Del “hubo corrupción” al “no hay pruebas”: el sorprendente giro de Ernesto Tenembaum ante la condena a Cristina

El periodista anti kirchnerista analizó la solidez técnica del fallo judicial en la causa Vialidad y denunció un sesgo evidente en Comodoro Py. Tarda en llegar…

Ernesto Tenembaum ha sido, a lo largo de los años, uno de los críticos más persistentes de las gestiones kirchneristas. Su postura respecto a la transparencia gubernamental siempre estuvo marcada por la sospecha y el cuestionamiento directo hacia los funcionarios del ciclo iniciado en 2003. Sin embargo, el reciente avance definitivo en la condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad lo ubicó en una posición analítica que tomó por sorpresa a gran parte de su audiencia habitual.

Lejos de celebrar el fallo de manera acrítica, el periodista comenzó a poner la lupa sobre el expediente judicial y el proceso que llevó a la inhabilitación de la expresidenta. En sus habituales editoriales radiales, Tenembaum señaló que el dictamen presenta severos puntos débiles en materia probatoria. Para el conductor, atribuirle una responsabilidad penal directa a una jefa de Estado requiere estándares de prueba indubitables que, a su criterio técnico, la causa Vialidad no logró consolidar con la contundencia necesaria.

Esta lectura no significa una absolución moral ni política por parte del periodista hacia la exmandataria. Tenembaum continúa reafirmando de manera tajante su convicción de que existieron irregularidades y hechos de corrupción durante las administraciones K. No obstante, hace una distinción clara entre la opinión política y la exigencia del derecho penal: saber o sospechar que hubo corrupción en una gestión no equivale automáticamente a haber probado en un expediente la autoría o complicidad directa de la mandataria.

A esta debilidad probatoria se le suma la fuerte crítica de Tenembaum al funcionamiento del Poder Judicial argentino y a la innegable “doble vara” de los tribunales. Según su análisis, resulta alarmante para la credibilidad democrática que las causas contra dirigentes vinculados al kirchnerismo avancen con una velocidad inusitada, mientras que los procesos que involucran a figuras de la oposición o del poder económico queden cajoneados de forma sistemática en los despachos de Comodoro Py.

En definitiva, la postura de Tenembaum no responde a un repentino cambio de bando, sino a la preocupación por las garantías constitucionales y el precedente de la Justicia. Al advertir que condenar sin la solidez técnica adecuada erosiona el sistema democrático, el periodista expone que una condena judicial floja de papeles termina alimentando la sospecha de persecución política, dejando un sabor amargo incluso entre aquellos que fueron sus mayores detractores.

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