Durante el primer semestre de 2026 se derrumbó un 7,6% respecto del mismo período del año pasado y acumuló ocho caídas interanuales consecutivas, mientras los analistas advierten que no existen señales claras de una recuperación sostenida para lo que resta del año.
Los datos surgen del Índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) elaborado por Orlando Ferreres & Asociados, que mostró que en junio la inversión fue 6,2% inferior a la de un año atrás y volvió a retroceder 0,4% en términos mensuales. La consultora describió una dinámica de “serrucho”, con pequeños rebotes que rápidamente vuelven a convertirse en caídas.
El golpe más fuerte volvió a sentirse en los equipos durables de producción, un indicador clave para medir las apuestas del sector privado al crecimiento. La inversión en maquinaria nacional cayó 9,5%, mientras que la importada se desplomó 12,7%. La construcción fue el único rubro que mostró una leve mejora interanual de apenas 0,4%, insuficiente para compensar el fuerte retroceso del resto de los sectores.
Desde Ferreres señalaron que, al llegar a la mitad del año, la inversión continúa en niveles muy bajos y que todavía no aparecen indicadores que permitan proyectar una recuperación consistente. Si bien algunos sectores exhibieron mejoras puntuales, la consultora sostuvo que el panorama general sigue siendo de estancamiento y que el eventual impacto de las inversiones anunciadas bajo el RIGI y el Súper RIGI dependerá de cronogramas flexibles y sujetos a incertidumbre.
Los datos refuerzan la preocupación sobre uno de los principales objetivos económicos del Gobierno. Lejos de convertirse en el motor del crecimiento, la inversión continúa en retroceso. Según cifras oficiales, en el primer trimestre de 2026 cayó otro 11% interanual y acumuló cuatro descensos consecutivos en la medición desestacionalizada.
Desde Fundar advirtieron que la inversión representa apenas el 14,3% del Producto Bruto Interno, un mínimo histórico y muy por debajo del 25% que consideran necesario para sostener un proceso de crecimiento. Además, remarcaron que la inversión por habitante se encuentra un 21,8% por debajo del récord alcanzado en 2018, reflejando el fuerte deterioro de la capacidad productiva del país.
Para la red Misión Productiva, el desplome responde a una combinación de factores: la debilidad de la demanda y de los salarios, la paralización de la obra pública, el mal desempeño de la construcción privada, la falta de crédito para proyectos productivos y la incertidumbre sobre la sostenibilidad del esquema económico. A su entender, el crecimiento impulsado por sectores como el agro, la minería y la energía no alcanza para expandir la inversión al conjunto de la economía.
Las dudas también alcanzan al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) y al denominado Súper RIGI. Aunque fueron presentados por el Gobierno como herramientas para atraer capitales y reactivar la economía, distintos especialistas sostienen que su impacto será limitado. Desde Fundar señalaron que el régimen concede beneficios excesivos a sectores que ya venían invirtiendo, como la minería y la energía, sin generar una estrategia que impulse el desarrollo del resto del entramado productivo.
En la misma línea, el investigador Emiliano Libman sostuvo que los sectores alcanzados por el RIGI representan una porción demasiado reducida de la inversión total como para revertir la tendencia general. “A lo mejor ayuda a que deje de caer la inversión, pero no espero un repunte a corto plazo“, afirmó.
Con este panorama, la caída de la inversión vuelve a convertirse en una de las principales señales de alerta para la economía argentina. Mientras las empresas postergan proyectos y frenan la compra de maquinaria, las expectativas de recuperación siguen debilitándose y crecen las dudas sobre la capacidad del modelo económico para generar un crecimiento sostenido.