura económica y la desregulación, las señales que llegan desde las fábricas muestran una realidad mucho más preocupante: menos producción, ventas en retroceso y empresas obligadas a revisar sus planes de actividad.

La situación también abre interrogantes sobre las inversiones anunciadas por el grupo y sobre el futuro de sus operaciones en el país. Directivos de Stellantis ya advirtieron que evalúan distintas alternativas para sus plantas argentinas, incluida la posibilidad de trasladar producción o cerrar instalaciones, dependiendo de las condiciones del mercado y de la competitividad.

El panorama es inquietante. Cuando una fábrica detiene sus máquinas, el impacto no se mide solamente en automóviles que dejan de producirse: también se expresa en salarios bajo presión, proveedores con menos pedidos, comercios afectados y familias que ven amenazada su estabilidad.

La crisis automotriz se suma así a las dificultades que atraviesa buena parte del entramado industrial argentino. Y deja una pregunta central para el debate económico: ¿cuánto tiempo puede sostenerse un modelo que apuesta a la apertura comercial mientras el mercado interno se debilita y la producción nacional pierde terreno?

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