“Todas las opciones están sobre la mesa para estabilizar la economía Argentina”, escribió el jefe de las finanzas de la mayor economía del mundo.
El gobierno de Javier Milei atraviesa su momento más crítico. En un sorpresivo giro, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció este lunes que Washington está dispuesto a entregarle a Argentina la ayuda económica que sea necesaria para evitar un colapso inminente. La declaración llega en medio de un escenario político y financiero extremadamente delicado para la administración libertaria, cuyo plan económico —diseñado por el ministro Luis Caputo— no ha logrado estabilizar al país.
“Todas las opciones están sobre la mesa”, aseguró Bessent en un mensaje en X, donde sugirió posibles compras de deuda argentina en dólares, inyecciones directas de divisas o incluso una línea de swap para proveer dólares de emergencia. Sus palabras generaron un alivio inmediato en los mercados: los bonos subieron, el peso se fortaleció y el índice Merval trepó más de un 6%. Sin embargo, la euforia inicial choca con una realidad mucho más dura: sin el salvavidas del Tesoro estadounidense, el gobierno de Milei podría desmoronarse en cuestión de meses.
La vulnerabilidad de la economía argentina es inocultable. El país ya agotó el respaldo del FMI con un préstamo de US$20.000 millones en abril, y hoy enfrenta falta de reservas, un riesgo país desbordado y una corrida cambiaria que obligó al Banco Central a vender US$1.100 millones en apenas tres días. A esto se suma la reciente derrota electoral del oficialismo en la provincia de Buenos Aires —el distrito más grande del país—, que dejó políticamente golpeado al presidente.
La tensión se agrava con denuncias de presunta corrupción que alcanzan a la hermana y asesora más cercana de Milei, Karina, aumentando la desconfianza de inversores y opositores. Mientras tanto, la economía real sigue mostrando señales de debilidad: caída de la producción, estancamiento en la recuperación, desempleo elevado y un costo de vida que la mayoría de los argentinos considera insoportable.
Criticas desde Wall Street
El futuro del dólar y de la política cambiaria argentina se convirtió en tema central en un encuentro privado de banqueros de Wall Street en Nueva York. Allí, el diagnóstico fue contundente: el ministro de Economía, Luis Caputo, se verá obligado más temprano que tarde a eliminar las bandas cambiarias y liberar el tipo de cambio.
“Si no lo hacen, se van a desangrar”, advirtió uno de los ejecutivos presentes en la reunión realizada en una entidad financiera de Manhattan. Aunque la discusión se dio antes de que el Banco Central vendiera US$ 678 millones para sostener el techo de la banda, el consenso fue unánime: el esquema ya está agotado.
El evento, que reunió a más de 150 referentes del sector, contó con la participación de voces influyentes como Armando Armenta (AllianceBernstein), Pablo Goldberg (BlackRock), Lucas Martin (BofA Securities) y Roberto Sifon-Arevalo (S&P Global Ratings). Todos coincidieron en que, tras la vulneración del sistema, las bandas cambiarias deben ser reconfiguradas o directamente eliminadas.
Pese a la tensión, algunos inversores internacionales mantienen una visión menos pesimista que los locales y creen que el Gobierno aún puede llegar bien a octubre. Sin embargo, remarcan que el esquema cambiario y monetario debe replantearse con urgencia.
Aunque el gobierno presume de haber logrado contener la inflación, lo cierto es que la crisis cambiaria y política amenaza con sepultar su margen de maniobra. Sin el permanente respaldo externo, el “plan Milei-Caputo” parece condenado al fracaso.