El grupo de Paolo Rocca cuestionó el rumbo económico y advirtió que el “orden macro” ya no alcanza. Frente al avance de China y la crisis de sectores industriales, reclamó una estrategia que vaya más allá de los recursos naturales y permita recuperar tecnología, conocimiento y valor agregado.
Una fuerte advertencia sobre el rumbo económico surgió desde el propio corazón del empresariado industrial. Techint alertó que la Argentina corre el riesgo de profundizar la reprimarización de su economía si el Gobierno de Javier Milei mantiene como principal horizonte el desarrollo de los sectores que generan dólares rápidamente, sin una política destinada a fortalecer la industria, la tecnología y las cadenas de valor nacionales.
Durante el tradicional Boletín Informativo Techint, Javier Martínez Álvarez, vicepresidente del Grupo Techint, sostuvo que “Argentina requiere una profunda reflexión para aprovechar una oportunidad histórica”, frente al avance de China, la guerra comercial y el nuevo escenario de la economía mundial.
El mensaje fue claro: el orden macroeconómico era necesario, pero ya no alcanza como programa de desarrollo. Para el holding de Paolo Rocca, la Argentina necesita comenzar a definir qué sectores productivos quiere preservar, cuáles pretende desarrollar y cómo incorporará conocimiento y tecnología para evitar quedar reducida a una economía exportadora de recursos naturales.
“Lo que determina el ingreso futuro de un país no es solamente cuánto exporta, sino cuán diversa y sofisticada es la red de conocimientos y capacidades que sustentan aquello que se produce”, planteó Martínez Álvarez. Y remarcó: “Limitarse a la renta de los recursos naturales no alcanza: el desafío es construir más conocimiento, más capacidades y más valor agregado”.
El riesgo de una Argentina cada vez más primaria
La preocupación expuesta en el encuentro apunta directamente al corazón del modelo económico oficial. Vaca Muerta, la minería y el agro pueden generar una importante cantidad de divisas, pero no necesariamente garantizan por sí mismos un proceso de desarrollo industrial.
El riesgo es que la Argentina termine exportando petróleo, gas, minerales y productos agropecuarios mientras importa cada vez más bienes industriales y tecnológicos.
Marcos Buscaglia, fundador de Alberdi Partners, sintetizó esa amenaza al advertir que, si no se modifica el rumbo, “Argentina tiene una posibilidad de una economía donde el sector primario crece fuertemente”.
El problema, según Buscaglia, es que no aparece el impulso necesario al sistema científico, tecnológico e institucional. “Sí vamos a crecer, pero con un crecimiento más pobre”, alertó.
La definición resulta especialmente significativa porque cuestiona la idea de que cualquier crecimiento del PBI implique necesariamente desarrollo. Una economía puede crecer por el aumento de sus exportaciones primarias y, al mismo tiempo, perder complejidad productiva, empleo industrial y capacidades tecnológicas.
China expone las debilidades del modelo
El avance de China constituye el otro gran frente de preocupación. Mientras el gigante asiático aumenta su capacidad industrial y busca nuevos mercados para colocar su producción, la industria argentina enfrenta una competencia cada vez mayor.
En Techint plantearon que la respuesta no puede ser simplemente abrir la economía y esperar que las empresas locales sobrevivan por su propia capacidad de adaptación. La inserción internacional, sostienen, debe ser estratégica y definir qué sectores resultan fundamentales para el desarrollo nacional.
Un directivo industrial citado durante la jornada puso como ejemplo a Brasil, que mantiene vínculos comerciales con China pero también aplica barreras antidumping para proteger determinados sectores.
Leland Miller, cofundador y CEO de China Beige Book y miembro de la U.S.-China Economic & Security Review Commission, fue todavía más explícito: el desafío consiste en identificar qué industrias nacionales podrían desaparecer si no se las protege y desarrolla frente a la competencia china.
La discusión, por lo tanto, no pasa por romper relaciones con China, sino por evitar que la Argentina quede integrada al mundo en una posición subordinada: exportando materias primas e importando productos elaborados.
El “drama tecnológico” argentino
El problema industrial se combina con otro déficit estructural: la pérdida de capacidades científicas y tecnológicas.
Ricardo Hausmann, fundador y director del Laboratorio de Crecimiento de la Universidad de Harvard, cuestionó la idea de que una macroeconomía ordenada sea suficiente para garantizar el crecimiento sostenido.
Según los datos expuestos durante el encuentro, China cuenta con un 40% más de investigadores por millón de habitantes que Argentina y genera 113 veces más patentes.
“La brecha de ingresos no se cierra porque se amplió la brecha tecnológica”, advirtió Hausmann, quien además señaló que “la complejidad económica argentina no está subiendo, ha estado bajando”.
El diagnóstico deja expuesta una de las principales contradicciones del modelo: mientras Argentina apuesta a atraer inversiones hacia sus recursos naturales, sus capacidades para desarrollar tecnología, industria y productos de mayor valor agregado continúan rezagadas.
El peligro del modelo de enclaves
Andrés López, director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA-CONICET, advirtió sobre el riesgo de consolidar un modelo de enclaves, en el que grandes proyectos extractivos generan exportaciones y divisas pero mantienen débiles vínculos con el resto de la economía.
La comparación con Australia, Canadá y Noruega resulta clave. Esos países lograron desarrollar cadenas de proveedores, investigación, innovación y capacidades tecnológicas alrededor de sus recursos naturales.
Argentina, en cambio, todavía presenta enormes dificultades para transformar su riqueza natural en una plataforma de industrialización.
El contraste tecnológico es contundente: mientras Noruega registra un índice de patentamiento en petróleo y gas de 0,76 en relación con su participación en la producción global, Argentina apenas alcanza 0,007.
“No vamos en camino de construir los activos complementarios que nos permitan ir diversificando las exportaciones”, sostuvo López. Y resumió el problema: “No es que nos falta capacidad inventiva: lo que falta es todo lo demás”.
La advertencia que interpela al modelo de Milei
El planteo surgido del encuentro de Techint deja así una advertencia de fondo para el Gobierno: la estabilidad macroeconómica puede ser una condición necesaria, pero no constituye por sí sola un modelo de desarrollo.
Si la política económica concentra sus esfuerzos en petróleo, gas, minería y agro, mientras la industria enfrenta importaciones crecientes, cae el consumo y se debilitan las capacidades tecnológicas, la Argentina corre el riesgo de profundizar una estructura primario-exportadora que ya demostró sus límites históricos.
El desafío no es solamente producir más y exportar más. Es producir mejor, agregar valor, desarrollar tecnología, generar empleo calificado y construir cadenas industriales capaces de competir internacionalmente.
Por eso, la advertencia de Techint resulta particularmente incómoda para el rumbo oficial: hasta uno de los principales grupos industriales del país señala que no alcanza con ordenar la macroeconomía ni con apostar a los recursos naturales. Sin una estrategia industrial y tecnológica, la Argentina puede crecer en dólares y, al mismo tiempo, retroceder en desarrollo.