Según datos de la OCDE, el país captó apenas USD 3.134 millones de inversión extranjera directa en 2025, el nivel más bajo entre las principales economías de América Latina, pese al régimen de incentivos impulsado por el gobierno de Milei.
Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Argentina registró en 2025 el nivel más bajo de inversión extranjera directa (IED) entre las principales economías de América Latina, captando apenas USD 3.134 millones. El resultado expone una de las principales contradicciones del modelo económico de Javier Milei: un gobierno que hizo de la atracción de capitales su bandera central, pero que no logra traducir ese discurso en flujos concretos de inversión productiva.
La brecha con los líderes de la región es abismal: Argentina recibió menos del 5% de lo que captó Brasil, y quedó incluso por debajo de economías considerablemente más pequeñas como Costa Rica. A casi un año de la aprobación del RIGI, las inversiones efectivamente realizadas representan menos del 5% de los montos comprometidos por las empresas que se presentaron al régimen, según un informe de Misión Productiva elaborado en base a estadísticas de la OCDE.
Entre los principales factores que explican el mal desempeño argentino, el informe señala la fuerte caída del consumo y de la demanda interna, la paralización de la obra pública, la escasez de crédito productivo, la apreciación cambiaria y el deterioro de la competitividad de sectores transables. El propio análisis subraya que la capacidad de atraer inversiones no depende solo de beneficios fiscales o regulatorios, sino del funcionamiento general de la economía: nivel de actividad, acceso al crédito y estabilidad de largo plazo.
Tras la difusión del informe, el ministro Luis Caputo salió al cruce de las críticas y aseguró que existen proyectos por USD 140.000 millones en carpeta. Sin embargo, la distancia entre los compromisos anunciados y las inversiones efectivamente ejecutadas sigue siendo el talón de Aquiles del modelo. La OCDE, por su parte, proyecta un crecimiento del PBI del 5,2% para Argentina en 2025, destacando las reformas regulatorias impulsadas por el gobierno. El contraste entre el optimismo macroeconómico del organismo y los magros números de IED resume el dilema argentino: crecer sin inversión genuina es una apuesta de alto riesgo.