La acusación apunta contra Patricia Bullrich, su hijo Francisco Langeri Bullrich y el fundador de la cadena Tostado Café, Fernando Goijman, por los presuntos delitos de lavado de activos, evasión tributaria y asociación ilícita.
El abogado Gregorio Dalbón presentó una denuncia penal de extrema gravedad ante la Justicia Federal contra Patricia Bullrich, su hijo Francisco Langeri Bullrich y el fundador de la cadena Tostado Café, Fernando Goijman, por los presuntos delitos de lavado de activos, evasión tributaria y asociación ilícita. La acusación apunta a un complejo entramado empresarial diseñado para ocultar el verdadero origen del dinero que habría financiado la vertiginosa expansión del grupo gastronómico.
La presentación judicial sostiene que detrás de la cadena de cafeterías —que ya supera los 70 locales en el país y el exterior— existiría una estructura societaria fragmentada y opaca, creada deliberadamente para dificultar los controles fiscales, contables y patrimoniales. Según la denuncia, el crecimiento económico del holding no encuentra ninguna explicación razonable en antecedentes comerciales, capital inicial declarado ni financiamiento bancario verificable.
DENUNCIÉ penalmente a Francisco Langeri Bullrich, Fernando Goijman y a Patricia Bullrich por el entramado de Tostado: evasión, lavado y asociación ilícita.
— Gregorio Dalbon #CristinaLibre (@Gregoriodalbon) December 16, 2025
Mientras ella hace show denunciando a la AFA, yo fui a la Justicia con una denuncia concreta, pidiendo orden de presentación… pic.twitter.com/MgYidhIWCi
Dalbón señala que Francisco Langeri Bullrich figura como socio clave de Tostado Franquicia S.A. y Tostado Branding S.A., empresas que habrían alcanzado en pocos años un valor de varios millones de dólares, sin que existan registros públicos que expliquen de manera transparente semejante expansión. La acusación se apoya además en investigaciones periodísticas que detectaron domicilios coincidentes entre varias sociedades, algunos de ellos vinculados directamente a inmuebles asociados a Patricia Bullrich, como una propiedad ubicada en la calle Beruti 3822, en la Ciudad de Buenos Aires.
La denuncia advierte que esta atomización de empresas, con socios repetidos y direcciones compartidas, podría constituir una maniobra clásica para disimular flujos financieros irregulares. A esto se suma un dato llamativo: varias de las firmas vinculadas al grupo registran cheques rechazados por montos ínfimos, una situación que —según Dalbón— resulta incompatible con un conglomerado que declara facturaciones millonarias y podría ser indicio de subfacturación, simulación de solvencia o desmanejos financieros.
El escrito judicial también pone el foco en la proyección internacional del grupo, con locales en España, Estados Unidos, Brasil y Uruguay, lo que obliga a investigar posibles transferencias transfronterizas de fondos y eventuales maniobras de lavado a escala internacional. En ese sentido, el abogado sostiene que la actividad gastronómica podría haber sido utilizada como una “pantalla” para legitimar capitales de origen ilícito.
El rol de Patricia Bullrich bajo la lupa judicial
Si bien la denuncia aclara que el vínculo familiar no constituye por sí mismo un delito, remarca un elemento de altísima sensibilidad institucional: la posible conexión directa entre el entramado empresarial y una funcionaria que ocupa —y ocupó— posiciones centrales en el poder político. Según Dalbón, esta circunstancia exige extremar los recaudos investigativos para descartar conflictos de intereses, uso de influencias, favorecimientos indebidos o tolerancia estatal frente a irregularidades económicas de gran magnitud.
Entre las medidas de prueba solicitadas se incluyen allanamientos, secuestro de documentación societaria y contable, informes de la UIF, la IGJ y organismos fiscales, además de la citación a declaración indagatoria de los denunciados. La causa quedó radicada por sorteo en el juzgado federal de Ariel Lijo, con intervención de la fiscal Alejandra Mángano.
Un patrimonio millonario de origen inexplicable
La denuncia también reconstruye el abrupto salto patrimonial de Francisco Langeri Bullrich. De ocupar un cargo técnico en la administración pública a partir de 2016, pasó en pocos años a presidir un holding que declara más de 63 millones de dólares anuales. La velocidad del ascenso económico, la falta de antecedentes empresariales relevantes y la existencia de cheques impagos por sumas insignificantes para la escala del negocio refuerzan las sospechas sobre el origen del capital.
A esto se suma un dato revelador: Patricia Bullrich promocionaba públicamente la marca Tostado en redes sociales antes incluso de que existiera la sociedad que hoy la explota comercialmente, lo que alimenta las dudas sobre el verdadero inicio del emprendimiento.
Entre sociedades cruzadas, domicilios compartidos, expansión internacional acelerada y un crecimiento económico que desafía toda lógica comercial, la denuncia plantea un escenario que coloca a Patricia Bullrich y a su hijo en el centro de una investigación por presunto lavado de dinero, con implicancias políticas e institucionales de enorme gravedad.