En un nuevo capítulo de despojo de las Islas Malvinas, Israel y el Reino Unido se disponen a extraer petróleo en el Atlántico Sur, el proyecto representa no solo un saqueo flagrante de los recursos naturales argentinos, sino también una humillación a la soberanía nacional avalada por el silencio absoluto del gobierno de Javier Milei.
La empresa israelí Navitas Petroleum, que controla el 65% del emprendimiento, lidera la ofensiva junto con la firma británica Rockhopper, que posee el 35% restante. Juntas, consolidan un proyecto que planea extraer 300 millones de barriles de petróleo en las aguas que rodean al archipiélago usurpado, con ganancias proyectadas de más de 25.500 millones de dólares en las próximas tres décadas.
La primera etapa incluye la perforación de 23 pozos en el yacimiento Sea Lion, situado a 218 kilómetros al norte de las islas, en una zona considerada de “clase mundial” por la riqueza de sus reservas. Mientras tanto, el gobierno colonial británico embolsará regalías por más de 6.000 millones de dólares, en un reparto desigual que excluye por completo a la Argentina de un recurso que le pertenece por derecho.
Todo esto ocurre sin una sola palabra del presidente Javier Milei, quien ha evitado hacer reclamos diplomáticos, impulsar acciones legales o al menos sentar una postura clara en foros internacionales. Su conocida afinidad con Israel y su alineamiento incondicional con las potencias occidentales de la angloesfera lo posicionan, a los ojos de muchos, como un cómplice directo de este despojo.
Especialistas advierten que la mayor parte de las ganancias fluirá hacia accionistas extranjeros, principalmente en Israel y Estados Unidos, mientras el pueblo argentino es marginado de sus propios recursos. El proyecto León Marino continúa avanzando sin obstáculos, profundizando el malestar ciudadano ante la pasividad del Estado argentino frente a esta afrenta a la soberanía.
A esto se suma el grave riesgo ambiental que implica la explotación en la zona, sujeto a regulaciones impuestas por la autoridad ilegítima de las Malvinas. Las consecuencias podrían impactar en todo el Mar Argentino y más allá, en un momento de máxima alerta climática global.
La historia de lucha por la soberanía de las Islas Malvinas suma así un nuevo agravio. Lejos de defender los intereses del país, el gobierno de Milei opta por mirar hacia otro lado, habilitando con su silencio uno de los actos de expolio más descarados en el Atlántico Sur en tiempos recientes.