Crisis y sospechas en el Indec: renunciaron especialistas en medición de la inflación y la pobreza

Las renuncias del director de Estadísticas de Condiciones de Vida del Indec, y de la directora del Índice de Precios al Consumidor, despertaron las sospechas sobre la manipulación de las estadísticas oficiales por parte del organismo que dirige Marco Lavagna.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) atraviesa una seria crisis de credibilidad tras las renuncias de dos de sus principales especialistas en áreas sensibles: Guillermo Manzano, director de Estadísticas de Condiciones de Vida, y Georgina Giglio, directora del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Ambos tenían bajo su responsabilidad los indicadores más críticos para evaluar la situación social y económica: la medición de la pobreza y la inflación.

Las dimisiones, sin explicaciones claras por parte de la conducción del organismo, intensifican las sospechas de interferencia política en la elaboración de las estadísticas y disciplinamiento de sus cuadros técnicos. Manzano, considerado uno de los técnicos más respetados del Indec y artífice de la nueva metodología para medir pobreza, dejó su cargo en medio de la parálisis de ese sistema, que por alguna razón nunca llegó a implementarse. La actualización del IPC, a su vez, también permanece congelada, en un contexto en que se teme que los números reales choquen con el discurso oficial.

La salida de Giglio, comunicada como un “regreso por razones personales” a la Dirección Provincial de Estadística bonaerense, tampoco disipó las dudas. Su reemplazo por Josefina Rim se dio en paralelo a las denuncias de sectores sindicales y opositores que advierten sobre un posible subregistro deliberado de la inflación.

Las renuncias golpean el corazón del Indec y reavivan el recuerdo de los años en los que el organismo perdió legitimidad por manipulación de datos. Hoy, encuestas reflejan que gran parte de la población desconfía de las cifras oficiales, especialmente de las que informan sobre la inflación y los niveles de pobreza.

Con estas salidas, la gestión de Marco Lavagna enfrenta un desgaste interno y externo: dentro del Indec, por la pérdida de técnicos de peso sin reemplazos a la altura; y hacia afuera, por la percepción de que el organismo se aparta de su misión de garantizar información confiable y transparente. En definitiva, el Indec se encuentra en el centro de un escenario de desconfianza que amenaza con minar la credibilidad de sus estadísticas en el momento en que resultan más necesarias.

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