La recesión empieza a quedar expuesta incluso en los informes oficiales. El Banco Central (BCRA), conducido por Santiago Bausili, reconoció que la economía argentina registró una contracción durante el tercer trimestre de 2026. Aunque el organismo evita utilizar explícitamente la palabra «recesión» y busca justificar el retroceso por factores transitorios, los datos confirman el preocupante deterioro de la actividad económica bajo el programa de ajuste de Javier Milei.
En su último informe de política monetaria, el BCRA admitió que la economía sufrió una caída, después de haber acumulado siete trimestres consecutivos de crecimiento. Para justificar el retroceso, mencionó el contexto internacional desfavorable, la normalización de la actividad agropecuaria y dificultades que golpearon particularmente a la industria, la construcción y el comercio.
Sin embargo, detrás de las explicaciones oficiales aparece una realidad mucho más preocupante: la actividad productiva sigue mostrando señales de debilidad y amplios sectores de la economía doméstica atraviesan una situación crítica.
El propio Banco Central reconoció que las ramas industriales más dependientes del mercado interno y de la protección comercial registraron una caída interanual del 9% en agosto. Entre las actividades más golpeadas aparecen los sectores textil, del calzado, los electrodomésticos y los equipos informáticos. Una radiografía del impacto que la apertura comercial y el desplome del consumo están teniendo sobre la producción nacional.
Mientras tanto, los sectores vinculados a la exportación, como la minería, el agro y la pesca, muestran un desempeño mucho más favorable, profundizando el desequilibrio entre las actividades que generan divisas y aquellas que sostienen el empleo y el mercado interno.
Frente a este escenario, el BCRA intenta sostener las expectativas de recuperación y anticipa un supuesto rebote para el último trimestre del año. Sin embargo, esa proyección todavía es una promesa y no modifica el deterioro que ya reconocen los propios informes oficiales.
La contradicción del relato libertario resulta cada vez más evidente: mientras el Gobierno insiste en presentar su programa económico como el camino hacia el crecimiento, la industria pierde terreno, el comercio se debilita y la actividad económica vuelve a retroceder.
La realidad comienza a imponerse incluso en los documentos del propio Gobierno. Ya no alcanza con evitar la palabra recesión o atribuir cada indicador negativo a circunstancias pasajeras: la economía real continúa pagando el costo de un modelo que privilegia los sectores exportadores y financieros mientras castiga la producción nacional, el empleo y el consumo.