Mientras miles de hogares permanecen sin luz Bullrich moviliza a la policía para evitar protestas

Con más de 35.000 casas sin electricidad se desarrollaron diversos piquetes en protesta. Bullrich movilizo a cientos de efectivos para amedrentar a los vecinos.

En el día más caluroso del verano, más de 35.000 hogares en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) continúan sin electricidad, según datos del Ente Regulador de la Electricidad (ENRE). La situación provocó protestas en varios puntos de la ciudad, incluida la autopista Dellepiane, donde vecinos de Lugano bloquearon el tránsito. Sin embargo, el gobierno nacional desplegó el protocolo antipiquetes, y un cordón policial impidió que la manifestación regresara a la autopista. También se registraron movilizaciones en barrios como Caballito y Mataderos.

Lo llamativo de esta crisis energética es que aún no se han registrado olas de calor. Según la definición meteorológica, estas ocurren cuando las temperaturas mínimas y máximas superan ciertos umbrales durante al menos tres días consecutivos. Este viernes, el termómetro alcanzó los 36°, lejos de esos valores extremos, y la demanda energética fue de 26.500 MWh, significativamente por debajo de los 29.000 MWh previstos por Cammesa, la administradora del mercado mayorista eléctrico.

La narrativa oficial justifica los apagones y la necesidad de importar energía de Brasil argumentando que el sistema eléctrico no tiene capacidad para satisfacer los picos de consumo debido a las altas temperaturas y la reactivación de los sectores productivos. Sin embargo, las cifras oficiales cuentan otra historia muy diferente. El consumo eléctrico industrial ha caído un 13.6% en enero en comparación con diciembre, lo que evidencia un colapso de la actividad productiva, no un aumento.

El problema estructural del sistema eléctrico radica en la fragmentación entre generación, transporte y distribución. Mientras que la generación, regulada por el mercado, resulta rentable y recibe mayores inversiones, los segmentos de transporte y distribución, que dependen de tarifas reguladas, sufren una desinversión crónica. Según un exsecretario de Energía, “abundan las inversiones en parques eólicos, pero para la transmisión ni un peso”.

Ante la falta de soluciones de largo plazo, las medidas paliativas se convierten en parches costosos que profundizan los problemas. Los cortes de luz y las protestas que estos generan ponen en evidencia que los aumentos en las tarifas eléctricas no se traducen en mejoras en la calidad del servicio, dejando a miles de familias sin respuestas ni opciones frente a un sistema que parece colapsar.

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