Tras nuevas movilizaciones contra las redadas contra los inmigrantes en esa ciudad estadounidense, la alcaldesa Karen Bass decretó el toque de queda en el centro de la ciudad. La medida generó rechazo de organizaciones civiles que lo calificaron como un intento de silenciar el reclamo popular frente al avance represivo del gobierno federal.
En medio de un creciente clima de tensión social, la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, impuso este miércoles un toque de queda en el centro de la ciudad, argumentando la necesidad de “restaurar el orden” tras las manifestaciones masivas en rechazo a las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La medida, que rige entre las 20:00 y las 06:00 horas, abarca una amplia zona del distrito central y fue recibida con duras críticas por parte de organizaciones de derechos humanos, que denuncian una escalada represiva sin precedentes
Las movilizaciones comenzaron hace cinco días, luego de que ICE intensificara su accionar en comunidades latinas, con operativos denunciados como violentos y sin control judicial efectivo. La respuesta fue inmediata: marchas multitudinarias, ocupaciones pacíficas y bloqueos de rutas, como el registrado en la autopista 101. En lugar de abrir canales de diálogo, la alcaldía optó por cerrar calles y restringir libertades.
“El mensaje es claro: cuando el pueblo se organiza, el poder responde con represión”, sostuvo en conferencia de prensa Luz Martínez, vocera de la Red de Comunidades Inmigrantes del Sur de California. “Este toque de queda es una cortina de humo para no hablar de las violaciones de derechos humanos que se están cometiendo a diario”, agregó.
Aunque el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) aseguró que la medida excluye a residentes, personal médico, periodistas y personas en situación de calle, en los hechos ya se registraron detenciones de manifestantes y denuncias por uso excesivo de la fuerza, según constató la ONG JusticeLA.
El trasfondo político y social no es menor: la administración federal endureció su política migratoria con detenciones masivas en barrios populares, muchas veces sin respetar el debido proceso. En ciudades como Los Ángeles, con fuerte presencia de comunidades migrantes, el impacto es inmediato y profundo.
La respuesta de la población –particularmente de jóvenes, estudiantes y trabajadores organizados– ha sido sostenida y contundente. “Están tratando de instalar miedo, pero lo único que logran es alimentar nuestra determinación”, señaló Esteban Torres, uno de los voceros de la protesta frente al Ayuntamiento.
Referentes sociales advierten que el toque de queda podría extenderse si persisten las movilizaciones. Mientras tanto, crece la presión sobre la alcaldesa para que levante la medida y dialogue con los sectores movilizados, en lugar de criminalizar el conflicto social.
Los Ángeles vuelve a ser escenario de una puja histórica: represión estatal versus organización popular. Y esta vez, la comunidad migrante está decidida a no retroceder.