El modelo libertario expone una de sus mayores contradicciones: mientras el PBI sube impulsado por sectores extractivos, el empleo de calidad se desploma por el freno del consumo interno. La industria ya destruyó 80.000 puestos.
El mercado laboral argentino volvió a encender las luces de alarma tras confirmarse que el empleo registrado retomó su senda descendente. De acuerdo con los últimos datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) publicados por la Secretaría de Trabajo, el empleo formal anotó una caída del 0,2% mensual en marzo, revirtiendo por completo el leve respiro del 0,1% que se había registrado de manera temporal durante febrero.
La recesión golpea con especial dureza al empleo de calidad. Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, el sistema laboral ya destruyó un total de 314.000 puestos de trabajo. Las proyecciones de cara al corto plazo tampoco ofrecen señales de alivio: la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) elaborada en base al relevamiento de empresas del sector privado adelantó que en abril se registró una nueva contracción del 0,1%.
Radiografía del derrumbe: los datos clave del informe
La industria como el sector más castigado: El sector fabril se consolidó como el principal perdedor del modelo económico. Solo en el mes de marzo, la industria perdió 5.043 trabajadores formales. Si se realiza la comparación contra noviembre de 2023, la destrucción de empleo en este rubro alcanza la dramática cifra de 80.000 puestos menos.
Precarización y auge del monotributo: Mientras el empleo asalariado privado cae (registrando una baja interanual de 116.500 puestos en el bloque asalariado total, de los cuales 96.600 correspondieron estrictamente al sector privado), las únicas categorías que muestran expansión pertenecen al universo del trabajo independiente, principalmente empujadas por el alta de nuevos monotributistas.
Límites del crecimiento sectorial: Los analistas económicos destacan una fuerte inconsistencia en la dinámica actual. El incremento del PBI se concentra de manera exclusiva en sectores exportadores intensivos en capital (como la minería, el petróleo y el agro), los cuales generan muy poca mano de obra. En la otra vereda, las actividades mano de obra intensivas que dependen del mercado interno, como el comercio y la industria, continúan asfixiadas por el escaso nivel de consumo local.
El impacto en las familias y el consumo
El persistente goteo de puestos de trabajo registrados configura un escenario de creciente fragilidad social. La pérdida de puestos en los principales aglomerados urbanos del país demuestra que la flexibilización de hecho y el freno de la actividad manufacturera están deteriorando la estructura del empleo privado.
Con empresas que reducen sus planteles para sostener los márgenes de rentabilidad ante la caída de las ventas, el mercado laboral consolida una tendencia de precarización estructural donde los puestos estables y con derechos previsionales estancan su dinámica, siendo reemplazados por modalidades de autoempleo e informalidad.