La inversión extranjera directa registró el mayor retroceso en diez años
Entre enero y mayo, la inversión extranjera directa (IED) mostró un preocupante saldo neto negativo de u$s1.679 millones, producto de mayores egresos que ingresos. A pesar del fin del cepo y de los incentivos oficiales, los dólares siguen sin llegar.
Pese al levantamiento del cepo cambiario y los esfuerzos oficiales por atraer capitales, la inversión extranjera directa (IED) en Argentina registró entre enero y mayo un saldo neto negativo de u$s1.679 millones, el peor resultado en al menos diez años. Lejos de llegar nuevos fondos, salieron más dólares de los que ingresaron, una señal alarmante para la economía en un momento clave de reformas.
Según datos del Banco Central, los ingresos por IED sumaron apenas u$s551 millones en los primeros cinco meses del año. En cambio, los egresos se aceleraron, profundizando una tendencia que ya se había observado en 2024, cuando la IED cayó 54% respecto al año anterior. La salida de capitales se intensificó este año en un contexto de incertidumbre política, fragilidad legislativa del Gobierno y reformas estructurales sin consolidar.
Desde el sector financiero advierten que la eliminación del cepo el pasado 14 de abril no funcionó como un atractivo para nuevas inversiones, sino como una vía de escape. “La liberación cambiaria facilitó la repatriación de capitales en lugar de fomentar proyectos productivos”, señalaron desde una consultora. Además, factores globales como altas tasas de interés internacionales y la baja en el precio del litio contribuyeron a desalentar el flujo de capitales hacia el país.
La dinámica mensual muestra esa volatilidad: sólo en marzo y mayo hubo saldos positivos (u$s97 y u$s109 millones, respectivamente), mientras que en febrero se registró una salida neta de más de u$s1.000 millones, un verdadero desplome. Sectores como la minería y la industria manufacturera siguen activos, pero no alcanzan para compensar la fuga generalizada.
Ni el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) ni los proyectos de infraestructura anunciados —como un oleoducto en Río Negro o un buque de licuefacción— lograron cambiar las expectativas. Grandes bancos internacionales como J.P. Morgan, Wells Fargo y Morgan Stanley aún mantienen una postura de cautela y escepticismo, señalando el alto riesgo país y la necesidad de mayor estabilidad institucional.
Con esta salida neta de capitales, Argentina enfrenta un serio desafío: recuperar la confianza de los inversores extranjeros. Analistas coinciden en que el retorno de la IED dependerá de que el Gobierno logre estabilizar la macroeconomía, fortalecer las reglas de juego y ofrecer garantías reales a quienes decidan apostar por el país.
