El RIGI exhibe una economÃa a dos velocidades: mientras las provincias petroleras y mineras acumulan regalÃas extraordinarias, la industria nacional pierde actividad y es desplazada por importaciones. Empresarios y pymes metalÚrgicas advierten que el rÃĐgimen, lejos de generar el prometido âderrameâ, consolida un modelo extractivista que deja cada vez menos espacio para la producciÃģn argentina.
El RÃĐgimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), presentado por el Gobierno como una herramienta para atraer capitales y transformar la estructura productiva, comienza a mostrar una de sus principales contradicciones: los beneficios se concentran en los grandes proyectos de Oil & Gas y minerÃa, mientras las industrias que deberÃan abastecerlos quedan relegadas frente a la competencia importada.
La brecha es particularmente visible en las provincias productoras. NeuquÃĐn, epicentro de Vaca Muerta, encabeza el crecimiento de las regalÃas, mientras la Patagonia concentra actualmente el 64% del total nacional. Durante el primer semestre del aÃąo, ademÃĄs, la regiÃģn registrÃģ un incremento del 32% en la producciÃģn computable de crudo.
Para los gobernadores, esta renta se convirtiÃģ en un respaldo financiero cada vez mÃĄs importante: las regalÃas llegaron a representar el 11,77% de los ingresos totales de las provincias productoras durante 2025. Chubut y Santa Cruz tambiÃĐn tienen una participaciÃģn significativa en esa distribuciÃģn.
Pero el supuesto efecto multiplicador no se replica en las fÃĄbricas argentinas. El caso de la industria metalÚrgica resulta particularmente revelador: segÚn Adimra, el sector acumula una contracciÃģn del 5,4% en 2026, luego de retroceder otro 5,4% en 2024 y 3,2% en 2025. La actividad quedÃģ asà por debajo de los niveles registrados en 2022.
El RIGI que importa en lugar de producir
La contradicciÃģn se vuelve todavÃa mÃĄs evidente al observar las importaciones realizadas por los VehÃculos de Proyecto Ãnico (VPU). De los USD 284 millones FOB importados hasta mediados de aÃąo, el 87% correspondiÃģ a productos que forman parte del nÚcleo de la oferta metalÚrgica nacional.
Entre las compras aparecen tanques y cisternas de acero por USD 75,2 millones, tubos para oleoductos por USD 11,2 millones y hasta elementos bÃĄsicos de bulonerÃa, como tornillos, tuercas y arandelas.
Es decir, el problema no se limita a la importaciÃģn de tecnologÃa sofisticada que la Argentina no produce: tambiÃĐn ingresan bienes que podrÃan ser fabricados por empresas nacionales, incluso dentro de las cadenas de valor vinculadas directamente con el petrÃģleo, el gas y la minerÃa.
La paradoja es que uno de los sectores industriales estratÃĐgicos para el desarrollo de los proyectos extractivos no logra convertirse en proveedor privilegiado de esas inversiones. En cambio, termina compitiendo con productos extranjeros favorecidos por el propio rÃĐgimen.
La letra chica que diluye el compre nacional
El Gobierno sostiene que el RIGI contempla una prioridad mÃnima del 20% para proveedores nacionales. Sin embargo, empresarios y cÃĄmaras del sector cuestionan la manera en que esa obligaciÃģn puede ser computada y advierten que las excepciones previstas por la normativa terminan debilitando su impacto real.
El problema comienza por la propia base sobre la cual se aplica el porcentaje. De los USD 126.500 millones anunciados en inversiones, la condiciÃģn central de permanencia en el rÃĐgimen se vincula con un monto mÃnimo de USD 16.100 millones. Sobre una base considerablemente menor se determina el porcentaje de compras nacionales.
A esto se suma que la normativa permite computar dentro del 20% tanto bienes como obras, sin establecer una proporciÃģn especÃfica. De esta manera, gastos inevitablemente locales, como movimientos de suelo o construcciÃģn civil, pueden utilizarse para cumplir con el requisito sin que necesariamente exista una demanda equivalente para la industria manufacturera.
TambiÃĐn existe una clÃĄusula vinculada al precio y la disponibilidad que permite comparar la oferta nacional con el valor de importaciÃģn. Para las empresas argentinas, esta situaciÃģn representa una competencia particularmente desigual cuando los proyectos cuentan con beneficios arancelarios que reducen los costos de los productos extranjeros.
El derrame que no llega a las fÃĄbricas
La defensa oficial del RIGI se apoya en la expectativa de que la expansiÃģn de Vaca Muerta y de la minerÃa termine generando actividad en sectores perifÃĐricos. El Banco Central incluso destacÃģ en su Último Informe de PolÃtica Monetaria que por cada puesto de trabajo asalariado formal creado en las petroleras se generaron 3,2 empleos en otros sectores econÃģmicos de NeuquÃĐn.
Sin embargo, la pregunta central no es solamente cuÃĄntos empleos indirectos genera el boom extractivo, sino quÃĐ tipo de estructura productiva deja detrÃĄs.
Si las grandes inversiones demandan bienes y servicios del exterior que podrÃan producirse localmente, el efecto multiplicador sobre la industria nacional se reduce. Y si las empresas argentinas deben competir en condiciones desfavorables contra proveedores extranjeros beneficiados por exenciones, el prometido proceso de industrializaciÃģn asociado al RIGI pierde fuerza.
AsÃ, mientras las provincias productoras celebran un boom de regalÃas y los grandes proyectos extractivos reciben beneficios extraordinarios, buena parte del entramado manufacturero enfrenta caÃda de actividad y pÃĐrdida de mercados.
La advertencia empresarial apunta justamente a esa contradicciÃģn: el RIGI puede estar generando una economÃa dinÃĄmica alrededor de la extracciÃģn de recursos, pero sin garantizar que esa riqueza se transforme en industria, empleo de calidad y desarrollo de proveedores nacionales.
El riesgo es que, detrÃĄs del discurso del âderrameâ, se consolide una economÃa de dos velocidades: una vinculada al petrÃģleo, el gas y la minerÃa, beneficiada por incentivos fiscales y aduaneros; y otra integrada por las fÃĄbricas nacionales que deben sobrevivir a la recesiÃģn y competir contra importaciones incluso dentro de los proyectos que deberÃan impulsar su crecimiento.
MÃĄs que una cadena de valor nacional, el modelo amenaza con consolidar un esquema extractivo donde la riqueza sale del subsuelo, las regalÃas crecen y las importaciones ocupan el lugar que la industria argentina esperaba conquistar.
El caso de las casas prefabricadas chinas
Uno de los ejemplos mÃĄs contundentes aparece en la industria forestal. SegÚn denunciÃģ la FederaciÃģn de Cooperativas AgrÃcolas de Misiones (Fedecoop), la demanda de viviendas de madera para trabajadores y depÃģsitos vinculados con Vaca Muerta fue cubierta en buena medida con productos provenientes de China, mientras aserraderos y productores argentinos atraviesan una fuerte retracciÃģn.
El presidente de Fedecoop, Gustavo Hein, alertÃģ sobre suspensiones, cierre de aserraderos y caÃda de los precios para los productores forestales. La crisis estÃĄ directamente vinculada con el derrumbe de la construcciÃģn, que lleva aproximadamente dos aÃąos y medio con una demanda deprimida.
La consecuencia es especialmente grave para provincias como Misiones, Corrientes y Entre RÃos, donde miles de pequeÃąos y medianos productores dependen de la actividad forestal.
Pero el contraste con Vaca Muerta resulta difÃcil de ignorar.
Mientras en el norte y el litoral argentino los productores tienen dificultades para vender su madera y los aserraderos reducen personal o cierran, en el corazÃģn del boom petrolero las empresas encuentran mÃĄs conveniente importar viviendas terminadas desde China que comprarlas a productores y fabricantes argentinos.
âEra mÃĄs fÃĄcil traerlas de China que comprÃĄrselas a los misioneros, correntinos o entrerrianos que producimos maderaâ, advirtiÃģ Hein.
El episodio sintetiza el problema que empresarios de otros sectores vienen seÃąalando alrededor del RIGI: el crecimiento de un enclave extractivo no garantiza la creaciÃģn de una cadena de valor nacional.