Le darían un consulado en Miami: Karina Milei quiere que Adorni se borre del gobierno

El vocero presidencial genera cada vez más interrogantes y tensiones internas, al punto que ni siquiera sus principales aliados logran consensuar cuál debe ser su futuro político.

En ese contexto, Karina Milei avanza en la búsqueda de una salida que permita alejar a Adorni de la escena local sin exponer al Gobierno a una devastadora derrota política en el Senado. La estrategia contempla distintas alternativas diplomáticas que eviten la necesidad de obtener acuerdos parlamentarios, en medio de versiones cada vez más insistentes sobre una posible ofensiva opositora para impulsar una inédita moción de censura en su contra.

Las conversaciones ya alcanzaron los niveles más altos del Gobierno. El actual canciller, Pablo Quirno, quien aspira a convertirse en jefe de Gabinete con el respaldo de Karina Milei, habría impulsado la confección de un listado de destinos diplomáticos para facilitar una salida ordenada del vocero presidencial. Entre las opciones aparecen las representaciones en Italia, Chile y México, aunque ninguna termina de convencer plenamente al propio Adorni, quien, según fuentes oficiales, aún analiza el impacto personal y familiar de una eventual mudanza.

Durante los últimos días, sin embargo, comenzó a ganar fuerza una alternativa considerada menos compleja desde el punto de vista institucional: el Consulado General en Miami. La fórmula permitiría resolver el problema mediante un simple decreto presidencial, evitando el trámite legislativo y reduciendo los riesgos de una confrontación política en la Cámara alta.

La búsqueda de una salida para Adorni refleja una preocupación más profunda dentro del oficialismo. Lo que comenzó como un debate sobre un destino diplomático derivó en una discusión más amplia sobre los costos políticos que genera una figura que, puertas adentro, provoca divisiones, incomodidad y crecientes cuestionamientos. La falta de una definición clara alimenta la sensación de incertidumbre en un Gobierno donde muchos reconocen en privado que el caso se transformó en una cuestión insostenible que nadie termina de saber cómo resolver.

El posible desembarco de Quirno en la Jefatura de Gabinete abrió además otra disputa silenciosa dentro de la Cancillería. Diplomáticos y funcionarios ya comenzaron a posicionarse para una eventual sucesión, con los embajadores Alec Oxenford e Ian Sielecki entre los nombres que circulan para ocupar el Palacio San Martín. En paralelo, otros dirigentes buscan regresar al centro de la escena política, aunque dentro del propio Gobierno admiten que no todos reúnen el perfil necesario para asumir responsabilidades de semejante magnitud.

Mientras las negociaciones continúan, el futuro de Adorni se ha convertido en un síntoma de una interna que crece bajo la superficie y que expone las dificultades del oficialismo para administrar sus propias tensiones de poder.

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