Alarmante aumento de suicidios en Argentina: alcanzaron un récord en 2025 y ya son la principal causa de muerte entre los jóvenes

Los suicidios alcanzaron en 2025 el nivel más alto de toda la serie analizada. En apenas ocho años, los casos pasaron de 3.304 a 5.209 y la tasa trepó un 43,9%. Entre adolescentes y adultos jóvenes, el suicidio ya ocupa el primer lugar entre las causas de muerte.

Los suicidios alcanzaron en 2025 un récord histórico en Argentina, con 5.209 casos registrados. La cifra representa un aumento del 57,7% respecto de 2017, mientras que la tasa pasó de 8,2 a 11,8 casos cada 100 mil habitantes, el nivel más alto de toda la serie analizada.

La situación es especialmente preocupante entre los jóvenes. Desde 2022, el suicidio es la principal causa de muerte entre las personas de 15 a 24 años y también ocupa el primer lugar entre los 25 y 34 años. A esto se suma una fuerte brecha de género: cuatro de cada cinco víctimas son hombres.

Los especialistas advierten que no existe una única explicación. Se trata de un fenómeno multicausal, en el que pueden intervenir factores individuales, familiares, sociales y económicos. La pérdida de expectativas, las dificultades económicas, el desempleo, la incertidumbre y el avance de las apuestas online aparecen entre los factores que pueden aumentar la vulnerabilidad.

Ante este escenario, los expertos reclaman reforzar la prevención, la atención de la salud mental y las redes comunitarias, especialmente en escuelas, clubes y otros espacios donde los jóvenes puedan encontrar acompañamiento. El récord registrado en 2025 vuelve a poner en evidencia la urgencia de abordar una problemática que ya constituye una de las principales causas de muerte entre las nuevas generaciones.

Read More

Insólito: Jorge Macri quiere que las familias se hagan cargo de las obras y limpieza de las escuelas

Crece el rechazo al nuevo protocolo que impulsa el Gobierno de la Ciudad y que pone sobre estudiantes, padres y cooperadoras tareas que corresponden al Estado. “Esto no es corresponsabilidad, es delegación de responsabilidad”, denuncian.

Lo que el Gobierno de la Ciudad presentó como un simple “cambio de protocolo” encendió la alarma entre las comunidades educativas porteñas. Bajo el denominado “Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos”, la gestión de Jorge Macri impulsa una serie de medidas que, según denuncian las cooperadoras, terminan trasladando a las familias y a los estudiantes responsabilidades que deberían ser asumidas por el Estado.

El viernes por la noche, el Ministerio de Educación porteño, encabezado por Mercedes Miguel, envió un correo a cientos de miles de familias para anunciar las nuevas pautas. El documento plantea una serie de iniciativas destinadas a promover el cuidado de los establecimientos, pero las cooperadoras advierten que detrás de los eufemismos existe un problema de fondo: el Gobierno porteño pretende que la comunidad educativa se haga cargo de resolver parte de las deficiencias de infraestructura y mantenimiento de las escuelas.

Para las familias, una cosa es colaborar con el cuidado cotidiano de los establecimientos y otra muy diferente es que esa colaboración termine reemplazando las obligaciones de la administración porteña.

Esto es responsabilidad del Gobierno de la Ciudad”, sostuvo Pablo Cesaroni, referente de Cooperadores en Movimiento, quien cuestionó que mientras las cooperadoras enfrentan cada vez más dificultades para funcionar, el Gobierno les exige resolver una cantidad creciente de problemas.

Según denuncian las cooperadoras, el problema se vincula con una política que lleva años de recortes y falta de inversión en infraestructura escolar. Cesaroni señaló que desde hace casi dos décadas las cooperadoras no reciben fondos destinados específicamente al mantenimiento y las obras, mientras las familias continúan aportando dinero y tiempo para sostener los establecimientos.

“Si hay escuelas que tienen los techos rotos o que no tienen calefacción, tienen que solucionarlo. Basta de utilizar a las familias como bomberos para cubrir las cosas que el Gobierno no hace”, reclamó.

Un protocolo que genera polémica

Jorge Macri defendió la iniciativa bajo la idea de recuperar una supuesta “cultura del orden” y del respeto por las reglas. Sin embargo, la implementación del nuevo esquema generó fuertes cuestionamientos por el alcance que tendrán las tareas asignadas a la comunidad educativa.

Entre las propuestas aparecen los llamados “Embajadores del cuidado”, mediante los cuales cada curso deberá asumir semanalmente y de manera rotativa la responsabilidad de verificar un sector de la escuela. También se plantea destinar los últimos minutos antes de un cambio de actividad o del final de la jornada a revisar el estado del espacio utilizado.

El protocolo incluye además una “Estación Ambiental” para el acopio y gestión de residuos con fines pedagógicos y campañas para retirar carteles y afiches.

Pero el punto que más preocupación genera es aquel que contempla que, frente a determinados daños, la propia comunidad educativa, junto con las cooperadoras, participe de las estrategias destinadas a repararlos.

Grafitis en paredes y mobiliario, bancos o puertas dañados y deterioros en los baños podrían derivar en jornadas de reparación y recuperación con participación estudiantil, siempre que no se considere necesaria una intervención urgente.

La pregunta que plantean las cooperadoras es inevitable: ¿dónde termina la participación comunitaria y dónde comienza la obligación del Estado?

“Esto no es corresponsabilidad: es delegación”

Las cooperadoras sostienen que desde hace años las familias ya realizan tareas de mantenimiento, colaboran con la pintura, organizan actividades y aportan recursos para cubrir necesidades que deberían ser atendidas mediante presupuesto público.

Ahora temen que el nuevo protocolo termine institucionalizando esa situación.

“Además de recaudar y pintar, ¿nos piden que hagamos ‘gestión del cambio de hábitos’ para que los chicos ‘cuiden’ un edificio que el propio Ministerio no cuida?”, cuestionaron.

Y fueron todavía más contundentes: “Esto no es corresponsabilidad, es delegación de responsabilidad”.

El reclamo apunta directamente al Gobierno porteño: las familias pueden colaborar con la vida cotidiana de una escuela, pero no deberían convertirse en responsables de garantizar su infraestructura, mantenimiento y condiciones edilicias.

Una escuela con filtraciones, problemas de calefacción, deterioro edilicio o instalaciones que requieren reparación necesita, según plantean las cooperadoras, una respuesta presupuestaria y de gestión, no trasladar el problema a padres y estudiantes.

Las cooperadoras exigen que el Estado vuelva a hacerse cargo

Ante este escenario, las organizaciones reclaman un aumento del presupuesto destinado a obras, la intervención de las empresas de mantenimiento y la ejecución de los trabajos pendientes para garantizar establecimientos seguros.

También exigen que se deje de trasladar a las cooperadoras y a las familias el costo económico y humano de resolver problemas que corresponden al Estado.

Las familias, remarcan, ya cuidan las escuelas desde hace años. Lo hacen aportando dinero, tiempo y trabajo voluntario. Lo que reclaman ahora es que el Gobierno porteño cumpla con su parte.

La polémica deja así expuesta una situación que genera creciente preocupación en la comunidad educativa: un Gobierno que, en lugar de reforzar la inversión y asumir el mantenimiento de las escuelas públicas, parece avanzar hacia un esquema en el que padres, estudiantes y cooperadoras terminan funcionando como reemplazo de las obligaciones estatales.

Read More
CREATOR: gd-jpeg v1.0 (using IJG JPEG v80), quality = 85?

Derrumbe productivo: Cerró la planta de Knorr en Mendoza y despidieron a 60 trabajadores

Unilever cerró definitivamente su histórica fábrica de Rodeo de la Cruz y dejó 60 trabajadores desvinculados. El golpe también alcanza a decenas de agricultores de Mendoza y San Juan que durante décadas adaptaron sus producciones para abastecer a la planta y ahora perdieron a su principal cliente.

La crisis del mercado interno vuelve a dejar una fuerte señal de alarma sobre el entramado productivo argentino. Unilever concretó el cierre definitivo de su planta de Rodeo de la Cruz, en Guaymallén, Mendoza, y puso fin a más de seis décadas de actividad vinculada al procesamiento y deshidratado de hortalizas destinadas a la marca Knorr.

La decisión implicó 60 despidos y un impacto que excede ampliamente a los trabajadores de la fábrica. La paralización cortó una cadena de comercialización que durante décadas vinculó a la compañía con agricultores de Mendoza y San Juan. Muchos de ellos habían realizado inversiones y adaptado sus parcelas a las necesidades específicas de la empresa y ahora quedaron sin su principal comprador.

La planta procesaba alrededor de 3.500 toneladas de hortalizas por año. Allí se realizaba el tratamiento y deshidratado de las verduras que posteriormente eran enviadas al centro industrial de Unilever en Pilar, Buenos Aires, donde se elaboraban las sopas instantáneas y los caldos de Knorr.

El cierre expone así el efecto cada vez más profundo de la caída del consumo sobre la producción. Cuando el mercado interno se achica, las consecuencias dejan de concentrarse en las góndolas y comienzan a sentirse en las fábricas, el empleo, el campo y las cadenas de proveedores.

Caída de las ventas y cambio de modelo

Según explicó Unilever, la decisión respondió al cambio en las pautas de consumo y al desplome de las ventas de sopas secas, un producto marcado además por una fuerte estacionalidad durante los meses de invierno. Para la compañía, sostener durante todo el año la infraestructura necesaria para atender una demanda concentrada en pocos meses dejó de ser económicamente viable.

La empresa justificó el cierre como parte de una “evolución del negocio de alimentos” y de una transformación de su modelo operativo destinada a ganar competitividad frente a las nuevas condiciones del mercado.

Sin embargo, detrás de la explicación empresarial queda expuesto el deterioro de una cadena productiva que había funcionado durante décadas. La decisión no solo elimina puestos industriales: también deja en una situación crítica a productores que construyeron su actividad alrededor de una demanda que ahora desaparece.

Importaciones y tercerización

El nuevo esquema implica que Unilever dejará de procesar internamente la materia prima en Mendoza. La compañía recurrirá a proveedores externos y a la importación de insumos, mientras conservará en Pilar las etapas de empaquetado y terminación de los productos.

El cambio representa un fuerte retroceso para la producción local: una parte del proceso que durante décadas se realizaba en Mendoza dejará de efectuarse allí, reduciendo el nivel de actividad industrial y debilitando el vínculo entre la gran empresa y los productores regionales.

Una fábrica que deja de producir

Unilever aclaró que el cierre de la planta mendocina no implica la salida de Knorr del mercado argentino ni afecta la continuidad de sus restantes negocios en el país.

Pero para Mendoza el impacto es concreto: 60 trabajadores pierden sus empleos, decenas de agricultores pierden a su principal cliente y una planta con más de 60 años de historia deja de producir.

El caso Knorr se convierte así en otra muestra del deterioro del entramado productivo nacional. La combinación de menor consumo, caída de ventas, reducción de la actividad industrial, tercerización e importaciones amenaza con profundizar el proceso de desindustrialización y extender sus consecuencias mucho más allá de las fábricas.

El cierre de Rodeo de la Cruz no es solamente la desaparición de una planta: es la ruptura de una cadena productiva que durante décadas sostuvo empleos, inversiones y producción agrícola en la región.

Read More