Santiago Bausili reconoció que parte de las reservas de oro se encuentra en la capital británica, luego de haber señalado ante el Senado que el oro estaba en Suiza. Desde el peronismo reclamaron que el titular del Banco Central regrese al Congreso para explicar la contradicción, en momentos en que el Gobierno profundiza su discurso sobre soberanía nacional y Malvinas.
El Banco Central reconoció este lunes que las reservas de oro de la Argentina se encuentran depositadas en Londres, una revelación que vuelve a poner bajo cuestionamiento la gestión de uno de los principales activos estratégicos del país y expone una fuerte contradicción entre la retórica nacionalista del Gobierno y sus decisiones concretas.
La admisión fue realizada por el presidente del BCRA, Santiago Bausili, quien quedó nuevamente en el centro de la polémica después de que desde el peronismo reclamaran que vuelva al Senado para brindar explicaciones. El planteo apunta especialmente a sus anteriores declaraciones ante los legisladores, cuando había asegurado que el oro de las reservas se encontraba en Suiza y no en territorio británico.
La diferencia no es menor. Mientras el Gobierno multiplica sus apelaciones a la defensa de la soberanía nacional, endurece su discurso en torno a Malvinas y busca exhibir una renovada agenda nacionalista, el propio Banco Central confirmó que un activo estratégico de la Argentina está depositado en Londres, bajo jurisdicción británica.
El contraste adquiere todavía mayor gravedad por tratarse de las reservas de oro del país, uno de los activos que integran el patrimonio del Estado argentino y cuya administración permanece bajo responsabilidad del Banco Central.
Ante este escenario, desde el PJ exigieron que Bausili regrese al Senado para aclarar qué ocurrió y, fundamentalmente, por qué brindó una información diferente cuando fue consultado específicamente por el destino de las reservas. La controversia ya no se limita, entonces, al lugar físico donde se encuentra el oro, sino que alcanza directamente a la transparencia con la que las autoridades informan sobre la administración de los activos del país.
La revelación también deja expuesta una paradoja política: mientras el Gobierno busca apropiarse de una retórica de defensa de la soberanía y vuelve a colocar la cuestión Malvinas en el centro de su discurso, uno de los principales activos estratégicos argentinos permanece en Londres.
Así, entre los discursos sobre soberanía y las decisiones concretas sobre los recursos nacionales, vuelve a abrirse un interrogante incómodo para la administración de Javier Milei: ¿qué significa defender la soberanía en el discurso cuando los activos estratégicos del país terminan bajo custodia británica?