Whirlpool cerró la fábrica de lavarropas en Pilar que inauguró en 2022 y despidió a 220 trabajadores

La fábrica de lavarropas que Whirlpool había inaugurado en 2022 en el Parque Industrial de Fátima, Pilar, cerró abruptamente sus puertas y despidió a 220 trabajadores.

La noticia cayó como un baldazo de agua fría entre los empleados, que todavía permanecen en la planta esperando una explicación que no llega.

“Nos acaban de desvincular a todos, incluso al personal administrativo. Cierran completamente. Nos trajeron un transporte para irnos, pero no nos vamos a mover hasta que nos den una respuesta coherente”, relató Ignacio Cabezas a FM Plaza, aún conmocionado frente a la decisión inesperada de la empresa.

El impacto es aún mayor porque la fábrica había sido inaugurada hace apenas tres años, tras una inversión superior a los 40 millones de dólares. El proyecto prometía convertirse en un polo industrial clave: capacidad para producir 300.000 lavarropas de alta capacidad al año, 70% destinados a exportación, y la generación de 1.000 puestos de trabajo directos e indirectos. Whirlpool se jactaba, además, de haber construido una de sus plantas “más modernas del mundo”.

Sin embargo, la realidad de 2025 fue otra. La producción cayó a la mitad: apenas 150.000 unidades anuales, con un mercado interno deprimido y un escenario en el que los productos importados desplazaron rápidamente a la industria local. La empresa atribuyó el cierre a la pérdida de competitividad para exportar y a un contexto económico desfavorable.

Whirlpool —que a nivel global factura unos USD 20.000 millones al año y emplea a 77.000 personas— confirmó que no abandonará completamente el país, pero que dejará de fabricar en Argentina para dedicarse solo a importar y comercializar. Mantendrá su oficina comercial con cerca de 100 empleados, pero se retira definitivamente del proceso productivo local.

“El cierre es una decisión tomada. Dicen que les sale muy caro invertir en el país”, afirmó Cabezas tras la reunión entre la empresa y delegados de la UOM, quienes intentaron negociar la reubicación de algunos trabajadores en tareas de despacho del stock remanente.

La caída en ventas había puesto en alerta a los operarios desde hacía meses: la producción bajó de 600 a 400 lavarropas diarios. Aun así, nadie esperaba un cierre total, especialmente después de que la empresa adelantara las vacaciones y indicara que todo seguía con normalidad.

El final de la fábrica de Whirlpool en Pilar es un símbolo más de la profunda contracción industrial que atraviesa el país, donde empresas que antes producían localmente empiezan a optar por mudarse a Brasil o directamente importar, dejando atrás inversiones millonarias y cientos de puestos de trabajo nacionales.

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