La ola de suspensiones se produjo en plena semana de fiestas, cuando miles de familias tenían previsto viajar para reencontrarse en Navidad y Año Nuevo.
La aerolínea low cost Flybondi protagonizó una de las mayores crisis operativas de la temporada alta al cancelar 165 vuelos entre el 21 y el 27 de diciembre, lo que afectó de manera directa a más de 31.000 pasajeros en todo el país. La ola de suspensiones se produjo en plena semana de fiestas, cuando miles de familias tenían previsto viajar para reencontrarse en Navidad y Año Nuevo.
Según datos surgidos de los sistemas de reservas y de la programación oficial presentada ante el sistema aeronáutico nacional, las cancelaciones se concentraron especialmente durante Nochebuena y Navidad, aunque se extendieron a lo largo de toda la semana. Solo entre el 24 y el 25 de diciembre se dieron de baja 32 vuelos, profundizando el colapso operativo y la bronca de los usuarios.
El malestar de los usuarios se trasladó rápidamente a redes sociales y a las terminales aéreas. Mensajes como “Desapareció mi vuelo de la reserva” o “Hasta Papá Noel se quedó sin viajar” se multiplicaron en los canales oficiales de la empresa, mientras cientos de pasajeros permanecían varados sin respuestas claras ni soluciones inmediatas.
Las cancelaciones alcanzaron tanto vuelos de cabotaje como internacionales y afectaron a los principales aeropuertos del país, Aeroparque Jorge Newbery y Ezeiza, así como a destinos turísticos clave como Bariloche, Mendoza, Salta, Iguazú, Ushuaia y El Calafate, además de rutas regionales hacia Florianópolis y Río de Janeiro.
No se trata de un hecho aislado. Es el segundo año consecutivo en el que Flybondi enfrenta severas complicaciones operativas durante las fiestas de fin de año. La reiteración de estos episodios vuelve a poner en cuestión la capacidad técnica y de gestión de la compañía, dirigida por Mauricio Sana, cuya administración ya se encuentra bajo la observación de los organismos de control.
Con 165 servicios cancelados en apenas siete días, la crisis deja abierta una señal de alarma de cara a la temporada de verano. Los pasajeros afectados pueden exigir, según la normativa vigente, la devolución del dinero, la reprogramación del vuelo o la cobertura de alojamiento y gastos, aunque en la práctica muchos debieron pasar las fiestas lejos de su destino y sin soluciones inmediatas.