Insólito: Caputo dijo que “se desloma laburando” como Adorni y le pidió a la gente más paciencia

El ministro de Economía aseguró que se “desloma” para que el supuesto cambio llegue a todos, pero reconoció que incluso dentro de dos años habrá argentinos que seguirán sin poder llegar a fin de mes.

Luis “Toto” Caputo eligió una palabra particularmente desafortunada para pedirles paciencia a los argentinos. “Nos deslomamos para que este cambio continúe y se dé para todos lo más rápido posible”, aseguró el ministro de Economía. La expresión remite inevitablemente a Manuel Adorni, quien había utilizado el mismo término para justificar su supuesto sacrificio durante un viaje oficial y terminó convirtiéndolo en una de las frases asociadas a los cuestionamientos sobre su gestión y su escandaloso patrimonio.

Pero el problema para Caputo no fue solamente la elección de la palabra. El ministro acompañó su apelación al sacrificio con una admisión mucho más preocupante: reconoció que incluso dentro de dos años habrá argentinos que no llegarán a fin de mes. “Siempre va a haber alguien que esté mal”, sostuvo al defender el programa económico y reclamar paciencia para que sus supuestos beneficios alcancen al conjunto de la sociedad.

La frase resulta particularmente impactante en un contexto de fuerte deterioro económico y social, con hogares que enfrentan dificultades para sostener sus ingresos y mantener su nivel de consumo. En lugar de anunciar una mejora concreta para quienes más sufren el ajuste, Caputo anticipó que las dificultades persistirán durante años y pidió nuevamente tiempo a una población que ya viene soportando el costo de las políticas del Gobierno.

Incremento patrimonial del ministro

El pedido de paciencia coincidió, además, con la presentación de la declaración jurada de Caputo correspondiente a 2025. El ministro informó bienes, depósitos y dinero por $19.509 millones al cierre del año, frente a los $11.851 millones declarados al comienzo, lo que representa un incremento nominal de casi $7.700 millones.

El dato que más llama la atención aparece en la composición de ese patrimonio: Caputo declaró alrededor de $12.422 millones en depósitos en el exterior, mientras que sus ahorros en la Argentina rondaron los $600 millones. De acuerdo con esos números, cerca del 95% de sus ahorros declarados estaban fuera del país y aproximadamente el 68% de su patrimonio se encontraba radicado en el exterior.

En el Gobierno, la elección de la palabra “deslomamos” no pasó inadvertida. Un empresario industrial que participó de la conferencia de la UIA ironizó: “Parece el gobierno de los deslomados. Cada vez que alguno dice que se desloma, conviene agarrarse la billetera”.

La comparación con Adorni es inevitable. En marzo, el entonces jefe de Gabinete había utilizado la misma expresión para explicar por qué su esposa lo acompañó durante un viaje oficial a Nueva York: dijo que quería tenerla cerca porque iba a pasar una semana allí “deslomándose”. La explicación terminó generando más cuestionamientos y convirtió la palabra en una etiqueta política asociada al contraste entre el discurso oficial de austeridad y las condiciones de vida y privilegios de sus funcionarios.

Ahora Caputo decidió recuperar aquella expresión en un momento especialmente sensible. Mientras reclama paciencia y asegura trabajar para que el cambio llegue “a todos”, también defendió que la economía avance a “dos velocidades”: una dinámica para los sectores vinculados a la generación de dólares y otra muy diferente para buena parte de la sociedad.

Para justificar esa estrategia, el ministro recurrió incluso a una comparación futbolística. Dijo que era como tener a Lionel Messi, Ángel Di María y Enzo Fernández sentados en el banco y sostuvo que la economía debía priorizar a los sectores exportadores, porque serán las exportaciones las que impulsen el crecimiento.

El mensaje de Caputo quedó así atravesado por una contradicción difícil de disimular: mientras pide paciencia y admite que todavía habrá argentinos que no podrán llegar a fin de mes, asegura que el Gobierno trabaja para que los beneficios del modelo alcancen a todos. La promesa de prosperidad futura vuelve a quedar, una vez más, frente a una realidad en la que el costo del ajuste se hace sentir en los hogares mucho antes de que llegue la recuperación prometida.

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