El Gobierno dejó trascender que estaría dispuesto a apoyar militarmente a Estados Unidos en el Golfo Pérsico si así lo solicitara, pero dentro de las propias Fuerzas Armadas y del área de Defensa crecen las dudas sobre la capacidad real del país para intervenir en un conflicto de esa magnitud.
El secretario de Comunicación, Javier Lanari, aseguró que ante un eventual pedido de Donald Trump “cualquier ayuda que ellos consideren se dará”, aunque reconoció que no existe actualmente una solicitud formal. En la misma línea, el canciller Pablo Quirno evitó confirmaciones y habló de “rumores”, mientras que otras fuentes oficiales aclararon que cualquier colaboración dependería de las posibilidades concretas de la Argentina.
El escenario se da en medio de la creciente tensión en Medio Oriente, donde no se descarta un eventual despliegue en el Estrecho de Ormuz frente a acciones de Irán. Sin embargo, desde el ámbito castrense fueron tajantes: el país no estaría en “condiciones” técnicas ni operativas para una misión de ese tipo. Incluso, desde el Edificio Libertador remarcaron que “no hay ninguna posibilidad” real de intervención.
Las limitaciones incluyen problemas estructurales como bajos salarios, falta de financiamiento y equipamiento insuficiente. Fuentes militares señalaron que, en el mejor de los casos, podría evaluarse un aporte simbólico o limitado, aunque advirtieron sobre los riesgos de involucrarse en un conflicto de alta intensidad, incluyendo posibles bajas y eventuales represalias.
A modo de ejemplo destacan la baja disposición operativa de buques de la Armada con solo algunas corbetas y un par de destructores desfazados tecnológicamente, los cuales deberían actuar bajo el paraguas de unidades más capaces que les proporcionen protección, con lo cual su participación seria sumar problemas en lugar de soluciones, en especial considerando la diversidad de amenazas a las cuales deberán hacer frente una vez arribados a la zona de operaciones. La Armada tampoco cuenta con submarinos, ni buques para desplegar tropas, el logístico ARA Patagonia un veterano petrolero de flota de origen francés, aunque podría ser un activo importante para reabastecer a otros buques, no esta plenamente operativo y apenas participa de las campañas antárticas. Mientras que los OPV de la armada están dedicados a la custodia de los propios espacios marítimos, retirarlos a otra región tan distante seria un absurdo ya que por un lado se perderían activos para la custodia del propio mar argentino contra la pesca ilegal por otra parte su aporte en Medio Oriente seria marginal ya que apenas cuentan con armamento.
Diferencias con la política de Menem en los 90s
También se marcó una diferencia clave con el antecedente de los años 90, cuando Argentina en el marco del denominado “operativo Alfil” se sumo a la coalición internacional en la operación “Escudo del Desierto” participando con unidades navales en la Guerra del Golfo bajo mandato y resolución de la ONU: en este caso, implicaría alinearse directamente en un conflicto sin ese respaldo legal internacional constituyendo un grave y peligroso antecedente para el país.
En paralelo, el alineamiento político del presidente Javier Milei con Estados Unidos e Israel refuerza la hipótesis de apoyo, aunque hacia adentro crecen las advertencias sobre los costos políticos, estratégicos y operativos.
Un antecedente reciente es la incorporación de Argentina a la Fuerza Marítima Combinada (CMF), firmado por la entonces canciller Diana Mondino y el Ministro Luis Petri, se trata de una coalición naval liderada por Estados Unidos en Medio Oriente a la cual finalmente el país no aporto nada. La decisión fue cuestionada en ese momento por implicar el uso de recursos limitados en una región lejana y de alta conflictividad, lo que —según especialistas— expone aún más las debilidades logísticas y operativas del país frente a escenarios bélicos complejos.