Malvinas de rodillas: Milei se abstuvo en la ONU contra el colonialismo para no incomodar a Donald Trump

La diplomacia libertaria volvió a claudicar en los organismos multilaterales al negarse a votar una resolución clave que exige el fin de las ocupaciones coloniales. La maniobra dinamita la histórica estrategia argentina sobre el archipiélago y deja al descubierto la falsedad del discurso soberanista impulsado por el Poder Ejecutivo.

El mentado “plan” de la gestión libertaria para recuperar la soberanía sobre las Islas Malvinas quedó reducido a una puesta en escena grotesca y sin sustento diplomático. En una nueva muestra de sumisión internacional, la delegación argentina en las Naciones Unidas se abstuvo de votar una resolución fundamental en la Comisión de Descolonización que reafirma la vigencia del principio de integridad territorial y condena las formas contemporáneas de colonialismo. La decisión de Balcarce 50 echa por tierra décadas de doctrina diplomática con el único fin de subordinarse a los intereses geopolíticos de Washington.

La abstención argentina en el fuero internacional representa una traición directa a los fundamentos legales que sostienen el reclamo sobre el archipiélago atlántico. La resolución ignorada por la Cancillería retoma la histórica Resolución 1514 de la ONU, que establece de forma taxativa que ningún proceso de descolonización puede quebrantar la unidad nacional ni la soberanía de los países. Sobre esa norma se erige la Resolución 2065, el pilar jurídico sobre el cual Argentina exige al Reino Unido sentarse a negociar. Al negarse a respaldarla para no agriar su relación con Donald Trump, el Gobierno pisoteó la arquitectura legal que ampara el derecho nacional.

Este bochorno diplomático pone al desnudo la hipocresía de la retórica presidencial. Mientras en el ámbito doméstico el mandatario apela a discursos “soberanistas” de ocasión e intenta impulsar proyectos de ley de seguridad alineados con las exigencias de Estados Unidos, en la arena internacional vota en contra de los países del Sur Global que históricamente acompañaron la causa Malvinas. La estrategia de arrodillarse ante la agenda exterior norteamericana terminó aislando a la Argentina de sus aliados regionales y debilitando la posición del país en el concierto de naciones.

Analistas y diplomáticos coinciden en que la política exterior libertaria prioriza el sometimiento ideological por encima del interés patriótico. Las sistemáticas abstenciones y votos en soledad en la ONU —que incluyeron el rechazo a la condena de la esclavitud o la negativa a repudiar abusos de derechos humanos— demuestran que para la Casa Rosada la diplomacia es un mero instrumento de propaganda para complacer a las potencias occidentales, aun a costa de entregar la causa nacional de mayor consenso en el país.

El desenlace en la ONU ratifica que el anunciado “regreso de Malvinas” pregonado por el oficialismo jamás fue más que una cáscara vacía. Quien dijo admirar abiertamente a Margaret Thatcher y reivindicó la autodeterminación de los kelpers vuelve a demostrar que su patriotismo es impostado. Al subordinar el reclamo por las islas a los dictados de la Casa Blanca, la gestión de Milei confirma que su única política hacia el Atlántico Sur es la rendición incondicional y el remate de la soberanía argentina.

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Duro golpe al ego libertario: Cristina Kirchner liquida a Javier Milei y lo supera por más de seis puntos en imagen positiva

Un estudio nacional de la consultora Analogías desmorona la narrativa oficialista. A pesar de la persecución política y judicial, la expresidenta encabeza las preferencias populares con el 45,1%, relegando al Presidente a un cómodo cuarto lugar. El 55% advierte que no votaría por el ajuste del Gobierno en un eventual balotaje.

El relato de la Casa Rosada según el cual Javier Milei “compite contra sí mismo” en un escenario sin oposición se derrumbó ruidosamente tras la publicación de los últimos datos de la consultora Analogías. Frente al discurso triunfalista que intenta instalar el Gabinete libertario, el estudio de opinión pública nacional reveló que Cristina Fernández de Kirchner encabeza las preferencias de imagen positiva en el país con un 45,1%, superando por más de seis puntos al propio Presidente, quien quedó relegado a un lejano cuarto puesto con apenas el 38,9%.

El trabajo de campo, realizado sobre más de 2.800 casos en todo el territorio nacional, refleja un contundente rechazo de la sociedad al programa de ajuste y recesión que lleva adelante el Poder Ejecutivo. Con un rechazo a la gestión que supera el 56% y un 54,8% de los consultados afirmando que su economía familiar se encuentra en un estado sensiblemente peor que el año pasado, la figura presidencial muestra un desgaste acelerado e irreversible que perforó la base del piso electoral con el que llegó a Balcarce 50.

La permanencia de la expresidenta en la cima de las preferencias populares cobra un significado político fulminante para la estrategia de la ultraderecha. A pesar del encarnizado hostigamiento mediático, las causas judiciales armadas y la constante campaña de estigmatización que pesa sobre su figura, la dirigencia del movimiento nacional no solo mantiene su liderazgo histórico, sino que registra un crecimiento sostenido que contrasta con el desplome de las métricas oficiales. Detrás de Cristina Kirchner se ubican la senadora Patricia Bullrich (44%) y el gobernador Axel Kicillof (43,3%), configurando un pelotón de dirimentes que supera al libertario en el respaldo popular.

Los datos desglosados del informe exponen además el colapso ideológico del programa oficial en temas neurálgicos de la gestión. Más del 67% de la población rechaza la entrega de tierras a capitales extranjeros impulsada en el mega DNU, casi un 63% desaprueba el estrangulamiento presupuestario sobre las universidades públicas y un 60% diagnostica niveles alarmantes de corrupción dentro de la propia estructura del Gobierno. Asimismo, casi el 62% de los encuestados denuncia que las prometidas “bajas de impuestos” no son más que una farsa publicitaria que jamás se sintió en la economía cotidiana.

El estudio consolida un cambio de época en las aspiraciones mayoritarias de la Argentina. El reclamo por una alternativa que ponga fin a la austeridad punitiva le saca más de veinte puntos de ventaja a la continuidad del experimento ultraliberal. Sin crédito social, acorralado por el deterioro de las condiciones de vida y con el mito de su invencibilidad destruido por las encuestas, Milei comprueba que el ajuste permanente y el maltrato a la población tienen un límite democrático infranqueable.

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