El movimiento comunista de AmÃĐrica Latina se posiciona en solidaridad con Venezuela
Por Lois PÃĐrez Leira
La âDeclaraciÃģn de Nuestra AmÃĐricaâ no es un pronunciamiento mÃĄs en la larga lista de comunicados regionales: es una toma de posiciÃģn polÃtica explÃcita frente a la ofensiva de Estados Unidos sobre Venezuela. El texto denuncia las sanciones, las medidas coercitivas unilaterales y el despojo de activos venezolanos, y expresa una coordinaciÃģn que el movimiento comunista latinoamericano no exhibÃa con esta nitidez desde hace varios aÃąos.
Desde el Partido Comunista Mexicano hasta el Partido Comunista de la Argentina y el de Uruguay, el documento articula una respuesta continental que asume una premisa clara: lo que estÃĄ en juego en Venezuela no es un conflicto interno, sino un ensayo de dominaciÃģn aplicado a escala regional.
En CentroamÃĐrica y el Caribe, partidos como el del Pueblo de PanamÃĄ, el Guatemalteco del Trabajo, Vanguardia Popular de Costa Rica y el Partido Comunista de Honduras âjunto al Partido de la RevoluciÃģn Morazanistaâ sostienen una lectura sin eufemismos: la presiÃģn sobre Caracas funciona como advertencia para cualquier paÃs que intente salirse del alineamiento estratÃĐgico con Washington.
Esa misma lÃģgica aparece en el Caribe insular. El Movimiento CaamaÃąista de RepÚblica Dominicana, RASIN Kan PÃĻp La de Haità y el Consejo Nacional de ComitÃĐs Populares de Martinica (CNCP, por sus siglas en espaÃąol) advierten que la militarizaciÃģn de la cuenca caribeÃąa no es defensiva ni circunstancial, sino parte de un dispositivo de control polÃtico y territorial.
En el eje andino-amazÃģnico, el respaldo adquiere mayor densidad polÃtica. El Partido Comunista Colombiano, de Ecuador, PerÚ y Bolivia coinciden en seÃąalar que las sanciones no solo buscan asfixiar a Venezuela, sino disciplinar a toda la regiÃģn mediante el colapso inducido y la manipulaciÃģn de la crisis migratoria.
La adhesiÃģn del Partido Comunista do Brasil introduce un elemento estratÃĐgico adicional: la discusiÃģn sobre soberanÃa financiera y la necesidad de romper la dependencia estructural del dÃģlar como instrumento de castigo polÃtico.
En el texto, los firmantes sostienen que âla defensa de Venezuela no es asunto de una sola naciÃģn: es la defensa del derecho de todos nuestros pueblos a decidir su caminoâ, en una formulaciÃģn que resume el eje polÃtico del documento.
De la denuncia a la acciÃģn
El documento, coordinado tÃĐcnicamente por el dirigente chileno Daniel Jadue, evita el error habitual del progresismo declarativo. No se limita a denunciar, sino que plantea iniciativas concretas: un Mecanismo de CooperaciÃģn Humanitaria Soberana, la defensa del Partido Comunista de Venezuela en su propio territorio y una interpelaciÃģn directa a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y CaribeÃąos (CELAC) y a la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra AmÃĐrica (ALBA) para que abandonen la inercia diplomÃĄtica.
El mensaje es claro y contundente: no hay neutralidad posible frente al cerco sobre Venezuela. Callar es convalidar.
MÃĄs allÃĄ de las siglas, la firma de todas estas organizaciones expresa la reactivaciÃģn de un internacionalismo polÃtico que vuelve a leer la regiÃģn como un campo de disputa geopolÃtica y no como un mosaico de crisis aisladas.
La arquitectura polÃtica de AmÃĐrica Latina empieza a discutir, otra vez, la necesidad de romper con la tutela de Washington. Y una vez mÃĄs, lo hace de forma valiente y consecuente con la historia de la liberaciÃģn latinoamericana.









