La Izquierda Internacional ante el desafío del siglo XXI: de la teoría a la unidad de acción

Por Lois Pérez Leira

La izquierda internacional enfrenta un dilema que ya no admite postergaciones: persistir en las fracturas ideológicas heredadas del siglo XX o avanzar hacia una estrategia común frente a la actual fase del imperialismo. En un escenario donde las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, profundizan herramientas como la guerra híbrida, las sanciones económicas y los mecanismos de presión financiera, los movimientos populares aparecen condicionados por divisiones internas que limitan su capacidad de respuesta.

El acervo teórico del pensamiento socialista constituye un punto de apoyo central, aunque diversos analistas advierten que su peso histórico no debe derivar en inmovilismo. Las tradiciones que van desde Marx y Engels hasta experiencias del siglo XX —incluyendo los aportes de Lenin, Gramsci o Mao— configuran un corpus que, lejos de clausurar debates, puede funcionar como base para nuevas articulaciones políticas. En esa línea, también se inscriben figuras latinoamericanas como Salvador Allende, Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, cuyas trayectorias siguen siendo referencia en los procesos de transformación social.

A este conjunto se suma el planteo del peruano José Carlos Mariátegui, quien sostuvo que el socialismo debía ser una “creación heroica” adaptada a cada realidad nacional. Ese enfoque reaparece en discusiones actuales sobre los modelos de desarrollo y soberanía en América Latina y otras regiones del sur global. Más recientemente, la noción de “Socialismo del Siglo XXI”, impulsada por Hugo Chávez, buscó sintetizar esas tradiciones en una propuesta dinámica, en diálogo con los cambios del sistema internacional.

En este contexto, sectores de la izquierda identifican como eje central la tensión entre estructuras de poder global y proyectos de soberanía nacional. Bajo esa premisa, plantean la necesidad de coordinar estrategias entre distintas corrientes ideológicas y movimientos de liberación, con el objetivo de fortalecer su incidencia política.

El congreso del SOVINTERN, previsto para los días 25, 26 y 27 de abril en Moscú, aparece en ese marco como un ámbito de debate y eventual articulación. Referentes del espacio lo presentan como una instancia orientada a superar diferencias históricas y a delinear una agenda común frente a los desafíos actuales.

El debate de fondo, coinciden distintos sectores, pasa por la capacidad de traducir los principios en resultados concretos. En un escenario internacional en transformación, la discusión ya no se limita a la coherencia doctrinaria, sino que se desplaza hacia la eficacia política y la posibilidad de incidir de manera tangible en las condiciones de vida de las mayorías.

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