El dato, informado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (CICCRA), confirma una tendencia de deterioro sostenido que ya no puede explicarse solo por cambios culturales en la dieta, sino por una combinación de menor producción, precios en alza y una oferta interna cada vez más restringida.
Según la entidad, la producción de carne vacuna alcanzó en enero las 239 mil toneladas res con hueso, lo que implicó una contracción interanual del 10% (-26,6 mil toneladas), producto de un muy bajo nivel de faena. En paralelo, las exportaciones se mantuvieron prácticamente sin cambios: 57 mil toneladas res con hueso, apenas 1% más que en enero de 2025. En términos absolutos, fueron 560 toneladas más que un año atrás.
En este contexto, el consumo aparente en el mercado interno se desplomó 13% interanual, lo que equivale a 27,1 mil toneladas menos disponibles para los hogares argentinos. El promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó también en 47,9 kilos por habitante al año, 0,5% por debajo del promedio registrado un año atrás, consolidando el piso más bajo en dos décadas.
El retroceso del consumo coincidió además con nuevas subas de precios. En enero, cuatro de los cinco cortes relevados por el INDEC aumentaron por encima de la inflación mensual (2,8%): el asado subió 5,6%; el cuadril y la nalga, 3,3%; la carne picada común, 3,1%. Solo la paleta quedó levemente por debajo, con un 2,6%. Es decir, en un escenario de ingresos erosionados, la carne volvió a encarecerse por encima del promedio general de precios.
Desde CICCRA explicaron que el bajo nivel de actividad en la industria frigorífica vacuna responde a una tendencia que se arrastra desde hace años. La faena de enero de 2026 ocupó el puesto 36 entre los últimos 47 eneros, un indicador elocuente del enfriamiento del sector. En total, se faenaron 1,014 millones de cabezas, 11,8% menos que en enero de 2025 y 16,1% por debajo del mes previo, ajustado por días laborables.
Las causas productivas también pesan: la fuerte sequía entre 2021/22 y 2023/24 y las inundaciones de 2024 y 2025 generaron ventas anticipadas de hacienda, reducción de existencias y deterioro del índice de preñez, con menores zafras de terneros. El resultado fue una tendencia contractiva de la faena durante los últimos dos años, con 20 bajas interanuales consecutivas.
Sin embargo, mientras la producción se retrae, las exportaciones se sostienen. En un escenario de menor oferta, esa decisión impacta directamente sobre el mercado interno, que absorbe el ajuste vía menor consumo y mayores precios. Así, la caída en el consumo per cápita no solo refleja problemas productivos o climáticos, sino también una estructura de prioridades donde el mercado externo mantiene su dinamismo mientras la mesa de los argentinos pierde protagonismo.