Militando el ajuste: en TN le piden a la gente que duerma en el piso o use sábanas mojadas para “aguantar el verano”.

Según TN los “métodos japones y egipcio” son económicos y sostenibles para afrontar los meses de altas temperaturas sin necesidad de utilizar el aire acondicionado o el ventilador.

En un contexto donde las altas temperaturas y los costos energéticos producto de los distintos tarifazos son preocupaciones crecientes, los voceros y medios oficialistas destacan opciones “sostenibles” para enfrentar el calor sin recurrir al aire acondicionado o el ventilador. Una de estas propuestas es el llamado “método japonés“, presentado como una solución “eficiente, económica y respetuosa con el medio ambiente para mejorar la calidad del descanso durante las noches calurosas”.

Esta técnica consiste en dormir lo más cerca posible del suelo, aprovechando el principio físico de que el calor asciende y las capas más bajas suelen ser más frescas. En Japón, es habitual el uso de futones o colchonetas directamente sobre el piso, una práctica que ahora se resalta como un modelo virtuoso a seguir. Según estos discursos, adoptar esta estrategia no solo alivia el calor nocturno, sino que también permite reducir el uso de dispositivos como ventiladores o aire acondicionado, disminuyendo tanto el consumo energético como el costo de las facturas.

En paralelo, se sugieren otras prácticas, como la “técnica egipcia” de cubrirse con una sábana húmeda, mantener las ventanas abiertas para promover la ventilación natural y utilizar ropa de cama ligera hecha de materiales transpirables como el algodón.

La promoción de “ajustes sostenibles” como alternativas al confort tradicional

Más allá de las recomendaciones, la narrativa oficialista subraya la necesidad de reducir la dependencia de sistemas de climatización artificial, presentando estas medidas como un compromiso con la sostenibilidad y la vida saludable. En este sentido, el discurso refuerza que el uso excesivo del aire acondicionado no solo genera problemas de salud (como sequedad en las vías respiratorias o cambios bruscos de temperatura), sino que también incrementa significativamente las emisiones de carbono y los costos eléctricos a pesar de que al mismo tiempo el propio gobierno niega abiertamente el cambio climático asegurando de que es un “invento del marxismo cultural”.

Este enfoque se alinea con un discurso más amplio que promueve el ajuste económico bajo el pretexto de la sustentabilidad. Las prácticas que antes se consideraban adaptaciones individuales a climas cálidos ahora son presentadas como soluciones ecológicas y socialmente responsables, reforzando la idea de que reducir el consumo energético es una responsabilidad individual frente a la crisis climática y el planeta.


La promoción de métodos como el japonés, egipcio junto a otras estrategias similares buscan posicionarse como parte de un estilo de vida consciente y comprometido con el medio ambiente. Sin embargo se trata de un evidente intento de justificar la falta de acceso a servicios esenciales o el encarecimiento de la energía, maquillando de esta forma las políticas de ajuste con un matiz discursivo que promueve el sacrificio y al austeridad en pos de una vida ecológica y saludable.

Este tipo de argumentos ya han sido utilizados por funcionarios y referentes cercanos al gobierno libertario, tal es el caso del periodista ultra libertario Serenellini quien de militar a Milei en televisión devino rápidamente en funcionario del gobierno con un sueldo millonario. En declaraciones televisivas había afirmado que “todos nos empobrecimos y que era necesario ajustar la cantidad de comidas al día”.

En igual sentido fue la opinión del empresario Cristiano Rattazzi quien afirmo que “En la calle ya hay gente que empieza a decir, bueno, comeré menos carne. Yo casi no como carne. No es necesario que todos comamos mucha más carne que el resto del mundo. Pero ahora tenés dólares“.

Este tipo de mensajes refuerza la idea de que la población debe adaptarse a nuevas formas de vida que, aunque más austeras, son presentadas como necesarias y éticamente correctas en el marco de una narrativa de sustentabilidad y un marco de “escasez”. Así, lo que inicialmente podría parecer una simple sugerencia para mejorar el descanso durante el verano se convierte en un mecanismo para normalizar la aceptación de ajustes en el consumo y estilo de vida, bajo el argumento de un bien mayor.

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Papelón: ante la crisis energética el gobierno recurre al gas de Bolivia y Chile

A pesar de que desde el gobierno aseguraban meses atrás de que se dejaría de importar gas de Bolivia, ahora tuvieron que dar marcha atrás.

El gobierno argentino enfrenta un nuevo giro inesperado en su estrategia energética la cual ha visto fracasar todos sus planes de contingencia que incluían alquilar barcos generadores de Turquía y el suministro de pilas de almacenamiento.

Finalmente y a pesar de haber anunciado con bombos y platillos en marzo del año pasado que dejaría de importar gas natural de Bolivia, asegurando que no volvería a hacerlo a partir de octubre Argentina dejará de importar gas natural desde Bolivia (habían afirmado desde el gobierno), la realidad actual lo obliga a reconsiderar esa postura. Las altas temperaturas que aun no constituyen una ola de calor, han disparado la demanda de energía, presionando el suministro interno y dejando en evidencia la necesidad de alternativas inmediatas para evitar cortes de energía y estabilizar los precios.

En este contexto, las autoridades argentinas se encuentran en negociaciones tanto con Bolivia como con Chile para garantizar el suministro adicional de gas. Bolivia, que había sido descartada como proveedor estratégico tras casi dos décadas de relación comercial, ahora se perfila nuevamente como una solución temporal mediante un contrato spot. Chile, por su parte, también busca cerrar acuerdos para abastecer a las regiones más necesitadas del norte argentino.

El contraste entre las declaraciones del año pasado y las acciones actuales subraya la complejidad de la autosuficiencia energética. Si bien Argentina ha avanzado en el desarrollo de su producción local, especialmente en la formación de Vaca Muerta, el sistema aún no es lo suficientemente robusto como para soportar picos de demanda sin recurrir a la importación.

Además, la relación con Bolivia enfrenta tensiones adicionales debido a una deuda pendiente que complica las negociaciones. Mientras Bolivia acusa a Argentina de no haber cumplido con un pago de 10,6 millones de dólares, la empresa estatal Enarsa sostiene que se trata de una discrepancia técnica sobre el volumen de gas entregado.

Este escenario obliga al gobierno argentino a adoptar un enfoque pragmático, al igual que con Brasil de Lula, dejando de lado las declaraciones del pasado y su disputa ideológica con el país vecino para priorizar la seguridad energética de su población. Las negociaciones con Bolivia y Chile, aunque temporales, serán esenciales para garantizar el abastecimiento durante los meses críticos, subrayando que, en cuestiones energéticas, las decisiones políticas deben estar en sintonía con las realidades del mercado y las necesidades inmediatas del país.

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Mientras miles de hogares permanecen sin luz Bullrich moviliza a la policía para evitar protestas

Con más de 35.000 casas sin electricidad se desarrollaron diversos piquetes en protesta. Bullrich movilizo a cientos de efectivos para amedrentar a los vecinos.

En el día más caluroso del verano, más de 35.000 hogares en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) continúan sin electricidad, según datos del Ente Regulador de la Electricidad (ENRE). La situación provocó protestas en varios puntos de la ciudad, incluida la autopista Dellepiane, donde vecinos de Lugano bloquearon el tránsito. Sin embargo, el gobierno nacional desplegó el protocolo antipiquetes, y un cordón policial impidió que la manifestación regresara a la autopista. También se registraron movilizaciones en barrios como Caballito y Mataderos.

Lo llamativo de esta crisis energética es que aún no se han registrado olas de calor. Según la definición meteorológica, estas ocurren cuando las temperaturas mínimas y máximas superan ciertos umbrales durante al menos tres días consecutivos. Este viernes, el termómetro alcanzó los 36°, lejos de esos valores extremos, y la demanda energética fue de 26.500 MWh, significativamente por debajo de los 29.000 MWh previstos por Cammesa, la administradora del mercado mayorista eléctrico.

La narrativa oficial justifica los apagones y la necesidad de importar energía de Brasil argumentando que el sistema eléctrico no tiene capacidad para satisfacer los picos de consumo debido a las altas temperaturas y la reactivación de los sectores productivos. Sin embargo, las cifras oficiales cuentan otra historia muy diferente. El consumo eléctrico industrial ha caído un 13.6% en enero en comparación con diciembre, lo que evidencia un colapso de la actividad productiva, no un aumento.

El problema estructural del sistema eléctrico radica en la fragmentación entre generación, transporte y distribución. Mientras que la generación, regulada por el mercado, resulta rentable y recibe mayores inversiones, los segmentos de transporte y distribución, que dependen de tarifas reguladas, sufren una desinversión crónica. Según un exsecretario de Energía, “abundan las inversiones en parques eólicos, pero para la transmisión ni un peso”.

Ante la falta de soluciones de largo plazo, las medidas paliativas se convierten en parches costosos que profundizan los problemas. Los cortes de luz y las protestas que estos generan ponen en evidencia que los aumentos en las tarifas eléctricas no se traducen en mejoras en la calidad del servicio, dejando a miles de familias sin respuestas ni opciones frente a un sistema que parece colapsar.

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