Patagonia: la retirada de YPF destruyó 18 mil puestos de trabajo
Mientras el gobierno nacional exhibe a la energía y a los hidrocarburos como motores del crecimiento de la economía mileísta, en la Patagonia el saldo es el inverso: desindustrialización, caída de la producción, desplome de regalías y 18 mil puestos de trabajo destruidos.
La política hidrocarburífera actual, lejos de fortalecer el entramado productivo, está desmantelando décadas de desarrollo regional.
El eje de esta reconfiguración fue el abandono por parte de YPF de 55 áreas maduras —los llamados “pozos viejos”— en el marco del denominado “Plan Andes”, iniciado en 2024. Bajo el argumento de concentrar inversiones en Vaca Muerta y el no convencional, la petrolera controlada por el Estado se retiró de áreas convencionales en Mendoza, Santa Cruz y Chubut, dejando tras de sí pasivos ambientales, yacimientos revertidos y un fuerte retroceso económico en las provincias afectadas.
En Mendoza, la salida de áreas estratégicas como Malargüe y Chachahuén implicó despidos y caída de ingresos por regalías. En Santa Cruz, YPF devolvió diez yacimientos maduros en la zona del Golfo San Jorge. En Chubut, vendió el campo convencional Manantiales Behr a Limay Energía (Grupo Rovella). En todos los casos, el retiro se tradujo en menos actividad, menos producción y menos empleo.
Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), más de 18 mil trabajadores quedaron en la calle en los últimos dos años: alrededor de 10 mil en Santa Cruz y más de 8 mil en Chubut. No se trata únicamente de operarios petroleros. La destrucción de empleo alcanzó también a la construcción y al comercio, sectores estrechamente vinculados a la actividad hidrocarburífera. La Cámara de Comercio registró más de 400 cierres en 2024 y otros 350 en 2025. Pueblos enteros, cuya economía dependía del petróleo convencional, quedaron al borde del colapso.
Desde YPF intentaron relativizar el impacto señalando que muchos trabajadores no pertenecían directamente a la empresa, sino a firmas de servicios, y que cobraron un “stand-by” mientras duró la transición. Sin embargo, ese argumento omite una cuestión central: la política de retiro fue definida por la conducción de la empresa estatal. La responsabilidad sobre la ruptura de contratos, la paralización de actividades y la pérdida de empleo no desaparece por tercerizar los vínculos laborales.
La salida de YPF también implicó la pérdida de contratos para al menos 40 PyMEs locales, según denunció la Cámara de Empresas de la Cuenca del Golfo San Jorge. En su lugar, comenzaron a desembarcar compañías intermedias sin antecedentes productivos sólidos ni compromisos claros de inversión o empleo local. Entre ellas, Bentia Energy, fundada en julio de 2024 por el ex ministro macrista Javier Iguacel con un capital de apenas 30 millones, que se quedó con cuatro pozos de YPF. El reemplazo de una empresa centenaria por firmas de escasa trayectoria plantea serias dudas sobre la sustentabilidad del modelo.
El impacto productivo ya es visible. La salida de YPF de la Cuenca del Golfo San Jorge derivó en una caída cercana al 20% en la producción petrolera, según datos oficiales. Esta contracción golpeó de lleno las regalías provinciales, pieza clave de las finanzas públicas patagónicas.
Un informe del Centro de Estudios Fundar, “Comodoro Rivadavia y el fin de un ciclo”, basado en datos de la Subsecretaría de Coordinación Fiscal Provincial del Ministerio de Economía, señala que en el primer semestre de 2025 las regalías representaron el 13,8% de los ingresos totales de Santa Cruz y el 17,4% en Chubut. En términos reales, esto implicó una pérdida del 30% del valor de las regalías para Santa Cruz y del 19% para Chubut. La consecuencia es directa: menos recursos para sostener servicios públicos y menor capacidad para diseñar políticas de transición frente a la crisis hidrocarburífera.
En nombre de la eficiencia y la focalización en Vaca Muerta, la política hidrocarburífera del gobierno prioriza la rentabilidad de corto plazo y la concentración geográfica de inversiones, pero desatiende el entramado productivo regional y la función estratégica de una empresa como YPF. El resultado es una Patagonia más dependiente, con menos empleo, menos industria y menos ingresos fiscales.
La paradoja es evidente: en un contexto en el que la energía encabeza los índices de crecimiento macroeconómico, el abandono de YPF destruyó 18 mil puestos de trabajo en la Patagonia y dejó a provincias enteras enfrentando el costo social de una decisión política que reconfigura el mapa energético sin plan de desarrollo federal ni compromiso con el empleo local.




