Hasta The Guardian reconociÃģ lo que enoja a Milei: “Las Malvinas no pueden ser britÃĄnicas para siempre”
En una tan valiente como lapidario editorial el periodista dijo en voz alta lo que Londres insiste en negar, tarde o temprano deberÃĄn negociar por Malvinas .
La ÃĐpica remontada de la selecciÃģn de Lionel Scaloni y Lionel Messi frente a Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026 y la bandera con la que festejaron los jugadores argentinos tras el partido reavivÃģ en Londres el debate por la soberanÃa de las Islas Malvinas. En ese camino The Guardian admitiÃģ este viernes lo que nadie se anima a decir en voz alta en Londres.
Aunque algunos medios internacionales tildaron el gesto de los jugadores con la bandera de âarroganteâ, en un sincero editorial el periodista britÃĄnico Simon Jenkins, admitiÃģ en The Guardian que es hora de reconocer que “las Malvinas no pueden ser britÃĄnicas para siempre” y advirtiÃģ que el debate era de âsentido comÚn geogrÃĄficoâ. AdemÃĄs, deseÃģ que la imagen de la selecciÃģn argentina con la bandera con un mensaje sobre las islas se transforme en un llamado a la acciÃģn.
Jenkins realizÃģ un sucinto repaso histÃģrico sobre los territorios que alguna vez fueron colonias britÃĄnicas y que, paulatinamente, dejaron de responder a la corona.
De hecho, entre los hitos mÃĄs recientes mencionÃģ el acuerdo que Reino Unido y EspaÃąa cerraron esta semana en torno a la soberanÃa de Gibraltar. AsÃ, la disposiciÃģn para eliminar el histÃģrico enrejado no solo representÃģ la desapariciÃģn de la frontera fÃsica, sino el fin de otra discusiÃģn diplomÃĄtica que se extendiÃģ por varias dÃĐcadas.
Apenas 24 horas habÃan transcurrido de la celebraciÃģn por la firma del tratado en Bruselas, cuando el reclamo por la soberanÃa de Malvinas resurgiÃģ en plena celebraciÃģn del Mundial 2026. âPero, ÂŋserÃĄ mucho esperar que una negociaciÃģn similar surja producto de la semifinal de anoche?â, cuestionÃģ el columnista del medio britÃĄnico.
âNinguno de los territorios de la era imperial britÃĄnica tiene el derecho eterno de permanecer como estÃĄn, menos uno que le cuesta a los contribuyentes britÃĄnicos mÃĄs de 60 millones de libras esterlinas en materia de defensa por aÃąoâ, criticÃģ.

SegÚn Jenkins, la ferviente defensa de los gobiernos britÃĄnicos por el control de las islas estarÃa Ãntimamente ligada a la inyecciÃģn de popularidad que la victoria militar en 1982 le brindÃģ a la administraciÃģn encabezada en aquel entonces por Margaret Thatcher.
De la misma manera, consideraron que las polÃticas de protecciÃģn tambiÃĐn estarÃan relacionadas âcon el hecho de que los isleÃąos, a diferencia de los residentes de Hong Kong o Diego GarcÃa (islas que supieron responder al gobierno britÃĄnico), eran britÃĄnicos blancosâ.
Sin embargo, el columnista britÃĄnico desempolvÃģ los archivos histÃģricos para mencionar que durante la dÃĐcada de los â70 el Reino Unido se encontraba en medio de negociaciones para transferir la soberanÃa de las islas al gobierno argentino. Un movimiento que, en paralelo, fue impulsado por las Naciones Unidas (ONU) en los ex imperios francÃĐs, portuguÃĐs y espaÃąol.
SegÚn reconstruye el artÃculo de The Guardian, para 1971 se habÃa establecido un acuerdo para que los habitantes de las islas pudieran viajar hacia el territorio continental y hacer uso de los hospitales, tiendas y otros servicios. âGradualmente, los isleÃąos estaban formando lazos cercanos con sus vecinos costerosâ, destacaron.

âLa problemÃĄtica no era por una cuestiÃģn histÃģrica -un argumento eterno-, sino por un sentido comÚn geogrÃĄficoâ, seÃąalÃģ el periodista britÃĄnico respecto de la predisposiciÃģn que mostraba por aquel entonces la administraciÃģn del Reino Unido. La bÚsqueda por ahorrar dinero tambiÃĐn impulsÃģ esa postura, tras indicar que las islas se encontraban expuestas y sin defensas.
En este sentido, reiterÃģ: âPara el Reino Unido, era ridÃculo que un estado europeo debiera destinar fondos para financiar una gran marina de guerra para defender tierras distantes y disputadasâ. Sin embargo, reprochÃģ que el atropello por parte de las fuerzas militares argentinas en 1982 no solo desatÃģ el enfrentamiento armado, sino que generÃģ un quiebre en las negociaciones en curso.
âTal fue la lÃģgica de la guerra que, una vez que comenzÃģ, requiriÃģ una âvictoriaâ. Un trato podrÃa haber salvado a cientos de vidas y miles de librasâ, analizÃģ el artÃculo, tras hacer menciÃģn a los esfuerzos de los Estados Unidos y PerÚ de que ambas naciones bajaran las armas.
A pesar de esto, el columnista de The Guardian cuestionÃģ que âlo que la guerra de 1982 no necesitaba era que el Reino Unido congelara completamente cualquier tipo de discusiÃģn sobre la soberanÃa de las islas por mÃĄs de 40 aÃąosâ.
âLa realidad es que estas colonias, inevitablemente, tarde o temprano, se convertirÃĄn en parte de sus continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por un patrÃģn europeo y los reclamos argentinos no se irÃĄn a ningÚn ladoâ, seÃąalÃģ.
De la misma manera, Jenkins considerÃģ que los resultados del referÃĐndum realizado en 2013 sobre el tema, en donde 99,8% de un total de 1517 participantes votaron por permanecer anexados como parte del gobierno britÃĄnico, no eran suficiente justificativo.
âTarde o temprano, el gobierno del Reino Unido tendrÃĄ el coraje de reanudar las negociaciones. Como estÃĄn las cosas, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth y el ministro de Defensa pospondrÃĄn el problemaâ, analizÃģ, tras plantear que âserÃa gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acciÃģnâ.
