El gobierno nacional blanqueó su decisión de intervenir en el mercado cambiario para evitar que el dólar perfore el techo de la banda de flotación fijada en abril.
El gobierno nacional quedó contra las cuerdas y admitió en las últimas horas que comenzó a vender dólares del Tesoro para evitar que el tipo de cambio perforara el techo de la banda de flotación. La decisión expuso la magnitud de la crisis y la fragilidad del plan económico: se abandonó otro de los compromisos asumidos en abril, esta vez en medio de la presión de los mercados y de un clima de desconfianza creciente.
El impacto fue inmediato. Si bien la intervención permitió bajar el mayorista en $11 hasta los $1.361, el dólar paralelo siguió escalando y el riesgo país se catapultó, reflejo de la inquietud sobre la capacidad del Gobierno de afrontar sus vencimientos de deuda. La operatoria además encendió las alarmas porque los fondos utilizados son los mismos que deberían respaldar los pagos de los Globales y Bonares.
Horas desesperadas en Economía
Aunque el Ministerio de Economía intentó demorar el reconocimiento, ya desde fines de la semana pasada consultoras de la city detectaban que se estaban utilizando dólares del Tesoro depositados en el Banco Central para frenar la corrida. La maniobra contradice la promesa oficial de no intervenir dentro de los límites de la banda, y marca un giro forzado tras meses de compras presionadas por el FMI para recomponer reservas.
Ahora, la apuesta es que el anuncio sirva para disuadir la demanda de divisas. Pero el margen es acotado: el Tesoro cuenta con apenas u$s 1.700 millones en depósitos, de los cuales se estima que ya se volcaron al mercado unos u$s 100 millones.
Riesgo de default y más presión cambiaria
La medida golpeó de lleno a los bonos en dólares, que cayeron hasta 2,9 %, y reavivó los temores de default. En enero vencen u$s 4.200 millones y, en paralelo, el acuerdo con el FMI obliga a acumular reservas, lo que agrega más presión en un escenario de escasez de divisas.
En este contexto, la estrategia oficial quedó bajo fuego cruzado: la intervención genera dudas sobre la sostenibilidad del esquema cambiario, mientras que la desconfianza de los inversores empuja al alza el riesgo país. El resultado es un Gobierno atrapado entre la necesidad de frenar la corrida y el riesgo de quedarse sin dólares para cumplir con sus compromisos.