Ricardo Darín saliÃģ al cruce de Milei tras el ÃĐxito de El Eternauta: “No vas a conseguir enterrar la cultura de un país”

Tras el rotundo estreno internacional de El Eternauta, la esperada serie basada en la celebre historieta de HÃĐctor GermÃĄn Oesterheld y Francisco Solano LÃģpez, Ricardo Darín alzÃģ la voz contra los reiterados ataques del Gobierno nacional a la cultura y a la industria audiovisual.

Tras el rotundo estreno internacional de El Eternauta, la esperada serie basada en la emblemÃĄtica historieta de HÃĐctor GermÃĄn Oesterheld y Francisco Solano LÃģpez, Ricardo Darín alzÃģ la voz contra los reiterados ataques del Gobierno nacional a la cultura y a la industria audiovisual nacional. En una entrevista con C5N, el reconocido actor criticÃģ con firmeza el desfinanciamiento del INCAA y advirtiÃģ que “necesariamente se va a tener que modificar” el rumbo de las políticas culturales impulsadas por la gestiÃģn de Javier Milei.

“Espero que haya un momento de reflexiÃģn mÃĄs allÃĄ de posiciones tomadas, que aparentemente son fÃĐrreas y asustan”, afirmÃģ Darín, subrayando que el país atraviesa “un momento bisagra” en el que es urgente repensar el lugar que ocupa la cultura en la sociedad.

Con tono contundente, el protagonista de algunos de los mayores ÃĐxitos del cine argentino sostuvo: “No podÃĐs enterrar la cultura de un país. Aunque no es que no podÃĐs, sino que no lo vas a conseguir”.

Sus declaraciones llegan en un contexto crítico para el sector audiovisual: durante la actual gestiÃģn del INCAA no se aprobÃģ ni una sola película nacional. Frente a ese panorama, la voz de Darín se suma al creciente reclamo de artistas, productores y trabajadores de la cultura que exigen el fin del desmantelamiento institucional y presupuestario del cine argentino.

Una historia atravesada por la política y la resistencia

El mensaje de Darín cobra aÚn mÃĄs fuerza si se tiene en cuenta el legado de El Eternauta y de su autor, HÃĐctor GermÃĄn Oesterheld. Escrita a fines de los aÃąos 50, la historieta no sÃģlo se convirtiÃģ en una obra maestra de la ciencia ficciÃģn latinoamericana, sino tambiÃĐn en una metÃĄfora poderosa sobre la resistencia colectiva frente a la opresiÃģn.

Oesterheld fue desaparecido por la Última dictadura militar en 1977. Militante de la organizaciÃģn montoneros y profundamente comprometido con las luchas sociales de su tiempo, fue perseguido por su pensamiento crítico y sus obras. Sus cuatro hijas tambiÃĐn fueron secuestradas y asesinadas. La historia de El Eternauta, con su mensaje sobre la importancia de la acciÃģn colectiva frente a la barbarie, se convirtiÃģ así en símbolo de memoria, lucha y compromiso.

Oesterheld fue desaparecido por la Última dictadura militar en 1977 junto a sus cuatro hijas las cuales tambiÃĐn fueron secuestradas y asesinadas.

Que esa historia regrese hoy, en formato de serie y con impacto internacional, mientras el gobierno recorta fondos y desmantela instituciones culturales, resignifica aÚn mÃĄs las palabras de Darín. El actor no solo defendiÃģ el cine argentino: tambiÃĐn defendiÃģ la memoria, la libertad de expresiÃģn y el derecho de un país a contarse a sí mismo.

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La militancia libertaria le pidiÃģ a Javier Milei meter presos a periodistas por decreto

En un contexto de creciente hostilidad del gobierno de Javier Milei hacia los medios de comunicaciÃģn, el militante libertario Daniel Parisini (conocido como “El Gordo Dan”) realizÃģ un pedido alarmante: que el Presidente encarcele periodistas “por decreto”, en clara violaciÃģn de las garantías constitucionales y los principios democrÃĄticos bÃĄsicos.

La libertad de expresiÃģn y de prensa atraviesa un momento crítico en Argentina. En medio de una escalada de tensiones entre el gobierno de Javier Milei y distintos medios de comunicaciÃģn, sectores de su militancia mÃĄs radicalizada han comenzado a pedir abiertamente medidas represivas contra periodistas. Uno de los episodios mÃĄs alarmantes lo protagonizÃģ el influencer libertario Daniel Parisini, conocido en redes sociales como “El Gordo Dan”, quien solicitÃģ que el presidente “meta preso a algÚn periodista por decreto como hizo Alfonsín”, en referencia a una medida tomada durante la restauraciÃģn democrÃĄtica en 1985.

Este pedido no es un hecho aislado, sino parte de un clima político crecientemente adverso para la prensa . Parisini, una figura influyente dentro del espacio libertario en redes, realizÃģ este planteo con total liviandad, ignorando las implicancias institucionales y constitucionales que conlleva encarcelar periodistas sin juicio previo y por decisiÃģn ejecutiva directa. La propuesta constituye un claro atropello al Estado de Derecho y a la divisiÃģn de poderes, pilares fundamentales de cualquier democracia.

Una distorsiÃģn peligrosa de la historia

El argumento de Parisini se basa en una tergiversaciÃģn de los hechos ocurridos durante el gobierno de RaÚl Alfonsín, cuando en octubre de 1985 el entonces presidente firmÃģ el decreto 2049 que ordenÃģ la detenciÃģn de doce personas en el marco de un estado de sitio, por su presunta vinculaciÃģn con un intento de desestabilizaciÃģn institucional que incluía atentados con bombas. Entre los detenidos había militares, civiles, y tambiÃĐn algunos periodistas —como Jorge Vago y Daniel Horacio Rodríguez— pero la medida no estuvo orientada a censurar la prensa, sino a frenar una amenaza golpista real. Es decir, fue una acciÃģn de emergencia en un contexto completamente distinto al actual.

Comparar esa situaciÃģn con la actualidad no solo desinforma, sino que busca justificar el uso del poder ejecutivo para silenciar voces críticas. El pedido del Gordo Dan no se da en un marco de excepciÃģn ni de peligro para la seguridad nacional: es una expresiÃģn autoritaria cuyo Único fundamento es el rechazo a las opiniones que incomodan al oficialismo.

Lejos de tomar distancia de estos planteos, el propio presidente Javier Milei ha sido acusado de intentar ejercer presiÃģn directa sobre medios y periodistas. SegÚn revelÃģ el periodista Jon Heguier en El Destape Radio, Milei exigiÃģ la expulsiÃģn de los periodistas Luis Novaresio y Ángel “Baby” Etchecopar del canal de noticias A24. La situaciÃģn se volviÃģ especialmente tensa cuando, durante una visita sorpresa del mandatario a los estudios del canal, se solicitÃģ que Novaresio no saliera de una sala para evitar que se cruzara con el presidente. La directiva fue acatada por temor a represalias.

Etchecopar, por su parte, tambiÃĐn fue blanco de la militancia oficialista, con el propio Parisini sugiriendo que el periodista debería ir preso. En un video que se viralizÃģ rÃĄpidamente, Etchecopar expresÃģ su indignaciÃģn: “DespuÃĐs de tantos aÃąos de democracia, Âŋno se entendiÃģ nada? ÂŋPorque opinamos distinto se busca la cÃĄrcel para el periodismo? Es irrisorio”. AdemÃĄs, advirtiÃģ que quienes atenten contra la prensa libre estÃĄn socavando los cimientos de la democracia misma.

Preocupa la deriva autoritaria del gobierno

La peticiÃģn de Parisini y las presuntas maniobras del gobierno para callar a periodistas críticos marcan un punto de inflexiÃģn. No se trata simplemente de un debate político acalorado: se estÃĄ cruzando una línea peligrosa que pone en riesgo libertades esenciales consagradas en la ConstituciÃģn Nacional.

El encarcelamiento de periodistas sin causa judicial vÃĄlida sería un acto inconstitucional, violatorio de tratados internacionales de derechos humanos suscriptos por la Argentina, y atentaría contra el principio de libertad de prensa, esencial para el control del poder en sociedades democrÃĄticas.

El hecho de que estos pedidos surjan de referentes visibles del espacio libertario, y que desde el oficialismo no se haya desautorizado ni condenado firmemente tales expresiones, constituye un grave antecedente que debe encender alarmas en todo el arco político, en organismos de derechos humanos y en la ciudadanía en general.

Argentina ha vivido las consecuencias del autoritarismo. No puede permitirse, a 40 aÃąos del retorno de la democracia, que desde el poder o su militancia se promueva la persecuciÃģn y el silenciamiento de la prensa. La libertad de expresiÃģn no es negociable ni puede quedar sujeta a la simpatía del gobierno de turno.

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