Mientras el gobierno le pasa la motosierra al Hospital Garrahan, a las jubilaciones y universidades, el Ministerio de Relaciones Exteriores a cargo del empresario amigo de Milei, Gerardo Werthein gasta fortunas en escandalosas licitaciones.
El gobierno de Javier Milei continúa aplicando un ajuste despiadado que golpea con especial dureza a los sectores más vulnerables. Uno de los casos más indignantes es el del Hospital Garrahan, símbolo de la salud pediátrica pública, que sufre recortes presupuestarios que amenazan su normal funcionamiento. Sin embargo, mientras se cercenan recursos vitales para niñas y niños, en otro rincón del Estado se despliega una opulencia escandalosa.
El Ministerio de Relaciones Exteriores, conducido por el empresario y amigo personal de Milei, Gerardo Werthein, acaba de adjudicar una licitación por 183.456.000 pesos para el alquiler de una flota de vehículos de alta gama con chofer, un gasto difícil de justificar en medio del brutal ajuste que impone el gobierno.
La licitación —tramitada bajo el número 26-0001-LPU25 y oficializada el 2 de junio de 2025— establece una Orden de Compra Abierta por seis meses, con posibilidad de prórroga por otros seis. El contrato contempla más de 3.500 horas de servicio de autos blindados, modelos “premium” como Mercedes Benz Clase C, BMW Serie 3 y Audi A5, además de vans y minibuses. Todos los vehículos deben ser modelo 2019 o más nuevos, con tapizados de cuero, llantas de aleación, climatizador bizona y otros lujos.
Y no solo se exige lujo en los vehículos: los choferes deben vestir uniforme formal, estar disponibles 24/7 y tener teléfonos a bordo. En caso de cualquier inconveniente, el proveedor tiene solo 15 minutos para reemplazar el vehículo, un nivel de exigencia que bordea lo ridículo en un país donde el transporte público se deteriora y millones no llegan a fin de mes.
El servicio no será solo para delegaciones extranjeras, sino también para “funcionarios nacionales” e incluso “invitados especiales” cuya jerarquía ni siquiera se especifica. Es decir, un gasto elitista y discrecional financiado por el bolsillo de los contribuyentes.
De las cuatro empresas que se presentaron, solo una fue admitida: QUICK CAR S.A., que se llevó los siete renglones del contrato. Las otras fueron descartadas por irregularidades, lo que deja en evidencia la escasa competencia real del proceso.
La contradicción es flagrante: mientras se ajusta con crueldad al Garrahan, se destinan millones a garantizar traslados de lujo para una minoría privilegiada del poder. Este contrato no solo desmiente el discurso de “austeridad” que pregona Milei, sino que exhibe con crudeza cómo la “casta” sigue más viva que nunca, ahora blindada en autos de alta gama y alejada del drama cotidiano de la mayoría.