Mientras el Gobierno sostiene que la recesión se terminó, la economía aún no repunta y en el camino ya cerraron 16.500 pymes en lo que va del año.
Mientras el gobierno sostiene que la recesión ha llegado a su fin y promete un repunte económico, la realidad parece contar una historia muy diferente, especialmente para las pequeñas y medianas empresas (pymes). En lo que va del año, cerca de 16.500 pymes han cerrado sus puertas, de acuerdo con el Frente Productivo Nacional. A esta cifra alarmante se suman 10.000 kioscos y almacenes que también dejaron de operar y unos 160.000 empleados despedidos, según distintas entidades del sector.
La combinación de una fuerte caída del mercado interno, aumento de impuestos y costos de servicios, junto con la pérdida de competitividad en dólares, ha sido fatal para miles de estas empresas. La Asociación de Empresarios Nacionales (ENAC) informó que, entre julio y octubre, otras 6.500 pymes tuvieron que bajar la persiana, sumándose a las 10.000 que cerraron en el primer semestre de 2024. En este contexto, el consumo se ha desplomado. Las ventas minoristas, de acuerdo con la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), acumulan una caída del 13,2% en lo que va del año, y el consumo de carne vacuna registra su nivel más bajo en 26 años.
La situación es tan grave que el sector pyme ha demandado una “Ley pyme” que les brinde respaldo para enfrentar esta crisis. Sin embargo, los avances legislativos han sido escasos, y aunque el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, mencionó un programa de “RIGI” (Régimen de Incentivo Generalizado para la Industria), la expectativa de los empresarios es baja respecto a su concreción en el corto plazo.
Contradictoriamente, el presidente Javier Milei insiste en que “la recesión ha terminado y el país ha comenzado a crecer”, subrayando que los indicadores económicos muestran una mejora respecto a diciembre de 2023. Sin embargo, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) muestra una realidad diferente: una caída interanual del 3,8% en agosto y un retroceso acumulado del 3,1% en lo que va de 2024, aunque con un pequeño avance de 0,2% respecto de julio. A pesar de esta mínima mejora, los datos siguen reflejando una economía en declive, especialmente para el sector pyme, que enfrenta una demanda interna debilitada y costos crecientes.
Aunque las ventas minoristas pymes crecieron un 2,9% interanual en octubre y un 7,4% respecto al mes anterior, el 51% de los empresarios aún reporta que la falta de ventas es su principal obstáculo. De hecho, el 38% de las empresas declaró caídas en sus ventas en el tercer trimestre de 2024, y aunque la situación parece haberse estabilizado respecto al primer semestre, está lejos de ser una recuperación sólida. Apenas un 40,3% de las pymes reportó tener rentabilidad positiva, lo que representa una leve mejora del 6% respecto al trimestre anterior, aunque insuficiente para enfrentar la crisis estructural.
Así, mientras el gobierno mantiene un discurso de optimismo y asegura que la economía está “subiendo como pedo de buzo”, la realidad de miles de pymes en el país es muy distinta. Sin políticas efectivas que atiendan sus necesidades, el sector pyme sigue siendo el más golpeado en esta crisis, poniendo en evidencia la desconexión entre el relato oficial y la realidad que enfrentan los empresarios y trabajadores argentinos cada día.