Las alarmas del sector industrial se multiplican ante un modelo económico que no reactiva la producción ni el empleo.
Las pymes industriales volvieron a encender señales de alerta sobre el rumbo económico del Gobierno y advirtieron que, de mantenerse el actual esquema, en 2026 podrían profundizarse los cierres de empresas y la pérdida de empleo registrado. El diagnóstico que emerge del sector describe un escenario preocupante: estabilidad macroeconómica sin recuperación productiva, con deterioro social y laboral creciente.
Desde Industriales Pymes Argentinos (IPA), su presidente Daniel Rosato reclamó una redefinición del programa económico y alertó que la Argentina avanza hacia un equilibrio “bajo y socialmente regresivo”. Si bien reconoció cierta estabilización de variables macro, sostuvo que ese proceso no llegó a la industria. “La producción nacional está en el subsuelo”, afirmó, al remarcar que la recesión sigue golpeando de lleno a las pequeñas y medianas empresas.
Uno de los datos más sensibles que expuso el sector es la pérdida de más de 300.000 puestos de trabajo registrados desde el inicio de la actual gestión. Para las pymes industriales, la estabilidad que exhibe el Gobierno no se traduce en mayor actividad ni en generación de empleo, lo que consolida un escenario de estancamiento con alto costo social.
Las advertencias se apoyan en un informe del Observatorio IPA, que detectó una caída sostenida de las ventas, aumento de costos operativos y un fuerte freno de la producción fabril. A ello se suma la apertura de importaciones sin políticas de estímulo a la producción local, que presiona especialmente a sectores sensibles como textiles, calzado y metalmecánica. “Sin fábricas, la crisis no solo se profundiza: se vuelve permanente”, advirtió Rosato.
La falta de una estrategia industrial también aparece como una señal de alarma. Según IPA, la ausencia de incentivos productivos desalienta inversiones, limita el acceso al crédito y empuja a un mayor nivel de informalidad laboral. Sin recuperación del salario real ni mejora del consumo, el riesgo es quedar atrapados en un esquema de estancamiento prolongado.
Ese diagnóstico se ve reforzado por la debilidad del mercado interno. Datos de la CAME muestran que, aunque las ventas minoristas crecieron 2,5% en 2025, los últimos meses del año registraron fuertes caídas interanuales, reflejando ingresos reales presionados y un consumo cauteloso que frena cualquier intento de reactivación.
El impacto territorial también suma preocupación. El ministro de Economía bonaerense, Pablo López, aseguró que más de 5.300 pymes cerraron en la provincia de Buenos Aires desde diciembre de 2023, a un ritmo de ocho empresas por día. Según el funcionario, casi tres de cada diez cierres nacionales se produjeron en territorio bonaerense, como resultado de la apertura importadora y la caída del consumo interno.
La UIA volvió a alertar
Las advertencias coinciden con los últimos datos de la Unión Industrial Argentina (UIA), que confirmó un estancamiento de la actividad fabril. En diciembre, la industria mostró caídas interanuales cercanas al 3,5%, y el nivel general de producción se mantiene alrededor de un 9% por debajo de los registros de 2022. Los rebotes mensuales en algunos sectores no alcanzan para cambiar la tendencia.
Textiles, automotriz, metalmecánica y bienes durables concentran las mayores contracciones, mientras que solo sectores puntuales, como la refinación de petróleo, exhiben crecimiento. La UIA advierte que la combinación de demanda débil, costos elevados, crédito limitado y competencia importada mantiene a la industria lejos de una recuperación sostenida.
De cara a 2026, el panorama que trazan pymes, provincias y grandes industriales converge en una misma advertencia: sin cambios en la política económica y sin una estrategia productiva clara, la estabilidad actual aparece frágil y corre el riesgo de consolidar un ciclo de bajo crecimiento, menor empleo y mayor deterioro del entramado productivo.