En una fecha que históricamente significaba mesas llenas, brindis y turnos completos, este San Valentín encuentra a bares y restaurantes atravesando uno de sus peores momentos: el consumo cayó un 50% interanual y las reservas apenas alcanzan el 15%, aun cuando la celebración cae sábado.
Miguel Ángel Solís, dueño de dos bares y una cervecería en Florencio Varela, describe un panorama que dista mucho de otros años. “Se nota mucho que no sobra nada”, resume. Antes, las parejas pedían botellas de espumante; hoy eligen cervezas. Las salidas son más austeras y eso también impacta en los trabajadores: las propinas disminuyeron de manera notoria.
El golpe no viene solo por el lado de la demanda. Los costos siguen en alza y ahogan al sector. La boleta de luz de febrero llegó con un aumento del 30%, a lo que se suman subas en alquileres y en los precios de proveedores. La situación es tan delicada que 6 de los 20 locales gastronómicos de la zona están en venta.
La retracción del consumo no es exclusiva del rubro. Según datos del INDEC, las ventas en supermercados registraron en noviembre una caída interanual del 2,8% y una contracción mensual del 3,8%, la más fuerte desde diciembre de 2023. El ajuste en los presupuestos familiares se siente primero en el ocio, y la gastronomía es uno de los sectores más expuestos.
“La gente no tiene para gastar en el ocio y va cortando eso”, explica Solís. La baja cantidad de reservas para San Valentín, una de las fechas más fuertes del calendario comercial, es una señal clara de la profundidad de la crisis.
El panorama es preocupante. Con costos en aumento y consumo en retroceso, los empresarios gastronómicos advierten que se necesitan medidas urgentes para revertir la tendencia. Este año, ni siquiera el Día de los Enamorados logró escapar al impacto de la recesión.