Un joven de 17 años murió y varias personas resultaron heridas tras un tiroteo infernal ocurrido en la madrugada del domingo en Villa Lugano.
Mientras la Ciudad despliega cinematográficos operativos policiales para detener a vendedores ambulantes, como el reciente caso en Plaza Congreso donde cuatro trabajadores que vendían salchipapas fueron arrestados en un procedimiento que muchos calificaron de excesivo, la inseguridad en barrios como Villa Lugano sigue escalando de manera alarmante.
En la madrugada del domingo, un joven de 17 años perdió la vida y varias personas resultaron heridas tras un tiroteo en las calles Chilavert y Araujo, en el Barrio 20 de Villa Lugano. La violencia, aparentemente ligada a disputas narco o enfrentamientos entre clanes por territorio, dejó un saldo trágico: un fallecido con antecedentes por robo y múltiples heridos, dos de ellos trasladados al Hospital Cecilia Grierson y cuatro al Hospital Piñero.
Aunque la Policía de la Ciudad actuó en el lugar y detuvo a un presunto autor del tiroteo, el contexto revela una problemática más profunda: el avance de la inseguridad vinculada al narcotráfico. Apenas dos días antes de este enfrentamiento, el secretario de Seguridad porteño, Diego Kravetz, se jactaba en redes sociales de la realización de un operativo en el Barrio 20 que resultó en la detención de cuatro personas por posesión de drogas y resistencia a la autoridad.
Sin embargo, estas acciones parecen insuficientes ante el crecimiento de la violencia y el control territorial narco, que amenaza la tranquilidad de los vecinos. La paradoja es evidente: mientras se movilizan recursos policiales para perseguir a vendedores informales que intentan ganarse la vida en un contexto de recesión económica, o desalojar a personas en situación de calle, en zonas como Lugano el conflicto narco sigue cobrando vidas. Esto deja en evidencia una falta de enfoque estratégico en las prioridades de seguridad y protección ciudadana.