Diosdado Cabello y “el desafío de entender y representar un país dividido”

Por Chris Soto

Diosdado Cabello juega un papel central en la cohesión y movilización del chavismo, aunque llamarlo “el segundo a bordo” simplifica una estructura de poder donde también pesan El Presidente Nicolás Maduro, el PSUV, la Presidenta Encargada Delcy Rodríguez las Fuerzas Armadas y distintas instituciones del Estado. Su influencia proviene de su trayectoria dentro del movimiento, su capacidad para organizar y comunicar políticamente, y su cercanía a los sectores más duros del oficialismo.

Esa misma posición lo convierte en una figura profundamente polarizadora. Para sus partidarios, representa disciplina, continuidad y defensa de la revolución; para buena parte de la oposición y de organizaciones críticas, simboliza la concentración del poder y una retórica confrontacional. Por eso, puede contribuir a mantener unido al chavismo, pero difícilmente puede presentarse como un interlocutor aceptado por todos los sectores del país.

En este momento de fuerte disputa, el papel de Cabello podría ser el de sostener la cohesión y movilización del oficialismo. Pero la estabilidad del país no depende solo de movilizar a una parte de la población: también requiere reconocer la diversidad política, proteger las libertades y ofrecer vías institucionales para tramitar los desacuerdos.

Una oposición que demanda cambios profundos también necesita poder expresarse y competir sin exclusión; y el oficialismo tendría que demostrar que las instituciones y las formas de organización comunal representan a la ciudadanía en su conjunto, no únicamente a sus simpatizantes.

Para cerrar se puede citar las mismas palabras de Diosdado, quien expresó: “todos son necesarios, nadie sobra, todos hacen falta.”

Y si esa es la verdad absoluta para avanzar, vernos y sentirnos necesarios en una sociedad de iguales derechos, pero de diferentes pensamientos.

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Radiografía íntima de una Venezuela que busca el pulso de su propia voz

Por Chris Soto

Hay geografías donde el tiempo parece haberse detenido en una sala de espera perpetua. Venezuela, desgarrada por años de una polarización que ha fracturado no solo las instituciones, sino los afectos cotidianos y la mesa de los hogares, camina hoy por la cuerda floja de su propia supervivencia cívica. Observar este fenómeno desde la distancia de la crónica internacional exige despojarse de los dogmatismos partidistas para vestir la mirada con la empatía de la sociología y la delicadeza de la psicología social. La gran pregunta que resuena en las calles de Caracas, Maracaibo o San Cristóbal no es meramente electoral; es existencial: ¿cómo se reconstruye un tejido social que ha sido sistemáticamente deshilachado por el miedo, el éxodo y la confrontación?

El laberinto interno: canalizar el movimiento y la letra constitucional
Para que la oposición venezolana encuentre una vía real de canalización de su inmenso caudal de masas dentro del territorio, debe renunciar a la tentación de la urgencia mesiánica y abrazar la paciencia de la organización capilar. Las multitudes no se sostienen solo con la épica de las grandes concentraciones; necesitan anclarse en la cotidianidad: en los barrios, en los sindicatos, en las universidades y en las asociaciones vecinales.

Bajo el texto de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la ciudadanía y sus representantes políticos se encuentran hoy en una paradoja asfixiante: formalmente amparados por un catálogo amplísimo de derechos participativos, soberanía popular y garantías democráticas (como los artículos 5, 62 y 350), en la práctica institucional se sienten desprovistos de árbitros neutrales, de contrapesos efectivos y de garantías procesales plenas.

Esta orfandad institucional obliga a la oposición a un ejercicio de profunda madurez: interpelar a sus propios líderes. Ya no basta con la obediencia ciega ni con la fe en un liderazgo providencial. El pueblo venezolano interpela hoy a su diligencia exigiendo transparencia, estrategia a largo plazo, empatía con el sufrimiento diario y, sobre todo, una renuncia explícita a cualquier salida que suponga el atajo de la violencia. La exigencia ciudadana es clara: los líderes deben servir al movimiento, no el movimiento a los cálculos de las élites.

La psicología de la polarización y el llamado a la cordura
Desde la perspectiva de la psicología social, la polarización extrema opera como una trampa cognitiva: divide el mundo entre amigos y enemigos absolutos, deshumaniza al adversario y anula el pensamiento crítico. Durante años, franjas importantes de la sociedad han sido guiadas por caminos de confrontación estéril y violencia —tanto física como discursiva— que solo han dejado un saldo de dolor, familias separadas por el exilio y una profunda parálisis cívica.

¿Qué espera el pueblo de su oposición? Espera, antes que nada, verdad y dignidad. El ciudadano común no merece ser carne de cañón para negociaciones opacas ni el peón de un tablero geopolítico internacional. Merece un liderazgo que escuche su cansancio, que valide su fatiga emocional y que construya una alternativa donde quepan todos, incluso aquellos que hoy sostienen el aparato estatal. La reconciliación nacional no es un acto de debilidad, sino la única vía sociológica sostenible para evitar la destrucción total del país.

Mirando al espejo de la historia: Fechas y ecos de paz
La historia global nos enseña que las transiciones más difíciles no se logran a través de la aniquilación del contrario, sino mediante la audacia del reconocimiento mutuo. El 9 de noviembre de 1989, con la caída del Muro de Berlín, el mundo entendió que los muros ideológicos más infranqueables terminan cediendo ante el peso incontenible de la dignidad humana y el deseo de libertad. Asimismo, el 11 de febrero de 1990, cuando Nelson Mandela recuperó la libertad en Sudáfrica, el planeta presenció cómo el perdón político y la arquitectura de la verdad podían evitar una guerra racial cataclísmica, demostrando que la justicia transicional es el único puente hacia el futuro.

Frente a la tentación de la violencia, las palabras de los grandes constructores de la paz universal resuenan hoy en suelo venezolano con una urgencia desgarradora:

«No hay camino para la paz; la paz es el camino», nos recordó Mahatma Gandhi, advirtiendo que los fines jamás justifican los medios destructivos, en la misma línea, Martin Luther King Jr. señalaba una verdad incómoda pero indispensable para cualquier proceso de reconciliación: «La verdadera paz no es meramente la ausencia de tensión: es la presencia de justicia».

El amanecer de una nueva conciencia
La tarea que tiene por delante la sociedad venezolana y su dirigencia es titánica. Consolidarse como fuerza social en medio de un país polarizado exige abandonar el lenguaje de la descalificación y adoptar el arte difícil de la escucha. El mensaje para esa población que a menudo se ha sentido extraviada en laberintos de confrontación es que la rebeldía más profunda hoy no es tomar las armas ni ceder a la desesperanza, sino organizarse pacíficamente, tejer comunidad y rescatar la política como el espacio supremo del acuerdo humano.

Solo desde el reconocimiento del dolor ajeno y la convicción de que nadie sobra en la construcción de la nación, Venezuela podrá transformar sus actuales cenizas en el cimiento de una república libre, plural y reconciliada consigo misma.

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El factor Maduro: Resistencia, geopolítica y el giro inesperado en el tablero de Washington

Por Chris Soto

Durante años, la narrativa oficial en Miraflores se construyó sobre una trinchera. Para sus partidarios, Nicolás Maduro no ha sido meramente un mandatario, sino el hombre que resistió lo que denominan el embate del fascismo mundial, el líder que abrigó a una nación asfixiada por el régimen de sanciones petroleras y económicas más severo de la historia moderna de América Latina. En los pasillos del poder en Caracas, su figura se proyecta como el bastión que mantuvo en pie el proyecto chavista frente a un colapso pronosticado una y otra vez por los centros de poder occidentales.

La supervivencia política de Maduro nunca se explicó únicamente por el control interno, sino por su habilidad para tejer una red de alianzas globales de alto voltaje. Mientras Washington cerraba el cerco financiero, el Palacio de Miraflores profundizaba sus vínculos estratégicos y económicos con potencias extracontinentales como Rusia y China. Para Pekín y Moscú, Venezuela se convirtió en una pieza clave en el ajedrez geopolítico del hemisferio occidental, un socio dispuesto a desafiar la arquitectura de seguridad tradicional de Estados Unidos a cambio de oxígeno financiero y tecnológico.

Sin embargo, la historia de los grandes conflictos políticos rara vez sigue una línea recta. Hoy, el tablero internacional experimenta una vibración inesperada. En círculos diplomáticos y entre los sectores que demandan su libertad, se habla de un punto de inflexión. Con la figura de Donald Trump nuevamente en el centro de la ecuación política estadounidense, analistas y observadores internacionales se preguntan si Washington está a punto de reescribir las reglas del juego con Caracas.

Para el periodismo documental, registrar este momento exige mirar más allá de la polarización ideológica. La eventual reconfiguración de la política exterior estadounidense hacia Venezuela no solo redefine el destino judicial o político de Maduro, sino que pone a prueba la capacidad de adaptación de un modelo que sobrevivió al aislamiento absoluto.

Si la historia reciente estuvo marcada por el bloqueo y la confrontación intransigente, el capítulo que ahora se abre podría cambiar el tono de la diplomacia hemisférica. En las cancillerías del mundo se observa con cautela: el desenlace de esta crisis no solo definirá el futuro de Venezuela, sino también los límites del poder y la influencia de las grandes potencias en el siglo XXI.

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Diez meses de liderazgo, compromiso y esperanza

Por Chris Soto.

Diez meses pueden ser poco tiempo para reparar las heridas de una nación, pero bastan para mostrar el carácter de un liderazgo. En este periodo, Delcy Eloína Rodríguez Gómez ha proyectado una imagen de serenidad y firmeza en una etapa especialmente exigente para Venezuela. Para quienes sentimos afinidad con la izquierda y el proyecto bolivariano, su llegada a la Presidencia tiene, además, un significado histórico: una mujer venezolana al frente del país.

Su gestión puede valorarse desde una pregunta esencial: ¿cómo se traduce el liderazgo en bienestar para la gente? Los avances que merece la pena destacar son aquellos que mejoran la vida cotidiana, fortalecen la protección social y atienden las necesidades de las comunidades. Ese balance ha de construirse con resultados concretos y verificables, pero también reconociendo el valor de escuchar, acompañar y mantener la calma cuando una sociedad atraviesa momentos difíciles.

La presencia de Rodríguez en la Organización de las Naciones Unidas llevó la voz de Venezuela a un espacio internacional de gran importancia. Su discurso, señaló que la inteligencia artificial representa un hito histórico que, si se usa de forma correcta, puede traer un desarrollo sin precedentes en áreas como la salud, el ambiente y los procesos productivos. según el balance que propone este artículo, buscó defender la posición del país y expresar sus aspiraciones y la del pueblo venezolano ante la comunidad internacional.

Para apreciar su alcance, será importante atender no solo a sus palabras, sino también a las reacciones que generó y a los resultados diplomáticos que puedan comprobarse.

El acompañamiento a las personas afectadas por el terremoto representa otra dimensión fundamental del servicio público. En una emergencia, la cercanía de las autoridades, la atención a las familias y la coordinación de la ayuda pueden ofrecer alivio y confianza. La solidaridad se vuelve más significativa cuando se concreta en apoyo oportuno y sostenido para quienes han perdido seguridad, bienes o seres queridos.

También hay una dimensión feminista en este momento. La presencia de una mujer en la máxima responsabilidad política abre un espacio para reconocer la capacidad, la preparación y la contribución de las venezolanas. La sororidad —entendida como solidaridad entre mujeres, sin renunciar al diálogo crítico— invita a celebrar los avances de representación y, al mismo tiempo, a seguir trabajando por una participación plena en todas las esferas de la sociedad.

Rodríguez es abogada y ha realizado estudios y actividades académicas fuera de Venezuela. Su trayectoria puede ser parte de su experiencia pública; su valor, sin embargo, se mide por la manera en que esa preparación se pone al servicio del país. En su imagen política, muchas personas encuentran una combinación de aplomo y mesura que transmite tranquilidad. Esa impresión tiene más fuerza cuando se acompaña de comunicación clara, atención a las comunidades y respuestas concretas.

Desde una mirada bolivariana, este liderazgo también evoca el pensamiento del comandante Hugo Chávez sobre la participación de las mujeres en la transformación social. La idea de que la liberación de las mujeres está ligada a cambios profundos en la sociedad conserva vigencia para quienes creen en la justicia social y en la ampliación de derechos. Conviene presentarla como una interpretación de ese legado, salvo que se cuente con una fuente para citarla como expresión literal.

Celebrar a una mujer venezolana en la Presidencia no significa renunciar a evaluar su gestión: significa reconocer la importancia de una puerta que se abre y desear que detrás de ella haya más oportunidades, derechos y participación para todas. En estos diez meses, el desafío sigue siendo convertir la calma y la esperanza en mejoras palpables para el pueblo venezolano.Este momento histórico adquiere una dimensión feminista ineludible.

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Lula y la promesa de que el desarrollo llegue a todos

Por Chris Soto

En su intervención ante las Naciones Unidas, Luiz Inácio Lula da Silva volvió a defender una idea que ha acompañado buena parte de su trayectoria política: que los países puedan decidir su propio rumbo económico y que el desarrollo sea sostenible, pero también compartido. El desafío, en Brasil y en toda América Latina, es convertir esa promesa en mejoras concretas para la vida cotidiana.

La igualdad de oportunidades ocupa un lugar central en ese debate. El acceso a una educación de calidad, a empleos dignos y a una economía capaz de abrir caminos —en lugar de cerrarlos— influye en las posibilidades de una persona y en el futuro de un país. Para millones de brasileños, esas aspiraciones se miden en asuntos cercanos: el ingreso del hogar, la seguridad, el trabajo y la posibilidad de ofrecerles un futuro mejor a sus hijos.

La historia de Lula forma parte de su autoridad política y de las controversias que lo rodean. Obrero metalúrgico y fundador del Partido de los Trabajadores, llegó a la presidencia tras construir una carrera ligada a los sindicatos y a sectores populares. En 2018 fue encarcelado; en 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas por cuestiones de competencia judicial. Su trayectoria sigue despertando adhesiones y críticas, una expresión de las profundas divisiones que atraviesan la política brasileña. Sin embargo hemos visto la movilización de un país que lo apoya, le sonríe, lo abrazan y ven en él un ser humano, capaz de transformar lo que se amerita.

En materia de derechos de las mujeres, Lula ha denunciado la violencia de género y la discriminación en la vida pública. El compromiso, se mide también por sus resultados: por la prevención de los feminicidios, la protección efectiva de las víctimas y la presencia de mujeres en espacios de decisión en el esquema político de Brasil. La autonomía económica es parte de ese camino. También lo es reconocer el trabajo doméstico y de cuidados, históricamente poco valorado y realizado, en gran medida, por mujeres. Reconocerlo no significa limitar el papel femenino a la maternidad, sino comprender que cuidar es una labor esencial que debe ser valorada y compartida.

Los indicadores económicos ofrecen señales importantes, pero no cuentan por sí solos toda la historia. El crecimiento del producto interno bruto y la reducción del desempleo pueden abrir oportunidades; es esa la visión más interesante de un país defendiendo su propia economía.
También persisten retos en materia de servicios públicos, equilibrio fiscal y protección ambiental. Son estas necesidades aún no superadas las que convocan a seguir un programa de gobierno en desarrollo y planificación.

Para los países vecinos, Brasil es una referencia por su tamaño y su influencia. Sus avances pueden alentar; sus dificultades recuerdan que ningún gobierno resuelve en soledad problemas estructurales. El debate sobre el futuro político de Lula —y sobre un eventual cuarto mandato— convoca, por tanto, algo más que una valoración personal: plantea qué modelo de desarrollo puede sostener la prosperidad y repartir sus beneficios con mayor justicia.

Que decida el pueblo, sus ciudadanos y ciudadanas, con información y asertividad. Y que esta futura victoria, pueda convertirse en puente: hacia acuerdos, oportunidades y una evolución que se sienta en la vida de la gente.

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Salta: el Archivo Provincial de la Memoria continúa con el proceso de reparación histórica

Julia Beatriz García recibió su legajo prontuarial, 52 años después de su detención durante el terrorismo de Estado.

El Archivo Provincial de la Memoria realizó la entrega del Legajo Prontuarial a la ex presa política Julia Beatriz García, en el marco del proceso de reparación histórica y administrativa que promueve el acceso a documentación vinculada con las víctimas del terrorismo de Estado en Salta.

La actividad estuvo a cargo de la responsable del Archivo Provincial de la Memoria, Alba Fernández, y contó con la participación de la escribana de Gobierno, Graciela Galíndez, quien rubricó y certificó las copias del Legajo AR-AL-APM Presos Políticos N.º 26. El material consta de 38 fojas y una fotografía carnet y fue entregado en formato físico y digital.

Desde el Archivo destacaron que la puesta en acceso de esta documentación constituye una acción de reparación histórica y contribuye al fortalecimiento de la democracia mediante el ejercicio del derecho a la información pública y la preservación de la memoria.

“Nos sentimos muy satisfechos de poder cumplir con el desafío de garantizar este proceso de reparación histórica, como resultado de las tareas cotidianas vinculadas a los objetivos, la misión y la función del Archivo”, expresó Alba Fernández. También señaló que estas acciones permiten construir un espacio participativo y de diálogo permanente con la sociedad y con la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado.

Durante la jornada, García compartió una reflexión sobre el significado de recibir, 52 años después, la documentación vinculada con su detención y permanencia en el penal de Villa Las Rosas. “Este legajo no me es propio. Tiene mi nombre, mi foto y mis huellas, pero no es mío. Es de todos los detenidos”, expresó.

La ex presa política recordó que fue detenida cuando la provincia de Salta se encontraba intervenida y regía el estado de sitio. “Que 52 años después este legajo ratifique mi testimonio, demuestra que las y los ex presos políticos somos un pilar fundamental en los Juicios por la Verdad y la Justicia”, sostuvo.

En la jornada también se realizó el registro en voz e imagen del testimonio de Julia García, a cargo de Ester Crespo y Carolina Arias, integrantes de la productora Khipu. El material permitirá sumar un nuevo contenido audiovisual a las jornadas de Archivo en el Aula, propuesta en la que estudiantes trabajan con documentación y testimonios vinculados con la memoria reciente.

Las integrantes de Khipu destacaron la experiencia y la responsabilidad de registrar una historia de vida para su preservación. “Queremos ser parte de la construcción de la memoria, poniendo nuestras herramientas y trabajo al servicio de esas historias que necesitan ser escuchadas y preservadas”, expresaron.

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La paz: un sueño colectivo que debemos construir juntos

Por Chris Soto

En un mundo donde las sombras de la guerra, la desigualdad y la injusticia parecen dominar el paisaje cotidiano, surge con fuerza un clamor que resuena en los corazones de millones: el anhelo de paz. La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; es también un estado de bienestar y un compromiso profundo con la justicia social, la equidad y el respeto por la dignidad humana. En ese sentido, cada uno de nosotros tiene un papel fundamental en la construcción de un futuro más armonioso.

El diálogo se erige como una de las herramientas más poderosas para alcanzar esa paz anhelada. Hablar sobre aquello que nos duele, sobre las heridas que hemos infligido a nuestro entorno y a nosotros mismos, es un primer paso hacia la sanación. Es imprescindible elevar nuestras voces no solo para expresar nuestras preocupaciones, sino también para escuchar las de los demás. La empatía y la comprensión son los cimientos sobre los cuales podemos construir una nueva conciencia colectiva, en la que el bienestar del otro sea tan importante como el propio.

Es hora de que la alimentación y la educación sean reconocidas y garantizadas como derechos fundamentales. No puede haber paz en un mundo donde millones de personas pasan hambre o carecen de acceso a una educación digna. Debemos trabajar para que esos derechos alcancen a todos, sin distinción alguna. Erradicar estas injusticias constituye un paso esencial hacia una sociedad más equitativa y, por lo tanto, más pacífica.

Las guerras deberían quedar relegadas a las páginas de la historia. La experiencia nos ha demostrado que los conflictos armados dejan dolor, destrucción y profundas divisiones. Es tiempo de aprender de esos errores y fomentar una verdadera cultura de paz, en la que el diálogo, la negociación y el entendimiento sean las herramientas elegidas para resolver nuestras diferencias.

En este contexto, las palabras adquieren un poder transformador. Deben ser caricias que sanen y unan, no armas que dividan. Si hemos de escribir, hagámoslo con destinatarios claros: quienes buscan construir puentes y no muros, quienes aspiran a dejar un legado de amor, solidaridad y comprensión en lugar de rencor y odio.

Como decía el célebre cantautor chileno Víctor Jara en su canción Te recuerdo Amanda: “Te recuerdo Amanda, la calle donde vivimos, el río que pasaba por tu ventana”. Esas palabras evocan la memoria de lo cotidiano, de aquello simple y hermoso que puede ser vivir en paz. Recordemos que cada pequeño gesto cuenta y que la construcción de un mundo mejor también comienza en nuestras acciones más cercanas.

La paz es, en definitiva, un sueño colectivo que debemos perseguir con determinación y esperanza. Cada uno de nosotros puede contribuir a hacerlo realidad. Elevemos nuestras voces, abramos nuestros corazones y trabajemos juntos para que algún día podamos decir que hemos alcanzado ese ideal que la humanidad persigue desde siempre: vivir en paz.

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Yemen en el centro de la confrontación: Saná endurece su respuesta ante el bloqueo saudí

El bloqueo del Aeropuerto Internacional de Saná, los ataques contra instalaciones civiles y la crisis humanitaria volvieron a colocar a Yemen en una nueva fase de tensión con Arabia Saudita. El informe mensual sobre la situación del país correspondiente a julio de 2026 sostiene que la disputa dejó de estar concentrada exclusivamente en el escenario regional para adquirir una dimensión de confrontación directa entre Saná y Riad.

El mes de julio marcó, según el informe, un nuevo punto de inflexión en la guerra de Yemen. Después de más de una década de conflicto y de los compromisos alcanzados desde 2022 para avanzar hacia un alto el fuego, el levantamiento del bloqueo y el pago de los salarios públicos, Saná sostiene que buena parte de esos acuerdos permanecen incumplidos. El Aeropuerto Internacional de Saná se convirtió así en el principal símbolo de una disputa que combina cuestiones humanitarias, económicas y de soberanía. El documento atribuye a Arabia Saudita y a sus aliados la continuidad de las restricciones y sostiene que la reapertura del aeropuerto constituye un derecho soberano y humanitario del país.

La tensión aumentó el 3 de julio, cuando un avión de la compañía iraní Mahan Air llegó a Saná con ciudadanos yemeníes que permanecían varados en el extranjero. El informe presenta ese vuelo como una ruptura del bloqueo aéreo que se mantenía desde 2016. Diez días después, otro avión iraní intentó llegar a la capital yemení con una delegación que participaría en unas exequias en Teherán, pero, según el documento, cuatro incursiones aéreas saudíes contra la pista impidieron su aterrizaje. Las autoridades de Saná denunciaron entonces ante Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad una violación de la soberanía yemení y reclamaron el levantamiento de las restricciones.

La respuesta política llegó el 16 de julio, cuando el líder del movimiento Ansar Allah, Abdulmalik al-Houthi, formuló una nueva ecuación de disuasión: «Aeropuerto de Saná por aeropuerto de Riad; aeropuertos por aeropuertos, puertos por puertos y bloqueo por bloqueo». El mensaje supuso un endurecimiento respecto de las anteriores advertencias y fue acompañado por una movilización popular en Saná y otras gobernaciones. Cuatro días después, las Fuerzas Armadas yemeníes anunciaron la prohibición de la navegación marítima hacia Arabia Saudita, extendiendo la confrontación desde el espacio aéreo al ámbito marítimo y económico.

La escalada no significó, según el informe, el abandono de la agenda regional. La causa palestina continuó ocupando un lugar central en el discurso político de Saná, junto con el respaldo a Irán, el Líbano y las fuerzas de resistencia. Las autoridades yemeníes también volvieron a advertir sobre una eventual presencia israelí en el Cuerno de África, que consideran una amenaza para el estrecho de Bab el-Mandeb y el mar Rojo. De este modo, la política de Yemen continúa vinculando su seguridad nacional con el escenario regional y, particularmente, con el control de las rutas marítimas estratégicas.

En paralelo, el Gobierno de Cambio y Construcción afirma haber mantenido el funcionamiento de las instituciones y los servicios públicos, pese al deterioro económico. Uno de los principales problemas continúa siendo el pago de los salarios estatales. El informe sostiene que los ingresos provenientes del petróleo y el gas fueron trasladados hacia estructuras financieras bajo control de las autoridades asentadas en Adén, mientras miles de empleados públicos permanecen sin cobrar regularmente. La consecuencia, según el documento, es una pérdida acelerada del poder adquisitivo, mayor pobreza y un debilitamiento de las redes de protección social.

La situación del Aeropuerto de Saná constituye además un problema económico de enormes dimensiones. Las autoridades aeroportuarias calculan en unos 160 millones de dólares las pérdidas directas provocadas por su cierre y en más de 3.500 millones las pérdidas indirectas. El informe sostiene que durante los últimos dos años se mantuvieron contactos con compañías aéreas de países como Egipto, Jordania, Argelia, Líbano, Irak, Siria, Qatar, Kuwait, India, Irán y Omán con el objetivo de restablecer las conexiones internacionales. Saná asegura que el aeropuerto se encuentra actualmente en condiciones operativas y reclama el levantamiento de las restricciones que impiden la recuperación plena de la aviación civil.

El puerto de Hodeida aparece como el otro gran punto de presión económica. De acuerdo con el informe, por ese puerto ingresa alrededor del 70% de los alimentos y medicamentos destinados a Yemen. Las restricciones, sostiene, ralentizan el ingreso de mercancías y obligan a utilizar rutas alternativas más costosas, con un impacto directo sobre el transporte, los seguros, el almacenamiento y, finalmente, los precios que pagan los consumidores. A esta situación se suma la escasez de gas doméstico y para vehículos registrada en ciudades como Adén y Taiz, donde el precio de una bombona habría alcanzado los 14.000 riales en el mercado negro.

El deterioro económico tiene su correlato más grave en el terreno humanitario. El informe cita datos de Naciones Unidas según los cuales unos 18,3 millones de yemeníes enfrentan inseguridad alimentaria aguda en niveles de crisis o superiores. En las zonas bajo control de las autoridades de Saná, alrededor de 5,5 millones de personas podrían atravesar una situación de emergencia alimentaria, mientras unas 41.000 enfrentarían condiciones calificadas como catastróficas. El documento también señala que más de 2,2 millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición aguda, incluidos unos 516.000 casos de desnutrición aguda grave.

La crisis sanitaria profundiza el cuadro. Los pacientes con cáncer, insuficiencia renal, enfermedades cardíacas y otras patologías crónicas aparecen entre los principales afectados por la falta de medicamentos, equipamiento y tratamientos especializados. Para muchos de ellos, las restricciones al aeropuerto representan además la imposibilidad de viajar al extranjero para recibir atención médica. El informe advierte asimismo sobre las dificultades para garantizar agua potable, saneamiento e higiene, especialmente entre los desplazados internos, cuya población supera los 6,7 millones de personas que dependían de la asistencia humanitaria antes de la reducción de esos programas.

En materia de seguridad, el informe registra ataques contra el Aeropuerto Internacional de Saná, el puerto de Hodeida y la isla de Kamaran, además de bombardeos en distintas gobernaciones. Según las estadísticas incluidas en el documento, durante julio se produjeron 2.518 ataques, bombardeos o acciones militares en distintas provincias yemeníes. Al Hodeida concentró 1.056 de esos ataques, seguida por Saada, con 1.014, y Taiz, con 385. Las autoridades de Saná también denuncian la persistencia de restos de bombas de racimo, que continúan provocando víctimas, especialmente entre mujeres y niños.

Las estadísticas de víctimas correspondientes a julio contabilizan 20 muertos y 84 heridos, para un total de 104 víctimas. El informe sostiene que entre los afectados hubo mujeres y niños y denuncia además ataques contra viviendas y campamentos de migrantes en la gobernación de Saada. Entre las historias incluidas figura la de Dasta, un migrante etíope que sobrevivió a un ataque contra un refugio y quedó con graves lesiones físicas y psicológicas después de perder a varios de sus compañeros.

La historia de Dasta resume, en el relato del informe, una dimensión que las estadísticas difícilmente pueden expresar: la permanencia de las heridas después del bombardeo. El migrante sobrevivió, pero pasó veinte días sin poder hablar y quedó marcado por la muerte de quienes compartían con él el refugio. El documento utiliza su experiencia para reclamar investigaciones, reparación y rendición de cuentas por las víctimas civiles.

El panorama que deja julio es, por lo tanto, el de un conflicto que lejos de haber entrado definitivamente en una etapa de desescalada parece haber adquirido una nueva dimensión. Saná mantiene abierta la puerta a una salida negociada, pero condiciona cualquier avance a la apertura del aeropuerto, el levantamiento del bloqueo, el pago de los salarios y el cese de los ataques. Al mismo tiempo, la decisión de responder con restricciones marítimas y la amenaza de una política de «bloqueo por bloqueo» elevan el riesgo de una nueva escalada regional.

Después de más de doce años de guerra, Yemen continúa atrapado entre una negociación política inconclusa, una economía devastada y una emergencia humanitaria de enormes proporciones. Julio de 2026 muestra que el aeropuerto de Saná y los puertos del mar Rojo ya no son solamente infraestructuras civiles: se han convertido en piezas centrales de una disputa de poder que conecta el futuro de Yemen con el equilibrio estratégico de todo el mar Rojo.

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La Declaración de Nueva Delhi de los BRICS: entre el Espíritu de Bandung y las contradicciones del presente

Bandung, Palestina, reparaciones y nueva arquitectura económica. La posición de Argelia recuerda una contradicción central: no se puede reivindicar el anticolonialismo y guardar silencio sobre el Sáhara Occidental.

Por Esteban Silva Cuadra

La Declaración de Nueva Delhi adoptada por los BRICS el 12 de septiembre de 2026 constituye un avance político en la transformación de la correlación de fuerzas internacionales y en el cuestionamiento de un orden mundial marcado por profundas desigualdades entre el Norte y el Sur.

Los BRICS no constituyen un bloque homogéneo ni expresan un programa acabado de transformación internacional. Sin embargo, sus consensos sobre multipolaridad, reforma de Naciones Unidas, Palestina, colonialismo, reparaciones históricas, sanciones unilaterales y nueva arquitectura económica y financiera son políticamente relevantes. La Declaración debe ser analizada, por tanto, desde sus avances, pero también desde sus límites y contradicciones.

Bandung y el Sur Global

Uno de sus contenidos más significativos aparece en el párrafo 16, donde los BRICS recuerdan expresamente la Conferencia Afroasiática de Bandung de 1955 y sus principios de igualdad, independencia, no intervención y beneficio mutuo, reconociendo al Espíritu de Bandung como referencia para construir un sistema multilateral más justo, inclusivo y representativo.

Bandung expresó la irrupción política de los pueblos recientemente independizados en un sistema internacional dominado por las grandes potencias. Sus principios de soberanía, autodeterminación, descolonización, no injerencia y cooperación Sur-Sur enlazan históricamente con Belgrado, el nacimiento del Movimiento de Países No Alineados y la actual emergencia del Sur Global.

El párrafo 10 reconoce precisamente al Sur Global como motor de cambio, mientras los párrafos 2 y 7 defienden un orden más justo, representativo y multipolar.

La multipolaridad, sin embargo, no debería significar sustituir una hegemonía por otra, sino ampliar los márgenes de soberanía de los pueblos e impedir que una potencia o un grupo de potencias pueda imponer unilateralmente sus decisiones al conjunto de la humanidad.

Palestina y el derecho a la autodeterminación

Los párrafos 30 al 34 contienen uno de los avances políticos más importantes de la Declaración.

Los BRICS exigen preservar el alto el fuego y garantizar la ayuda humanitaria en Gaza; rechazan el desplazamiento forzado; reconocen el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y al retorno; respaldan la membresía plena de Palestina en Naciones Unidas y un Estado palestino soberano sobre las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como capital.

La Declaración condena además la inanición como método de guerra, los ataques contra civiles e infraestructura sanitaria, respalda a la UNRWA y recuerda las medidas provisionales adoptadas por la Corte Internacional de Justicia en el procedimiento iniciado por Sudáfrica contra Israel. Asimismo, rechaza las medidas destinadas a modificar unilateralmente el estatuto de Jerusalén ocupada.

Desde una perspectiva anticolonialista, estas definiciones son relevantes porque Palestina no puede reducirse simplemente a un “conflicto entre dos partes”. Existe una ocupación, una desposesión territorial y una persistente negación del derecho a la autodeterminación de un pueblo.

Colonialismo, esclavitud y reparaciones históricas

El párrafo 11 reclama erradicar el colonialismo en todas sus formas y manifestaciones y destaca la trata de africanos esclavizados y la esclavitud racializada como uno de los crímenes más graves contra la humanidad.

Esta definición abre necesariamente la cuestión de las reparaciones históricas.

La esclavitud y el colonialismo fueron pilares del proceso de acumulación mediante el cual las potencias coloniales construyeron una parte sustantiva de su riqueza, mientras África, el Caribe, Asia y otros territorios sufrían siglos de saqueo y subordinación.

Las reparaciones no pueden limitarse a lo simbólico. Deben comprender reconocimiento de responsabilidades, restitución patrimonial, transferencia tecnológica, cooperación para el desarrollo, financiamiento justo, revisión de mecanismos de endeudamiento y transformación de estructuras económicas internacionales que continúan reproduciendo desigualdades históricas.

Existe así una relación entre el anticolonialismo del párrafo 11, la reforma de las instituciones de Bretton Woods de los párrafos 17 al 19, el comercio más justo de los párrafos 20 y 21, la soberanía sobre los recursos naturales del párrafo 67 y la incorporación del Sur a segmentos de mayor valor agregado de los párrafos 84 y 86.

Las formas actuales de dependencia pueden expresarse mediante subordinación financiera, tecnológica y comercial, sanciones extraterritoriales y apropiación desigual de los recursos naturales. En esa misma lógica, el párrafo 22 condena las medidas coercitivas unilaterales y el párrafo 27 exige poner fin a las medidas económicas, comerciales y financieras contra Cuba.

El silencio sobre el Sáhara Occidental

Precisamente porque el párrafo 11 reivindica la erradicación del colonialismo, resulta inexplicable que la Declaración guarde silencio sobre el Sáhara Occidental.

El Sáhara Occidental continúa inscrito en Naciones Unidas como territorio no autónomo pendiente de descolonización y la causa saharaui forma parte inseparable de la historia de las luchas africanas contra el colonialismo.

También se echa de menos una referencia más explícita a la Unión Africana, a su tradición anticolonialista y a sus principios de soberanía y autodeterminación. La República Árabe Saharaui Democrática forma parte de esa organización.

No basta, por tanto, con reclamar —como correctamente hace el párrafo 13— una mayor representación de África en las instituciones internacionales. También debe escucharse la posición africana frente a los procesos todavía pendientes de descolonización.

El párrafo 67, que reconoce los derechos soberanos sobre los recursos naturales, plantea otra contradicción. Mientras no exista una solución definitiva basada en el ejercicio efectivo del derecho a la autodeterminación, debe protegerse la soberanía permanente del pueblo saharaui sobre sus recursos naturales.

Ninguna potencia ocupante puede disponer legítimamente de las riquezas de un territorio pendiente de descolonización ignorando los derechos y la voluntad de su pueblo. Del mismo modo, deben respetarse los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario y mantenerse la solidaridad con los presos políticos y defensores saharauis de los derechos humanos.

Palestina y el Sáhara Occidental poseen historias y situaciones jurídicas diferentes, pero comparten un principio universal: ningún pueblo puede ser privado indefinidamente del derecho a decidir libremente su destino.

Nuestro internacionalismo no puede establecer jerarquías entre pueblos ocupados.

Argelia: Bandung, MNOAL y las nuevas herramientas del Sur Global

En este debate adquiere especial relevancia Argelia, que representa hoy una de las expresiones más consecuentes de la tradición política de Bandung, del Movimiento de Países No Alineados y del anticolonialismo africano.

Argelia sostiene simultáneamente el derecho del pueblo palestino y del pueblo saharaui a la autodeterminación. En la XIX Cumbre del MNOAL, el presidente Abdelmadjid Tebboune vinculó ambas causas con el derecho de los pueblos a decidir su destino y con la necesidad de terminar con las formas todavía existentes de ocupación y colonialismo.

Esta posición demuestra que no existe contradicción entre defender firmemente Palestina y sostener con la misma consecuencia los derechos nacionales del pueblo saharaui.

Argelia no integra los BRICS, pero desde mayo de 2025 es miembro del Nuevo Banco de Desarrollo, creado por ese agrupamiento. Su participación permite visualizar una convergencia posible entre la tradición histórica de Bandung y el MNOAL y las nuevas herramientas financieras surgidas en torno a los BRICS, sin confundir espacios que poseen historias y funciones diferentes.

Democratizar Naciones Unidas

Los párrafos 7, 8 y 13 reclaman mayor representación de África, Asia, América Latina y el Caribe y de los países en desarrollo en los procesos internacionales de toma de decisiones.

El párrafo 13 plantea una reforma integral de Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad y reconoce las aspiraciones africanas expresadas en el Consenso de Ezulwini y la Declaración de Sirte.

Es un avance, pero todavía insuficiente. Democratizar Naciones Unidas no puede significar únicamente incorporar nuevos miembros permanentes al Consejo de Seguridad. Exige también discutir el privilegio del veto, fortalecer la Asamblea General y terminar con la aplicación selectiva del derecho internacional.

Nueva arquitectura económica, financiera y comercial

Aquí se juega una parte sustantiva de la capacidad transformadora de los BRICS.

Los párrafos 17 al 19 plantean reformar el FMI y el Banco Mundial aumentando la representación de las economías emergentes y países en desarrollo, mientras los párrafos 20 y 21 defienden una reforma de la OMC y un sistema comercial más equitativo.

El párrafo 90 propone ampliar el uso de monedas locales y desarrollar sistemas de pagos transfronterizos más accesibles. A ello se suman el Acuerdo de Reservas de Contingencia (97), los mecanismos multilaterales de garantías (102) y el Nuevo Banco de Desarrollo (115).

No estamos todavía ante una moneda común ni frente a una ruptura con el dólar o con las instituciones de Bretton Woods, pero sí ante esfuerzos que pueden ampliar progresivamente los márgenes de autonomía financiera del Sur.

Desde América Latina y el Caribe sabemos, sin embargo, que no basta aumentar el comercio si sus reglas reproducen estructuras de dependencia. La experiencia de América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, Chile Mejor Sin TLC y LATINDADD muestra que un comercio verdaderamente justo debe permitir industrialización, soberanía alimentaria, energética y tecnológica y capacidad de los Estados para definir sus propias estrategias de desarrollo.

La discusión recupera también la vigencia de la teoría latinoamericana de la dependencia y del enfoque centro-periferia: diversificar socios comerciales no transforma por sí solo las relaciones estructurales de subordinación si el Sur continúa exportando materias primas mientras la tecnología, el financiamiento y el mayor valor agregado permanecen concentrados en otros centros.

En ese sentido, los párrafos 67, 84 y 86 son particularmente importantes: reconocen la soberanía sobre minerales críticos y plantean industrialización, transferencia tecnológica y una mayor participación de los países en desarrollo en los segmentos de alto valor agregado.

La experiencia chilena es ilustrativa. Décadas de apertura comercial no modificaron estructuralmente nuestro carácter de economía fundamentalmente exportadora de materias primas.

La pregunta central sigue siendo, entonces: qué comercio, bajo qué reglas, entre quiénes y al servicio de qué proyecto de desarrollo.

Una nueva arquitectura económica internacional sólo será verdaderamente transformadora si contribuye a superar la vieja división internacional del trabajo mediante soberanía sobre los recursos naturales, industrialización, agregación de valor, transferencia tecnológica, comercio justo y cooperación Sur-Sur.

Contradicciones y balance desde el Sur Global

Los BRICS no son un nuevo Movimiento de Países No Alineados ni constituyen un bloque ideológico.

Su propuesta financiera continúa siendo principalmente reformista; sus mecanismos propios son todavía embrionarios y persisten vínculos importantes con las instituciones que buscan reformar. Existe, por tanto, una diferencia entre conquistar mayores espacios dentro del sistema existente y transformar sus estructuras.

La otra contradicción central aparece entre el llamado a erradicar el colonialismo del párrafo 11, la reivindicación del Espíritu de Bandung del párrafo 16 y el silencio sobre el Sáhara Occidental. La posición de Argelia demuestra que es posible participar de las nuevas herramientas económicas del Sur y mantener al mismo tiempo una política consecuentemente anticolonial respecto de Palestina y el pueblo saharaui.

Estas contradicciones deben señalarse sin desconocer el significado general de la Declaración: expresa una correlación mundial en transformación y la búsqueda de mayores márgenes de soberanía por parte del Sur Global.

Por eso resulta particularmente importante que los BRICS hayan recuperado el Espíritu de Bandung.

Bandung significó que los pueblos sometidos al colonialismo comenzaron a dejar de ser objetos de la política mundial para convertirse en sujetos de su propia historia. Setenta y un años después, la tarea consiste en convertir esa memoria en poder político y económico efectivo.

Los BRICS no constituyen una alternativa acabada, pero pueden contribuir, junto al MNOAL, la Unión Africana, las articulaciones latinoamericanas y caribeñas y otras expresiones del Sur Global, a construir un mundo multipolar, soberano, anticolonial y más justo.

El desafío histórico continúa siendo que el Sur deje definitivamente de ser periferia subordinada y se transforme en sujeto político, económico y civilizatorio de un nuevo orden mundial, construyendo desde sus propias soberanías una cooperación entre pueblos y Estados fundada en la complementariedad, la igualdad, el beneficio mutuo y la autodeterminación.

Notas y referencias

[1] Esteban Silva Cuadra, “A 65 años del Movimiento de Países No Alineados: Bandung, Argelia, Allende y la vigencia del Sur Global”, InfoSurGlobal, septiembre de 2026. Sobre Bandung, Belgrado, MNOAL y cooperación Sur-Sur.
Leer en InfoSurGlobal

[2] Esteban Silva Cuadra, “Las causas saharaui y palestina son indisociables”, InfoSurGlobal, agosto de 2025. Sobre autodeterminación y coherencia anticolonial.
Leer entrevista

[3] Esteban Silva Cuadra, “Soberanía o recolonización: la gran batalla de los pueblos de América Latina y el Caribe”, América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, julio de 2026. Sobre neocolonialismo y nuevas formas de dependencia.
Leer artículo

[4] Plataforma América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, Declaración de la Tercera Asamblea Continental, Santiago, mayo de 2025. Sobre soberanía económica y alternativas a los TLC.
Leer declaración

[5] Lucía Sepúlveda / Chile Mejor Sin TLC, “TLC Chile-EEUU, 23 años de promesas incumplidas”, 2026. Balance sobre extractivismo y diversificación productiva.
Leer documento

[6] Esteban Silva Cuadra, “Chile no puede negociar su soberanía”, América Latina y el Caribe Mejor Sin TLC, agosto de 2026. Sobre autonomía, política productiva e integración regional.
Leer artículo

[7] LATINDADD, “BRICS: el reto de construir una nueva arquitectura financiera global”, mayo de 2025. Sobre BRICS y transformación del sistema financiero internacional.
Leer análisis

[8] LATINDADD, “BRICS 2026: balance de los avances rumbo a la Cumbre de Nueva Delhi”, agosto de 2026. Sobre gobernanza global, cooperación Sur-Sur y agenda financiera.
Leer balance

[9] Presidente Abdelmadjid Tebboune, intervención ante la XIX Cumbre del Movimiento de Países No Alineados. Sobre Palestina, Sáhara Occidental, autodeterminación y anticolonialismo.
Consultar Ministerio de Relaciones Exteriores de Argelia

[10] Nuevo Banco de Desarrollo, “Algeria officially becomes member country of New Development Bank”, mayo de 2025. Sobre la incorporación de Argelia al banco creado por los BRICS.
Consultar Nuevo Banco de Desarrollo

[11] André Nassif, “El modelo centro-periferia y la economía política de la CEPAL: ayer y hoy”, Revista CEPAL, diciembre de 2024. Sobre la vigencia contemporánea del enfoque centro-periferia y las restricciones estructurales que enfrentan las economías periféricas.
Consultar publicación de CEPAL

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El Sáhara Occidental: la herida abierta del colonialismo en el siglo XXI

Por Carlos Martínez*

Hay causas que trascienden las fronteras y los intereses de los poderosos. Hay luchas que, aunque silenciadas por los grandes medios y ninguneadas por las cancillerías occidentales, se sostienen en la verdad histórica, en el derecho y en la dignidad de un pueblo. La causa del Sáhara Occidental es una de ellas. No es solo una causa anticolonial y antiimperialista; es también la causa de la justicia, del derecho internacional y del principio fundamental de que ningún pueblo puede ser sometido contra su voluntad.

El Sáhara Occidental figura todavía hoy en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas. Fue incluido en 1963 y, desde entonces, la comunidad internacional ha sido clara: España sigue siendo de iure la potencia administradora del territorio. La Asamblea General de la ONU estableció ya en 1965, mediante la Resolución 2072, que España debía conducir el Sáhara Occidental hacia su emancipación política. Pero ese proceso quedó truncado.

Los llamados Acuerdos de Madrid de 1975, firmados en la agonía del franquismo, no transfirieron la soberanía del territorio ni modificaron su estatus jurídico internacional. El asesor jurídico de Naciones Unidas lo recordó en 2002: España no podía disponer unilateralmente de su condición de potencia administradora ni transferir la soberanía del territorio. Ese criterio ha sido reiterado incluso por la Audiencia Nacional española en 2014.

Sin embargo, el referéndum de autodeterminación prometido sigue sin celebrarse. La MINURSO fue establecida en 1991 para organizar esa consulta. Más de treinta años después, el pueblo saharaui sigue esperando. La reciente Resolución 2797 del Consejo de Seguridad, adoptada el 31 de octubre de 2025, renueva un año más el mandato de la MINURSO, pero evita abrir vías sustantivas que permitan avanzar hacia el referéndum. Es la misma inacción de siempre, el mismo aplazamiento que favorece al ocupante.

La traición de 1975 y la cesión de 2022

España no solo abandonó su responsabilidad; la entregó a manos de quien no tenía derecho a recibirla. El 9 de noviembre de 1975, el rey Juan Carlos I, impuesto por Franco y “hermano” del monarca alauita Hassan II, pactó la entrega del Sáhara a Marruecos. No fue un acto de estado mayoritario ni consultado; fue una cesión vergonzosa, urdida en despachos, que condenó a un pueblo entero a la ocupación.

Y medio siglo después, la historia se repitió. Pedro Sánchez, sin consultar al Parlamento ni al pueblo español, cambió la histórica posición de neutralidad de España y apoyó el plan de autonomía marroquí como “la base más seria, realista y creíble” para una solución. Un giro que muchos analistas han interpretado como una progresiva política de acomodación a las posiciones de Rabat. El acuerdo administrativo firmado en diciembre de 2025 entre los ministerios de Educación de España y Marruecos, que cede la enseñanza en el colegio español La Paz de El Aaiún a la administración educativa marroquí, es solo el último episodio de esta rendición. Marruecos ha visto la debilidad del Reino de España y sus gobiernos y a diferencia de ellos sabe lo que quiere y como conseguirlo, mientras que las autoridades españolas carecen de plan y su sujeción a los intereses de los EEUU y su miedo a la corona alauita junto a sus dadivas y corrupciones, mantiene un política errática, miedosa y liberal carente de toda defensa de la soberanía propia y la dignidad.

Marruecos, EE.UU. e Israel: el eje de la ocupación

Marruecos no actúa solo. Su expansión territorial, basada en supuestos derechos históricos de antiguos sultanatos que nada tienen que ver con el derecho internacional contemporáneo, se sostiene sobre alianzas estratégicas con las potencias occidentales y con el ente sionista de Israel.

En diciembre de 2020, la Administración Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel. Fue un canje vergonzoso: un territorio pendiente de descolonización se convirtió en moneda de cambio en los Acuerdos de Abraham. Desde entonces, Estados Unidos ha reiterado su apoyo a la posición de Rabat, y Francia y Alemania han calificado el plan de autonomía marroquí como “serio y creíble”. La alianza con Israel, con cooperación en seguridad, tecnología y economía, ha dado a Marruecos un respaldo político y militar sin precedentes.

Esta alianza no es un fenómeno aislado. Es parte de un nuevo mapa de alianzas que debilita la posición negociadora de Europa y convierte el Mediterráneo en un escenario de presión y chantaje. Marruecos ha aprendido que puede usar la presión migratoria como arma de negociación. No es un socio de fiar; es un país que juega sistemáticamente con cartas marcadas.

Pero la dinastía alauita también convierte a su propio pueblo en objeto de su explotación y expropiación de riquezas y derechos, empobreciéndolo y negándole el bienestar, manipulándole y oprimiendo a otras minorías interirores, mientras su rey posee la quinta fortuna más grande de África.

El Frente Polisario: la voz legítima de un pueblo

Frente a esta alianza de potencias coloniales y neo-coloniales, el Frente Polisario se mantiene en pie. No es un grupo más en disputa con otros; es el único representante legítimo del pueblo saharaui, reconocido como tal por la ONU y por la Unión Africana. La Asamblea General de Naciones Unidas, mediante las Resoluciones 34/37 (1979) y 35/19 (1980), reconoció al Frente Polisario como representante del pueblo del Sáhara Occidental. Desde 1984, la República Árabe Saharaui Democrática es miembro de pleno derecho de la Unión Africana.

La inmensa mayoría de las potencias africanas, todas ellas ex colonias, reconocen al Frente Polisario como el legítimo representante del pueblo saharaui. Numerosas naciones, partidos políticos y asociaciones internacionales respaldan su causa. La lucha saharaui es, además, una causa antiimperialista. Marruecos, EE.UU. e Israel solo gozan del apoyo de potencias que fueron colonizadoras y que desean hacer del reino alauita una base contra el multilateralismo y la soberanía de los pueblos.

Neocolonialismo: el expolio del Sur Global

El Sáhara Occidental no es un caso aislado. Es la expresión de una lacra más amplia: el neocolonialismo. Occidente y sus potencias siguen practicando la usurpación y expropiación de las riquezas naturales del Sur Global. El Sáhara Occidental es un territorio rico en fosfatos, pesca, hidrocarburos y otros recursos. Su ocupación bloquea la explotación de esos recursos por su población autóctona, mientras la corona se los ofrece a empresas multinacionales y a potencias extranjeras que están entrando a saco en el Sahara Occidental.

Marruecos, con la connivencia de EE.UU., Israel, la OTAN y la Unión Europea, mantiene un escenario de guerra y ocupación para asegurar el control de esas riquezas. Cuando las naciones del mundo demuestran ser capaces de lograr su propio desarrollo, las potencias coloniales recurren a sátrapas o a la guerra. La causa saharaui expresa que el colonialismo sigue presente, y que tanto Marruecos por sí mismo como por delegación occidental lo ejerce, al igual que el ente sionista de Israel en Palestina o Gran Bretaña en Gibraltar.

La justicia no prescribe

El Sáhara Occidental es la última colonia de África. Es el recordatorio de que el colonialismo no es un asunto del pasado, sino una realidad presente. Es la prueba de que el derecho internacional puede ser violado impunemente cuando los poderosos así lo deciden. Pero la justicia no prescribe. El pueblo saharaui sigue en pie, el Frente Polisario sigue luchando, y la comunidad internacional tiene la obligación moral y jurídica de exigir el cumplimiento de las resoluciones de la ONU.

España, como potencia administradora, tiene la obligación de contribuir a un referéndum de autodeterminación. No puede lavarse las manos. No puede esconderse tras acuerdos vergonzosos. El pueblo saharaui merece decidir su futuro. Y el mundo, si realmente cree en la justicia, en el derecho internacional y en la soberanía de los pueblos, debe estar de su lado.

*Politólogo y miembro de Sovintern

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