“Nos comimos el cuento”: salió a vender sus alianzas de oro para poder pagar el alquiler y confesó entre lágrimas que votó a Milei

Aníbal, un vecino de Avellaneda, se cruzó con un móvil televisivo y contó que saló a vender los anillos de oro de su matrimonio ante la imposibilidad de afrontar la renovación de su vivienda.

El colapso económico del experimento libertario sigue cobrándose víctimas cotidianas que, tras apostar por la promesa de la motosierra, chocan de frente contra la indigencia. En una cruda postal de la crisis social que atraviesa el conurbano bonaerense, un vecino del partido de Avellaneda llamado Aníbal se vio obligado a recurrir a un recurso desesperado: intentar vender las alianzas de su matrimonio para poder juntar el dinero necesario y evitar el desalojo de su familia.

En declaraciones al móvil de C5N, el hombre relató la asfixiante situación que atraviesa al tener que afrontar la renovación de un alquiler disparado por desregulación de precios y la licuación generalizada de salarios. “Vine a ver si puedo vender mis anillos de oro porque no tengo para pagar el alquiler, con la ley que yo mismo voté”, confesó con desgarradora honestidad ante las cámaras, reconociendo sin filtros su responsabilidad en el desastre actual: “Me da pena decirlo, pero yo voté a Milei. Soy liberal, libertario, anarcocapitalista, pero la realidad es que no se puede vivir sin plata”.

El testimonio de Aníbal desnuda el nivel de arrepentimiento que comienza a expandirse entre sectores de la propia base electoral que respaldó al oficialismo en las urnas, seducidos por un relato de prosperidad individual que terminó transformándose en pesadilla social. El vecino relató que trabaja todo el día al volante mediante aplicaciones de transporte, pero sus ingresos ya no alcanzan ni para cubrir los gastos mínimos de alimentos, servicios y salud mental de su hija. Para colmo de males, al llegar a la joyería descubrió que las alianzas cotizaban a apenas 341.000 pesos, una cifra miserable que ni siquiera le sirve para cubrir una fracción del nuevo contrato locativo.

“Creí que era otra persona, nos comimos el cuento”, se lamentó el trabajador al borde del llanto, reflejando el profundo desencanto popular con una gestión económica ciega e insensible que destruye el tejido social. La angustia de Aníbal se multiplica por miles en cada rincón del país, donde la promesa de un supuesto “orden macroeconómico” se traduce, en la vida real, en familias enteras obligadas a rematar sus recuerdos más íntimos sólo para poder llegar a fin de mes.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on telegram
Telegram
Share on whatsapp
WhatsApp