La funcionaria no solo empujó al gobierno de Javier Milei a un choque con la Justicia local y con medios de comunicación, sino que además generó un conflicto diplomático inédito e innecesario con Rusia y Uruguay, países que ahora le exigen explicaciones oficiales.
Lo que comenzó como un escándalo interno en la Casa Rosada terminó convertido en un bochorno internacional protagonizado por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. La funcionaria no solo empujó al gobierno de Javier Milei a un choque con la Justicia local y con medios de comunicación, sino que además generó un conflicto diplomático con Rusia y Uruguay, países que ahora le exigen explicaciones oficiales.
De un streaming uruguayo a la Cancillería de Rusia
El detonante fue la difusión en Uruguay de nuevos audios atribuidos a Karina Milei. El canal de streaming Dopamina los hizo públicos, desatando la furia del oficialismo, que decidió avanzar con una denuncia internacional. El Ministerio de Seguridad, bajo las órdenes de Bullrich, amplió la causa para que se investigue a ese medio extranjero, en un intento insólito de censura más allá de las fronteras argentinas.
La jugada no solo multiplicó la circulación del material, sino que abrió un frente diplomático inesperado. En Montevideo ya hubo repercusiones, mientras que en Moscú la reacción fue categórica.
La acusación sin pruebas que indignó a Putin
El verdadero papelón estalló cuando Bullrich vinculó, sin ninguna evidencia, a espías rusos con la filtración de los audios, en un relato que parecía guionado por la embajada de los Estados Unidos. La denuncia llegó acompañada de referencias al grupo “La Compañía”, presuntamente integrado por residentes rusos en la Argentina, lo que encendió todas las alarmas en el Kremlin.
La agencia estatal Tass informó que el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso rechazó “rotundamente” las acusaciones de Bullrich y convocó al embajador argentino en Moscú para exigir explicaciones inmediatas. La cancillería de Vladimir Putin advirtió que estas declaraciones “carecen de fundamento” y “dañan las relaciones amistosas” entre ambos países.
La ofensiva que se volvió en contra
Lejos de frenar el escándalo, la estrategia del gobierno terminó amplificando el problema. Mientras en Argentina los tribunales se dividen entre quienes ven censura y quienes autorizan medidas cautelares, en el plano internacional la ministra de Seguridad dejó expuesto al país a un ridículo diplomático.
Con acusaciones infundadas, denuncias contra periodistas y un frente judicial que ya cruzó fronteras, Patricia Bullrich se convirtió en la protagonista de un papelón mundial que compromete a la Casa Rosada y amenaza con dejar secuelas en la política exterior argentina.