No alcanzan las fotos con Trump: ayer subieron todos los dólares y el Central perdió 750 millones de reservas

La crisis cambiaria volvió a sacudir a la economía argentina. Este martes, mientras el Gobierno celebraba en redes el anuncio de la Casa Blanca sobre el próximo encuentro entre Javier Milei y Donald Trump, los mercados mostraron otra cara: todas las cotizaciones del dólar treparon con fuerza. El oficial cerró en $1.400, el blue en $1.445, el MEP en $1.476 y el contado con liquidación en $1.514. El movimiento intradiario fue todavía más brusco: al mediodía el minorista rozó los $1.465, un salto del 6% en pocas horas, para luego caer hasta $1.365 tras la aparición de fuertes órdenes de venta que el mercado atribuyó a la mano del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo. Esa intervención le costó al Banco Central USD 748 millones en reservas. Hay plata para la timba financiera.

En paralelo, la decisión de Cocos de suspender la venta de dólares oficiales —tras una orden directa de su banco proveedor— alimentó la percepción de un “cepo de facto” impuesto a las billeteras virtuales. La noticia corrió rápido y dejó en evidencia que el Gobierno libertario, pese a su prédica de libre mercado, está echando mano a restricciones cada vez más severas para contener la tensión cambiaria.

El impacto financiero no se hizo esperar: el riesgo país saltó 7,9% y se ubicó en 1.204 puntos básicos, el nivel más alto en meses. La promesa de Caputo era clara: con el anuncio de un rescate del Tesoro, el índice debía desplomarse hasta la zona de los 400 puntos, allanando el regreso de la Argentina a los mercados internacionales y el acceso a los USD 14 mil millones necesarios para afrontar los vencimientos de 2026. No pasó: los mercados financieros saben que la bomba de deuda que generó Caputo no tiene sustentabilidad.

El contraste entre lo que dice el gobierno y la realidad es brutal: mientras la narrativa oficial busca sostener la imagen de éxito político (el gobierno habla de “milagro”), la economía envía señales de agotamiento que difícilmente puedan disimularse. El tiempo empieza a terminarse.

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