Opinión

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Estimación sobre el poder adquisitivo de la Asignación (AUH)

El siguiente análisis tiene por objetivo estimar la evolución del poder adquisitivo de la AUH desde finales de 2009 hasta inicios de 2017. Para tal estimación, se ha utilizado el índice de precios minoristas de la Consultora Bein y Asociados complementada con una estimación inflacionaria en línea con las declaraciones del actual gobierno.

Para leer el documento completo descargar acá: Poder adquisitivo AUH y devolucion de IVA

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San Martín héroe de la Patria Grande

Por Lauro Grande, Diputado Provincial del Frente para la Victoria

A 166 años del paso a la inmortalidad del General José de San Martín, no podemos dejar de recordar su papel fundamental durante los procesos emancipatorios de los pueblos de Nuestra América. Aquel San Martín que intentó invisibilizarse por la historiografía liberal, un hombre que iba más allá de sus inigualables capacidades como Militar, un líder político americanista y profundamente arraigado a la Patria Grande. Se trata de un San Martín que –a diferencia de lo que piensa el actual Presidente con respecto a su supuesta “angustia”- evidenciaba una personalidad entusiasta con gran valor y coraje para enfrentar las luchas en pos de la liberación de los pueblos. Características que no se trataron de algo frecuente en la historia de nuestros líderes, y muchos menos durante la última etapa de nuestra patria desde el regreso de la democracia.

Fue a partir del año 2003 cuando volvimos a percibir en el imaginario social las diferentes ideas propias de nuestra américa, que también eran compartidas por nuestro libertador, como el sentido de pertenencia a la Patria Grande y la hermandad entre los pueblos del Sur. Patria Grande que renació aquel noviembre de 2005 en Mar del Plata, bajo las órdenes de los nuevos héroes de nuestra época: Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula Da Silva. La integración no se detuvo, y ya con nuevos y extraordinarios líderes populares como fue el caso de nuestra Presidenta Coraje Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales o Rafael Correa nuestro continente alcanzó niveles de hermandad que se acercaban a los vividos en épocas del Padre de la Patria.

Desafortunadamente, en estos tiempos, el primer mandatario de nuestro país decidió darle la espalda al legado histórico de nuestro Libertador. Sin embargo sus ideas están en el ADN de nuestra nación y del pueblo argentino. Estamos seguros que más temprano que tarde volveremos a ver un nuevo renacer de la Patria Grande, no sólo por la memoria del General San Martín si no por la felicidad de nuestro pueblo; porque como dijo el Libertador, nuestra Patria “será lo que deba ser… o no será nada”

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Aranguren, la puerta de entrada hacia las críticas

Tras la tanda de tarifazos a los servicios, al ministro Aranguren le tocó encarnar el rol del villano perfecto: frontman de las medidas más antipáticas del gobierno (los tarifazos a los servicios, más la exención de impuestos a la minería), puching-ball de la oposición y ministro más cuestionado del gabinete, según las encuestas.

Para un estudio de la consultora Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), siete de cada diez argentinos piensan que la economía está mal o muy mal. También siete de cada diez sostienen que es imposible pagar la tarifas de acuerdo al aumento dispuesto por el Gobierno y la mayoría considera que el ministro de Energía, Juan José Aranguren, debe renunciar. Y seis de cada 10 están de acuerdo con las protestas contra el tarifazo.

La condena a Aranguren esconde el malentendido de que nadie toma decisiones tan delicadas como el aumento de servicios públicos básicos sin haber sido mandatado por el presidente. La confusión, sin embargo, le sirve tanto al gobierno como a la oposición: a Macri para tener al ministro como potencial fusible (desde Casa Rosada por ahora descartan el despido), y a los dirigentes opositores para criticar al oficialismo, sin hacer foco directamente sobre el presidente.

Por debajo del folclore del sistema político, la figura de Aranguren habilita cuestionamientos de distintas intensidades y consecuencias. Para los antimacristas reafirma el rechazo y a la vez provee de nuevos argumentos. Pero hay algo más importante: para los votantes macristas no fanáticos y para las miles de personas que depositan su confianza en las buenas intenciones del PRO (aún sin haber elegido a Macri en el balotaje), los tarifazos aranguristas son la vía de ingreso hacia las primeras y más claras objeciones al gobierno.

Aranguren no es un ministro más: con una trayectoria de 38 años en Shell, donde cumplió el sueño americano de progresar desde pinche a presidente, es el arquetipo del ex CEO que entró inesperadamente a la política tentado por Macri. Y arrastra con algunas de las convicciones, las hipocresías y las idealizaciones propias de ese sector liberal. Desde el Estado, Aranguren cree en la necesidad de otorgar un guiño económico hacia sus (ex) colegas, sean representantes de mineras, petroleras o distribuidoras de luz y gas, bajo el razonamiento de que más ganancias empresarias garantizarán mayor inversiones y mejores servicios.

Durante su larga carrera en Shell, sin embargo, el negocio de la petrolera anglo-holandesa se limitó (y todavía lo hace) a la venta directa y a la refinería, en la única planta que la compañía tiene en Avellaneda. Así, optó por minimizar el riesgo y la audacia empresaria: casi no exploró ni produjo petróleo.

Aranguren fue más un administrador que un ejecutivo perfilado hacia la innovación, al punto de que Shell prácticamente no prestó atención a la posibilidad de invertir en Vaca Muerta, el mega yacimiento neuquino de gas y petróleo. Y si bien ahora niega que Vaca Muerta esté estancada (por la caída del precio mundial del crudo, los costos dolarizados para desarrollar el fraking y los sueldos altos de los petroleros), el año pasado opinaba lo contrario: “El tiempo que lleva invertir para poder tener un desarrollo de energía eólica es más corto que lo que puede ser Vaca Muerta, que requiere un alto nivel de inversión”.

Hasta sus 61 años, el ojo de Aranguren estaba entrenado exclusivamente para detectar la rentabilidad. Y a diferencia de otros ministros que también arribaron desde las primeras o segundas líneas empresarias, Aranguren no tuvo una experiencia de transición en el gobierno porteño, tal como le sucedió al ministerio de Transporte, Guillermo Dietrich.

El equipo de funcionarios de Aranguren también cambió abruptamente su lado del mostrador: la mayoría pasó a controlar a empresas en las que trabajaba hasta hacía pocos meses. Por caso: el secretario de Recursos Hidrocarburíferos, José Luis Sureda, fue vicepresidente de Ventas de Gas Natural de Pan American Energy (PAE); el secretario de Planeamiento Estratégico, Daniel Redondo, hizo su carrera en Exxon Mobil; el subsecretario de Energías Renovables, Sebastián Kind, era el especialista (y lobbista) en energía eólica de British Petroleum y PAE; y el Subsecretario de Refinación y Comercialización, Pablo Popik, vino de la petrolera Axion.

En los entes reguladores del sector energético, también desembarcaron ex gerentes. Macri eligió como presidente de Enargas a David José Tezanos, presidente de Metrogas y director de Gas de YPF. Para la presidencia del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE), optó por Juan Garade, un contador público que trabajó casi once años como director de Planificación, Control y Regulación de Edesur y, antes de eso, fue gerente de Planificación Económica de Edenor.

En caso de que supere con éxito el bullying al que será sometido en Diputados, Aranguren después se sumará al pressing-ruego macrista hacia la Corte Suprema, en búsqueda de un fallo favorable respecto a la suba de tarifas. Si esos planetas también se le alinean, con el precio de los servicios ya multiplicados, recién entonces se pondrán en juego sus presupuestos. Y con los de él, los de gran parte del gobierno.

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La audiencia pública de Cambiemos

No alcanza, Aranguren, no alcanza. Seguramente alguno de tus asesores debió informarte que el mecanismo de audiencia pública no funciona como una notificación posterior a la toma de una decisión, sino como un procedimiento necesario para la toma de una decisión tamaña en ejercicio democrático y republicano.

Volvamos sobre el tema de la cosa pública, que es, en mi modesto parecer, lo que creo que se te escapa. Cuando trabajabas en Shell, contabas con el derecho de imponer las cosas según la conformidad de tus accionistas. El interés público, en cambio, camina mejor sobre los conceptos ineludibles del debido proceso y de la jerarquía constitucional. No vale, ahora, engañar a la gente invocando una Audiencia Pública que se aplica en forma inversa.

Sí, yo sé que en materia tarifaria hay intereses contrapuestos entre las empresas y los usuarios. Y que la cosa se complica más cuanto más se desglosa: empresas prestadoras generadoras, transportistas o distribuidoras y usuarios residenciales, comerciales o industriales. Porque es complejo, como todo lo que pasa en una República, me parece más pertinente crear un ámbito de diálogo primero, para decidir después.

La res gestae (cosa hecha) del emperador Augusto, dice Wikipedia, es "un ejemplo único de táctica propagandística destinada a la legitimación de, en este caso, la actuación del primer emperador de Roma."

¿Res gestae o Res publica, Aranguren? ¿Qué vas a hacer, ahora?

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¿Por qué sube el gas? – Sergio Carpenter

Entre las medidas que el nuevo gobierno argentino ha tomado en estos 7 meses de gestión, el aumento en las tarifas energéticas (electricidad y gas) tuvo un impacto social de proporciones. Las subas jaquearon directamente los presupuestos familiares y de pequeños y medianos empresarios en tal magnitud que ganó el centro de la escena política.

Un conjunto de resoluciones del Ministerio de Energía y Minería y del ENARGAS, incrementaron sideralmente las tarifas del gas. Cuarenta días más tarde, tras candentes protestas de amplios sectores sociales y urgentes gestiones políticas, una nueva norma puso un límite del 400% al aumento en el consumo residencial -respecto del cuadro tarifario anterior- y del 500% al comercial e industrial; en ambos casos sólo por el presente año 2016. Ello, como era de esperar, no paralizó la movilización social contra el impopular tarifazo, que crece en generalización y articulación. El 11 de julio, 3 altos funcionarios anunciaron otra marcha atrás, poniendo un techo del 400% al aumento residencial, pero esta vez respecto de la factura de igual bimestre del año anterior.

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Por Sergio Carpenter para EPPA (www.eppa.com.ar)

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Del bailecito al pedido de paciencia

Si bien la edición es un poco maliciosa, resume el cambio de humores políticos y sociales que fue desde aquel 10 de diciembre lleno de euforia, hasta el 10 de junio de ayer bastante más apagado. La moraleja es conocida: gobernar es difícil.

De una punta a la otra de las escenas, la tira de decisiones macristas dio por resultado una economía congelada. Y en definitiva esa es la conclusión más importante para el gobierno, los gremios, la sociedad y la oposición, tras seis meses de experiencia PRO.

En favor del gobierno, el macrismo encarna una forma novedosa del ejercicio del poder: con mucha corrección del rumbo sobre la marcha, ante errores señaladas desde afuera. Y si bien las rectificaciones sólo llegan cuando la bola de malestar se instala en la agenda mediática, y nunca tras una introspección crítica, lo cierto es que al menos llega. Y otra curiosidad de estilo: el macrismo procesa sus internas sin sangre.

Hasta ahí los rasgos extra-económicos. “No escuchen a una minoría que quiere que nos vaya mal”, dijo Macri en uno de los dos actos que protagonizó ayer, con medio año encima en su nuevo trabajo.

Tanto en aquel 10 de diciembre como ayer, Macri se refirió indirectamente al kirchnerismo. Lo colocó en el papel de adversario latente con el que (le conviene) polarizar. Pero ayer sus dos discursos tuvieron un plus: en una suerte de balance forzado por las fechas, Macri intentó motivar a sus votantes, pero a la vez se atajó respecto al clima de ajuste, tarifazos y economía en baja.

"Sé que esta transición y este sinceramiento de la economía no ha sido fácil", admitió, y enseguida aseguró: “estamos generando confianza, que es lo que trae inversiones y empleo". Fue durante su primera aparición pública del día, en un acto en la ciudad entrerriana de Concordia, donde anunció una inversión de la empresa Coca Cola.

"Hay muchos que tienen miedo, que no saben si esto va a funcionar o no. A ellos les digo que no escuchen a una minoría que quiere que nos vaya mal, que les mete miedo", aseguró, en continuidad conceptual con su primer discurso.

Así, sin renunciar al optimismo que ya está metido en el ADN de cada acto y cada uno de los (breves) discursos PRO, Macri les pidió paciencia a sus votantes. Un pedido con cláusula de prórroga adherida: si hace unos meses el repunte estaba garantizado para el segundo semestre, ahora ya pinta para fin de año o principios de 2017.

Ante este panorama, la caída de Macri en las encuestas era (y es) un dato previsible. Según un reciente estudio de Ibarómetro, la imagen de la gestión mantiene un declive constante desde el 10 de diciembre. De la valoración positiva del 65% y negativa del 25% con las que arrancó, hoy la percepción le da una imagen positiva del 51% y negativa del 45%.

El desencanto con la performance macrista, sin embargo, no resulta un dato trágico para el PRO. Incluso es menor al que se podría esperar ante el contexto de ajuste y altísima inflación, en parte gracias al limbo deliberativo en el que se mantiene el peronismo. Así, con el kirchnerismo como principal fantasma opositor, pero sin un único dirigente que pueda capitalizar el mal humor, el gobierno consiguió que la sociedad le hiciera precio, a medio año del debut macrista en el balcón.

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El largo brazo del angelicismo

El nuevo Ministro de Justicia de María Eugenia Vidal, Gustavo Ferrari, se recibió de abogado en la UBA: si bien había empezado en la Católica, tuvo que largar porque no le alcanzaba la plata. Hoy tiene casa de fin de semana en el country Los Cardales y palco propio en la Bombonera.

En lo laboral, Ferrari se dedicó a la relación entre el sistema judicial y los bancos, y fue director de ABRA, la cámara que agrupaba a la banca extranjera. También trabajó en la procesista fundación Fores (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia), una organización de lobby creada en octubre de 1976 para enfrentar “la campaña antiargentina”, según sus propios fundadores.

Su salto a la política se dio a mediados de 2001, junto al de Mauricio Macri y Francisco De Narváez. Por entonces socios en la nueva aventura y amigos-competidores desde siempre, Macri y De Narváez dieron con Ferrari a través de Gerardo Bongiovanni, el presidente de la Fundación Libertad de Rosario, una ONG caseteada por la embajada yanqui y parte de la red de think tanks más conservadores de occidente.

Lo citaron en el vip del Museo Renault para hablar sobre el sistema judicial, y hubo un flechazo total entre De Narváez y Ferrari. Desde entonces y hasta el 2013, se convirtió en la mano derecha del Colorado.

Cuando la ambición narvaecista se desplomó, Ferrari amplió su agenda: se acercó al sciolismo (habría sido el jefe de la SIDE, en caso de triunfo presidencial de Daniel Scioli) y aceitó su relación con Daniel Angelici.

Ahora, de la mano del presidente de Boca, Ferrari fue designado en el gabinete de María Eugenia Vidal. Así, crece la influencia del Tano en el universo PRO, a pesar del rechazo de Elisa Carrió y de la resistencia interna del sector encabezado por el ministro de Justicia Nacional, Germán Garavano.

En el bando angelicista, el verdadero operador detrás del operador se llama Darío Richarte: un abogado de origen radical, integrante del elenco estable de influencers desde las bambalinas de la política.

A partir de 1983 Richarte armó la Franja Morada en la Facultad de Derecho de la UBA. Con perfil y protagonismo mucho más bajos, Daniel Angelici militó en la Juventud Radical por aquellos años. Unas tres décadas más tarde, los roles de estos radicales-macristas se invirtieron: Richarte actúa en las sombras para un Angelici muy visible y presidente de Boca.

Desde que Mauricio Macri llegó a la presidencia, ambos consolidaron una aceitada sociedad política: influyeron sobre la justicia, la ex SIDE (Richarte fue su número dos y director en la práctica) y ahora también sobre la alborotada AFA, donde entró como veedor el abogado richartista Sergio Brodsky.

Ex militante de Franja Morada, Sergio Brodsky fue ex subsecretario de la Facultad de Derecho de la UBA durante la gestión de Richarte como vicerrector de la Universidad. En 2001, mientras Richarte era el subjefe de la Secretaría de Inteligencia del gobierno de la Alianza, Brodsky fue Director de la llamada Oficina de Transparencia Sindical, dentro del ministerio de Trabajo, por entonces a cargo de Patricia Bullrich.

En la Agencia Federal de Inteligencia (ex SIDE), Richarte ubicó como director de Finanzas al contador Juan José Gallea, quien había ocupado ese mismo cargo en tiempos de la Alianza. Ahora, la larga mano del dúo llegó hasta el manejo del fútbol.

Desde la oposición al macrismo, uno de los principales militantes en contra del ascenso del dúo Angelici-Richarte es el legislador Gustavo Vera, delegado y vocero local del papa Francisco. Hiperactivo, el papa sigue con enorme interés la política argentina, y parece haber puesto a los operadores macristas en la lista de sus enemigos.

A partir de sus cuestionamientos velados y mensajes críticos, el papa se convirtió en un puching-ball para Elisa Carrió, Jaime Durán Barba y otros dirigentes PRO.

Así, si en algún momento Néstor Kirchner adivinó en Jorge Bergoglio al verdadero jefe de la oposición, desde el macrismo algunos empiezan a ver a Francisco con ojos conspirativos muy similares.

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El mantra del 700% de inflación – Por Sergio Chouza

Por Sergio Chouza para EPPA

En retórica, se denomina “argumento ad nauseam” a una falacia formal que opera sobre el sentido común de las personas. Básicamente se construye por medio de la repetición incesante de una afirmación hasta que el interlocutor la considera como válida, aunque no exista ningún argumento que la justifique. La repetición de Mauricio Macri y todo su gabinete económico sobre el 700% de inflación acumulada durante el kirchnerismo, como la suma de todos los males, es un buen ejemplo práctico de esta falacia. Mientras el macrismo reitera esta cifra, vacía de contenido si no se la imensiona, nuestro país se hunde en una estanflación con destrucción de puestos de trabajo, que rompe con la tendencia de crecimiento económico que se presentó hasta el año 2015.

En este breve comenzaremos con una introducción conceptual sobre las causales estructurales de los aumentos sostenidos de precios en economías como la nuestra. Después se propone analizar el número instalado por el equipo comunicacional de Cambiemos, en toda su extensión. Por un lado haciéndolo comparable con el escenario actual. Por otro lado en relación a la evolución de diferentes variables que lo ponen en contexto. Por último integrando las partes, en el marco de un análisis integral.

¿Por qué “tanta” inflación?

A la discusión sobre si se trata de un fenómeno estrictamente monetario o tiene más que ver con razones propias de la estructura productiva, o de puja distributiva, hay que pasarla por el tamiz del contexto histórico. Es un hecho que en economías con tanta “gimnasia inflacionaria” como la nuestra, los agentes adecúan sus decisiones al entorno de variabilidad de precios y logran “ajustar contratos” con mayor velocidad. Por otro lado, cuando se dice que en el mundo la inflación no es un problema recurrente, se suele pensar en economías en donde los salarios de los trabajadores en relación de dependencia no ajustan periódicamente, o a lo sumo lo hacen en función a eventuales avances en la productividad.

Yendo al caso concreto de nuestro país en los últimos diez años1, analicemos brevemente lo que nos marca la evidencia empírica. Gracias a las convenciones colectivas de trabajo, producidas en un marco de libertad de negociación y niveles de empleo crecientes, los trabajadores aumentaron sistemáticamente sus posibilidades de no tener que dar el brazo a torcer a la hora de acordar su recomposición salarial a lo largo de los años. A continuación, se expone el gráfico de evolución año a año de la comparación entre inflación y paritarias sindicales homologadas.

1 La información del Ministerio de Trabajo y demás fuentes de mercado está disponible desde el año 2006. Entre 2003 y 2006 la dispersión en la recomposición salarial es tan amplia que metodológicamente es conveniente evitar usar el promedio de esos años para no distorsionar el análisis.

Como se ve, en todos los años bajo estudio (a excepción levemente de 2014) los porcentajes promedio de incrementos salariales superaron a la inflación, y por lo tanto se incrementó el poder

adquisitivo de los trabajadores registrados. Si a esto le sumamos, como veremos más adelante, que  el índice de salarios del sector no registrado varía aún de forma más pronunciada que el de los

sectores registrados formales, se puede concluir que la totalidad de los trabajadores de la economía vieron mejorado su poder de compra en la última década. En números, el promedio anual de mejora fue de casi 5 puntos porcentuales, ya que el promedio de las paritarias de los 10 años fue superior al 25% y el promedio de inflación estuvo entorno al 21%.

Es esta disputa constante entre los sectores productivos y empresarios por la distribución del ingreso lo que nos lleva a repensar las causales más profundas de los esquemas inflacionarios. La concentración de la propiedad y del usufructo en la producción de bienes primarios, altamente beneficiados por las ventajas comparativas de nuestros recursos naturales, es un factor que no se

puede aislar a la hora de evaluar cuál es el disparador inicial de un proceso de puja entre precios y salarios. Cuesta pensar que liberalizando los flujos de exportación y eliminando retenciones, el

nuevo Gobierno logrará contener la suba de los productos básicos, ya que si los precios internos no están desacoplados de los internacionales, no hay incentivos para que los empresarios coloquen localmente los productos a un precio menor al que lo podrían exportar. Para muestra alcanza un botón y es que, producto de estas políticas, en los primeros meses de la gestión macrista, se

espiralizó el incremento de precio de los productos primarios (los que ocupan la mayor porción de la canasta de consumo de los trabajadores), verificando actualmente un crecimiento interanual en

torno al 34,7%. Que la meta de paritarias del macrismo para el 2016 sea del 25%, muestra a las claras cuáles serán los sectores ganadores y cuáles los perdedores en este nuevo modelo.

Sobre la naturaleza del 700%.

El número tan mentado por el presidente, surge de calcular la variación punta a punta de algún indicador de precios privado. Como Macri nunca citó la fuente de tal información (ni siquiera cuando

lo mencionó en su discurso ante la Asamblea Legislativa del 1 de marzo), para empezar tenemos que hacer alguna suposición sobre la serie de inflación a utilizar. Como necesitamos examinar una

serie larga, tomamos la del estudio de Miguel Bein, que goza de un prestigio ampliamente aceptado entre las consultoras privadas y no sufre el cuestionamiento metodológico que tuvo el IPC Indec. A

continuación mostramos la evolución de su indicador que toma un valor base 1999=100, llamado “relevamiento de precios minorista” (símil IPC), y determina la inflación subyacente de cada mes.

A priori no podríamos decir mucho sobre este porcentaje de avance de precios estudiado de forma aislada. El número sin un contexto no ofrece la posibilidad de hacerlo comparable con alguna otra

variable de la economía que sirva para dar cuenta del crecimiento o del desarrollo de un país. Más aún, el uso de un dato de aumento de precios punta a punta para los doce años, no suele ser un

estándar usualmente utilizado en el análisis económico, ya que lo relevante es la comparación de aquello que ocurre al interior de cada año. Sin embargo, de forma tendenciosa el equipo económico

de Cambiemos decide exponerlo, con el propósito de generar impacto en la opinión pública por lo elevado del número en términos nominales. El siguiente gráfico, muestra la partición del 730% del

avance en el índice de la consultora Bein en sus sucesivas variaciones de frecuencia anual. Con esto, lo que logramos es generar una primera medida de comparación con la gestión macrista ya que, a partir de los meses ya transcurridos de 2016, es factible calcular un porcentaje de inflación interanual.

Dos resultados interesantes se desprenden del gráfico. Por un lado, el hecho de que el promedio anual de la serie de Bein es del 19,2% para los doce años (a tono con el dato del 20% promedio que Macri también suele repetir). Este número, que surge de “anualizar” el 730%” acumulado punta a punta en cada uno de sus doce períodos, ya nos ofrece una mejor dimensión para comparar con los

incrementos de las variables nominales (ej.: salarios, jubilación, etc.) al interior de cada uno de los años. Además el alza media del 20% nos permite entender que este contexto lejos se encontraba

de los períodos de hiperinflación dónde, por ejemplo durante la última dictadura militar, el promedio inflacionario alcanzaba el 250%. Por otro lado observar que la variación anual actual –

superior al 41%- es ampliamente la mayor de los casi 13 años analizados. Incluso es sensiblemente superior a la de mayor incremento bajo el gobierno kirchnerista, aquella del año 2014 donde trepó un 31,6%. Si bien se espera que producto del enfriamiento de la economía que el macrismo está practicando se termine reduciendo el porcentaje consolidado al final de 2016, existe un consenso de que este terminará por encima del 30%. De hecho, esta misma semana el economista ortodoxo Daniel Artana, en relación a su proyección para la inflación del año actual, declaró que “no va a dar 25%, va a dar ‘30 y pico’. O sea, en el segundo semestre va a estar aterrizando a un nivel en torno

al 25% anualizado. Pero después de lo que pasó en la primera mitad del año no hay chances de que de 25% ni nada que se le parezca a ese número”.

La simplificación fundamental.

Si bien en una economía siempre es deseable que las variables nominales se encuentren estabilizadas, no es menos cierto que en el caso argentino los diferentes agentes económicos tienen

una “gimnasia inflacionaria” y la mayoría de los contratos privados se encuentran indexados para lidiar con la inercia de precios. Por el lado social, a partir de un gobierno que se decidió a incrementar

el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables, se puede demostrar que los incrementos de precios han sido más que compensados por los montos percibidos en cada concepto. Por tanto, la simplificación fundamental del argumento macrista radica en presentar las variaciones en el índice de precios sin dar cuenta de la comparación en relación a las demás variables nominales, como ser el salario, las jubilaciones, la facturación de las empresas, y demás.

Con todo, en el próximo gráfico, se reconstruye el desempeño de los agregados más significativos a la hora de describir el poder adquisitivo de los ingresos de las familias. Para ampliar, en la tabla de

la derecha se presentan más datos relevantes, tales como los indicadores de salarios y la variación en la facturación de los comercios.

Como se puede ver, los ajustes en el salario mínimo vital y móvil, a partir de la institución del Consejo del Salario y la jubilación mínima, a partir de la Ley de Movilidad Jubilatoria, superan ostensiblemente a la inflación para los 12 años en cuestión. La brecha en el porcentaje de aumento de ambas variables casi cuadriplica la escalada de precios, lo cual da cuenta de una notoria ganancia en términos de poder adquisitivo para los sectores medios y bajos, que suelen ser aquellos que tienen todos o buena parte de sus percepciones determinadas por estos conceptos. Cabe destacar que esta mejora de los ingresos “en términos reales” es lo único que tiene que ser relevante para dar cuenta del bienestar de las personas a lo largo del tiempo, si se quiere evitar la falacia macrista de demonizar el avance de precios bajo los gobiernos de Néstor y Cristina, recortando la realidad de manera sesgada. Por el lado de los ítems expuestos en la tabla, se debe resaltar que las medidas indicativas de la evolución de la media de los salarios de la economía para los distintos sectores avanzaron todas por encima de la inflación, destacándose el caso de los ingresos de los sectores no registrados que duplicaron la inflación en el período analizado, lo cual redundó en una mejora en el bienestar promedio del colectivo más vulnerable dentro del universo de los trabajadores. Por último, vale dar cuenta de los resultados concernientes a la facturación del comercio minorista, representados tanto por las ventas en supermercados como en shoppings. La correlación entre ambas variables y la ampliación en los salarios y las jubilaciones es directa y, por ende, su avance de forma sostenida a lo largo de los años es el principal motivo de que las transacciones de bienes de consumo escalen en términos reales, o sea, largamente por sobre el nivel de suba de precios promedio.

Algunos Comentarios Finales.

Para finalizar, entonces, en este breve artículo se expusieron diferentes contraargumentos para refutar la falacia más repetida por parte del gobierno de Macri, sobre el 700% de inflación. Se comenzó con una digresión relativa a las diferentes visiones sobre la naturaleza de los fenómenos inflacionarios, explicando por qué se considera que en Argentina se desencadenó debido a un proceso de “puja distributiva”, junto a factores propios de la solidez de la demanda agregada en los doce años de kirchnerismo y otros aspectos relativos a la estructura productiva desequilibrada de nuestro país. Después, mostramos que aún si nos moviéramos en el marco de su paradigma (convalidando la inflación de una consultora privada) el alza de precios del período no implicó un deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos, sino todo lo contrario: redundó en un mayor poder de compra, que se materializó en un incremento en los indicadores de consumo. Por otro lado, el camino que eligió el gabinete económico del PRO lejos está de resolver el problema que tanto objetan. Con el esquema actual no sólo se presenta el mayor porcentaje de inflación interanual desde 2003 a la fecha, sino que esto se produce en un contexto de caída de la actividad económica y destrucción sostenida de los puestos de trabajo, lo cual constituye un escenario de estanflación sin perspectivas de correcciones a corto plazo.

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Crítica del liberalismo económico – EPPA

Por Fernanda Vallejos para EPPA

El liberalismo económico ha sido el principio organizador de una sociedad que se afanaba por crear un sistema de mercado. (…) Se convirtió en una verdadera fe… Este fanatismo fue el resultado del súbito recrudecimiento de la tarea en la que el liberalismo estaba comprometido: la enormidad de los sufrimientos que había que infligir a seres inocentes, así como el gran alcance de los cambios (…) que implicaba el establecimiento del nuevo orden”. De ese modo lo expresaba Karl Polanyi en La gran transformación. Crítica del liberalismo económico.

Naturalmente, las sociedades no son abstracciones, sino constructos humanos. Así que no fue la sociedad toda, sino aquellos sectores que se alzaron con el poder, los que impusieron el nuevo orden y los dispositivos “sacralizados” sobre los cuales se estructuró. Para eso se instalaron falacias con la fuerza de dogmas. Como que el afán de lucro es parte de la “naturaleza” humana, desconociendo las refutaciones de la antropología, la sociología o la historia económica. Claro, si el afán de lucro es parte de la naturaleza, el egoísmo es racional (normal) y, entonces, no corresponde hacer cuestionamientos morales sobre comportamientos especulativos o predatorios, ni sancionar la usura y la rapiña, y son perfectamente válidos los sistemas de ideas, jurídicos e institucionales que amparan esos comportamientos, como si se tratara de una ley natural. De ahí, a que la propiedad privada de los dueños (del capital, claro) se erija por encima de la vida de las personas, como cristalizan las constituciones liberales, incluida la nuestra, hay una delgada línea roja. Así, por ejemplo, los sistemas jurídicos avalan que un puñado de buitres saqueen un país soberano aunque eso implique condenar a la miseria a pueblos enteros. O, de igual manera, habilitan la judicialización de los proyectos políticos que se oponen al orden instituido.

Esa racionalidad, implica, como contracara, que aquellos individuos, grupos o países que se rebelan contra el orden liberal entren en la categoría de “anormales”. Porque una de las virtudes del capitalismo moderno, a diferencia de las sociedades esclavistas, por caso, es que ostenta un tipo de poder disciplinario que no supone coacciones externas. Se ejerce por medio de una serie de técnicas sutiles que “modelan” la vida y la subjetividad de personas y sociedades, vigilando y castigando a los que se desvían de la norma. De otro modo, el riesgo es quedar excluidos por no sernormales. Se trara de, en palabras de Foucault, “Jerarquizar en términos de valor las capacidades, el nivel, la ‘naturaleza’ de los individuos. Hacer que entre en juego, a través de esta medida ‘valorizante’, la coacción de una conformidad. Y, por último, trazar el límite que habrá de definir la diferencia respecto de todas las diferencias, la frontera exterior de lo anormal. La penalidad perfecta que atraviesa todos los puntos, y controla todos los instantes de las instituciones disciplinarias, compara, diferencia, jerarquiza, homogeniza, excluye. En una palabra, normaliza.” De ahí las loas a la “normalización” de nuestra economía que gritan los neoliberales de adentro y de afuera y los llamados a “integrarnos” al mundo. Al mundo de la “normalidad” que dictan, desde siempre, los que detentan el poder. Ser normal es ser disciplinado.

En ese marco, por ejemplo, se construyó la Teoría de las Ventajas Comparativas que pretendió imponer, como verdad universal, el sometimiento de algunos países al rol secundario de proveedores de materias primas, reservando a las naciones “desarrolladas” o, mejor, a sus capitalistas la generación de valor agregado y la acumulación de riqueza.

Sin embargo, dentro de las naciones sometidas, históricamente, los pueblos construimos la resistencia, buscando alcanzar el ansiado desarrollo. En cambio, las oligarquías domésticas fueron persuadidas de que su “buen comportamiento” sería premiado por el sistema, lo que las llevó a conspirar contra el interés de su propia Nación, engolosinadas con las “migajas” que el poder hegemónico les ofrece como retribución por los servicios prestados.

Nuestra región y nuestro país son parte de esa historia de resistencia de los pueblos sometidos. Argentina edificó, en especial, un mecanismo de integración social, por excelencia, que tuvo incluso correlato constitucional en 1949, basado en el trabajo.

Fíjense que si pudimos superar la crisis heredada en 2003 fue, porque, entre otras cosas, hasta el 2015 se crearon más de 6 millones de puestos de trabajo. Y esto se logró gracias a dos políticas centrales del anterior gobierno: la expansión de los ingresos reales de los argentinos que permitieron aumentar su consumo; y el abastecimiento de ese mayor consumo por la producción local. Eso, por supuesto, implicó el rechazo de la norma. La del “libre comercio”, por un lado, que equivale a la utilización de las economías dependientes como mercado de colocación de bienes y servicios producidos en el centro y, por el otro, la que declara la maximización de las ganancias como ley suprema, o sea que los salarios, considerados costo laboral, se reduzcan al mínimo posible. De esa manera, el fortalecimiento del mercado interno y regional, la protección de la industria nacional, los controles cambiarios que limitaron las remesas de las multinacionales al exterior, junto con el desendeudamiento y la prescindencia del mercado financiero, revirtieron la “norma” del flujo permanente de nuestros ingresos y riquezas hacia los principales grupos económicos y financieros internacionales. Incluso, recuperamos parte de nuestro patrimonio mediante la reestatización de empresas como YPF, Aysa o Aerolíneas.

Este estado de cosas, que ofendía a los grupos económicos globales cuya concentración de riqueza dejamos de alimentar por una década larga, debía ser castigado por el poder disciplinario. El juez Bonadío, por cierto, hoy nos ofrece un ejemplo de cómo el poder pone en funcionamiento sus dispositivos para disciplinar la rebeldía de las políticas que se escapan de sus manuales.

Un análisis semejante, salvando los matices, le cabe al resto de los países de la región. Lo expresó claramente el presidente de Bolivia: “todos los pueblos de la Patria Grande somos una amenaza al sistema capitalista porque no nos pueden robar como antes”.

A partir de diciembre del año pasado, la política económica argentina cambió radicalmente su orientación, y el espiritu de revancha asola a toda América Latina. En Argentina, el gobierno de Macri conformado, en parte, por actores de la oligarquía local; en parte, por empleados del capitalismo global, está reencausando al país dentro de la “normalidad” que el poder impone. Bajo esa lógica, la política económica debilitó el mercado interno, con caída de los ingresos reales, el consumo y el empleo. Mientras tanto, aumentaron las exportaciones primarias y cayeron las industriales. Dado que los sectores dinámicos son los vinculados a las exportaciones primarias, bien acorde al orden diseñado por las Ventajas Comparativas, no se podrán generar los puestos de trabajo necesarios, y entonces una parte de la población estará “de sobra”. Lo que, a su vez, permite que se cumpla la otra norma capitalista, la maximización de la utilidad del capital concentrado mediante la reducción de los salarios reales y en dólares, a costas de los trabajadores y la pyme nacional que produce para el mercado interno sometida, además, a la competencia importadora. Sumemos la liberalización de la fuga y el nuevo ciclo de endeudamiento con el que se financierá ese flujo.

Es insoslayable que las horas críticas que vive Brasil muestran, también, la tenacidad del poder globalizante por recuperar el control sobre la región.El programa económico de los golpistas ya empezó a ser esbozado y busca que Brasil quede encorsetado en políticas diseñadas para los países sudamericanos por los organismos multilaterales que son, en la práctica, lobbistas del poder real. Observemos lo que le exigió el titular de la Confederación Nacional de la Industria de Brasil, al presidente interino Temer: arrasar con la legislación laboral y las leyes jubilatorias “para mejorar el ambiente de negocios”. Esa es la tónica: priorización del sector privado y reducción radical del peso del sector público, con Petrobras y la privatización del petróleo en la mira. Aunque el alcance de la vocación privatizadora lo sintetizó el Presidente de Credit Suisse de Brasil, en una conferencia en Boston: “privatizar todo”. Primero, la enseñanza pública y el Sistema de Salud. Luego, liberalizar totalmente el mercado interno a las transnacionales, de la mano con la apertura externa sin controles. Los principios trazados en el TTP son la regla, incluida la desregulación y apertura respecto a los servicios, abolición de derechos laborales y sociales, de por medio.

También en nuestro país hay recursos apetecibles, como el petróleo de Brasil. Tomemos nota. Porque nuestra Patria está emplazada sobre la segunda plataforma mundial de gas y la cuarta de petróleo, la segunda reserva de litio; reservas cuantificadas de casi 10.000 toneladas en oro metálico; más de 500 millones de toneladas de cobre; casi 300.000 toneladas de plata metálica, tanto como demostradas capacidades científicas y tecnológicas en materia nuclear, satelital o biotecnológica, desarrolladas bajo el paraguas de empresas, hasta hoy, estatales.

Frente a este escenario, lo que yo les quiero dejar, compatriotas de la Patria Grande, es una pregunta. ¿Estamos dispuestos, como pueblo, a dejarnos explotar en nombre de una racionalidad ajena? ¿o vamos a defender nuestro propio desarrollo económico y social, basado en la posibilidad de acceso al pleno empleo y una mayor igualdad distributiva? ¿Aspirar a una vida digna es una locura, desencajada de los sistemas de ideas construídos para defender el interés de las pocas familias que concentran el grueso de la riqueza mundial? ¿o sería lo sano, visto desde estas pampas, cantando con Piazzola, constituirnos en los locos que inventaron el amor? El amor por nuestra Patria. Y por nosotros mismos.

Link a la nota:

http://eppa.com.ar/critica-del-liberalismo-economico-el-plan-del-capitalismo-global-para-la-argentina-y-america/

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Ni segunda marca PRO, ni aliado del FpV

En un primer golpe de vista, Sergio Massa resultó funcional a las principales medidas del gobierno: apoyó el acuerdo con los Fondos Buitres; acompañó a Macri en su viaje al foro de Davos; y le dio legitimidad peronista en sus primeros meses de acción, cuando todavía había dudas sobre el nivel de la gobernabilidad que podía conseguir el PRO.

A partir de ese trazo grueso, muchos lo corrieron con el argumento de que existía una sociedad con el PRO. Pero la política es mucho más dinámica que un mapa de acuerdos fijos, y Sergio Massa es un actor especialmente flexible.

“Señora, señor, usted elige: ¡Barrionuevo o la UCeDE!” gritaba el adolescente Massa en San Martín, arriba de una camioneta de campaña. En 1991, un ucedeísta Sergio Massa aprovechaba el desprestigio que el gastronómico menemista Luis Barrionuevo ya acumulaba, sobre todo entre los sectores medios de San Martín.

Cuando no existía internet, la teve por cable era una excentricidad y el impacto de los medios era bastante más limitado que el actual, Massa entendió que la democracia venía atada a la obligación de aparecer. “Los medios sin contacto físico, no sirven. El contacto físico sin los medios, no sirve. Es la suma de las dos”, me dijo en una entrevista, hace dos años.

En 1994, tras militar en las filas liberales de la UCeDE, a los 21 años se pasó al peronismo. Algunos dicen que el jefe del Frente Renovador es una mezcla de los dos caudillos peronistas más exitosos: Kirchner y Menem. “Yo trato de aprender de todos y en ese sentido no tengo pruritos. Diría que soy una esponja”, se definió él.

Ese perfil maleable, esa trayectoria de muchacho del conurbano que levantó cabeza, toda su energía y ambición explican a Massa. Constituyen su capital, y a la vez son motivo de desconfianza tanto para el PRO, como para el kirchnerismo.

Porque mientras el gobierno preferiría lidiar con interlocutores más dóciles y previsibles que Massa, el kirchnerismo no termina de aceptar al FR como un aliado potencial. En su intenso tour porteño, obligado por la citación judicial de Claudio Bonadío, Cristina Kirchner bajó línea de apertura y diálogo con los demás opositores peronistas. Máximo Kirchner también insinúa la necesidad de ampliar la agenda, pero esa perspectiva no termina imponerse.

El juego pragmático del massismo, sin embargo, se modificó prudentemente tras la marcha sindical de hace dos semanas. Para Massa, y para los grupos peronistas que mostraban una faceta dialoguista ante el PRO, se trató de una mini-bisagra. El acto masivo de las centrales gremiales evidenció un malestar que excede la rosca de las dirigencias sindicales y políticas, tanto el folclore del kirchnerismo vs macrismo, como el coqueteo de los peronistas PRO-friendlys.

Mientras tanto, Massa intenta hacerse paso entre el PRO (a su derecha) y el FpV (a su izquierda), con un juego mucho más flexible que el de ambos actores. No le da para desplazarlos, pero lo cierto es que Massa tampoco desaparece ni se diluye. Y sobre todo: no aparecen figuras peronistas que renueven el staff de los ya conocidos.

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