Advierten que el calculo realizado por el Gobierno tiene varias limitaciones y sesgos que no permiten brindar un panorama completo de la situaciÃģn.
El Gobierno de Javier Milei celebrÃģ este lunes la publicaciÃģn de los nuevos datos oficiales sobre pobreza en Argentina, que reflejan una fuerte caÃda en el segundo semestre de 2024. Sin embargo, especialistas advierten que la metodologÃa utilizada para medir la pobreza presenta serias limitaciones y podrÃa estar ofreciendo una imagen distorsionada de la realidad social del paÃs.
De acuerdo con el informe difundido por el Instituto Nacional de EstadÃstica y Censos (Indec), la tasa de pobreza cayÃģ al 38,1 % en el segundo semestre de 2024, registrando un retroceso de 14,8 puntos porcentuales respecto al primer semestre, cuando se ubicÃģ en el 52,9 %, el nivel mÃĄs alto desde 2003. La tasa de indigencia, por su parte, se redujo al 8,2 %, una caÃda de 9,9 puntos porcentuales en el mismo perÃodo.
Sin embargo, economistas y analistas sociales ponen en duda la validez de estos nÚmeros, seÃąalando que la mediciÃģn oficial excluye sectores vulnerables y no refleja el deterioro de las condiciones de vida de amplias franjas de la poblaciÃģn.
MetodologÃa limitada y exclusiÃģn de sectores vulnerables
Uno de los principales cuestionamientos a las cifras oficiales es que el cÃĄlculo del Indec solo considera los 31 principales centros urbanos del paÃs, lo que equivale a 29,8 millones de personas sobre una poblaciÃģn total de aproximadamente 47 millones. “La mediciÃģn cubre Únicamente a ciudades de 100.000 o mÃĄs habitantes, sin captar la situaciÃģn en ciudades pequeÃąas o ÃĄreas rurales, donde la estructura de la pobreza podrÃa ser distinta”, advirtiÃģ el economista Leopoldo Tornarolli, investigador del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.
AdemÃĄs, el Indec mide la pobreza Únicamente en funciÃģn de los ingresos declarados por los hogares y su capacidad para cubrir la canasta bÃĄsica de alimentos y servicios, sin considerar otros factores clave como el acceso a vivienda, salud o educaciÃģn. Expertos del Observatorio de la Deuda Social (ODSA) de la Universidad CatÃģlica Argentina remarcan que la metodologÃa actual no tiene en cuenta el peso creciente de los gastos fijos, como tarifas de servicios pÚblicos o transporte, lo que impacta de manera significativa en la capacidad adquisitiva de los hogares.
“Las mejoras en el ingreso familiar real no implican necesariamente mejores consumos corrientes”, seÃąala el ODSA, al advertir que, pese a la reducciÃģn oficial de la pobreza e indigencia, otros indicadores como la pobreza multidimensional, la inseguridad alimentaria y la falta de acceso a medicamentos y salud han seguido en aumento.
La pobreza encubierta: los “casi pobres”
El economista Alfredo Serrano Mancilla, director del Centro EstratÃĐgico Latinoamericano de GeopolÃtica, sostiene que Argentina atraviesa una transformaciÃģn estructural en la distribuciÃģn del ingreso, con una clase media en rÃĄpido proceso de desapariciÃģn y un sector cada vez mayor de la poblaciÃģn ubicado en la franja de los “casi pobres”. Este grupo tiene ingresos apenas superiores al umbral de pobreza, pero vive en condiciones similares a quienes estÃĄn formalmente bajo la lÃnea de pobreza.
Si se suman los pobres y los “casi pobres”, cerca del 80 % de la poblaciÃģn argentina estarÃa en situaciÃģn de vulnerabilidad. Un ejemplo claro es el caso de los jubilados, muchos de los cuales sobreviven con pensiones apenas por encima de la lÃnea de pobreza del Indec, pero muy por debajo del costo real de la canasta bÃĄsica de la tercera edad calculada por la DefensorÃa de la Tercera Edad.
En paralelo, la demanda de asistencia alimentaria en comedores sociales ha crecido significativamente, y el nÚmero de personas en situaciÃģn de calle en Buenos Aires y otras ciudades sigue en aumento. SegÚn organizaciones sociales, la cantidad de personas sin techo en la capital oscila entre 4.000 y 12.000, dependiendo de la fuente consultada.
Deficiencias en la metodologÃa del Indec
Especialistas del Centro de EconomÃa PolÃtica Argentina (CEPA) advierten que los bruscos cambios en los precios relativos durante 2024 distorsionan el Ãndice de inflaciÃģn y, por ende, afectan la mediciÃģn de la pobreza por ingresos. SegÚn el CEPA, la actualizaciÃģn de la Canasta BÃĄsica Total (CBT) se basa en patrones de consumo desactualizados y en encuestas que no reflejan la estructura actual del gasto de los hogares.
Uno de los problemas clave es la utilizaciÃģn de la Encuesta de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004/5 para estimar la relaciÃģn entre gasto alimentario y no alimentario, lo que genera un coeficiente que subestima el peso de servicios y transporte en la economÃa de las familias. En un contexto de fuertes aumentos en estos rubros, la metodologÃa del Indec no logra captar el impacto real en el poder adquisitivo de la poblaciÃģn, lo que lleva a una subestimaciÃģn de la pobreza.
El deterioro del poder adquisitivo y el consumo
A pesar de la desaceleraciÃģn de la inflaciÃģn, el poder adquisitivo de los trabajadores ha seguido deteriorÃĄndose. SegÚn el Último informe del Indec, los salarios de los trabajadores registrados crecieron un 2,3 % en enero, mientras que los empleados pÚblicos solo recibieron un incremento del 0,9 %. En ambos casos, la inflaciÃģn erosionÃģ los ingresos, lo que se reflejÃģ en una caÃda del 10 % en el consumo de alimentos en el primer mes del aÃąo.
Las proyecciones privadas indican que la inflaciÃģn habrÃa vuelto a acelerarse en marzo, impulsada por aumentos en alimentos, transporte y educaciÃģn. Consultoras como Analytica, LCG y Eco Go estiman que el Ãndice de precios al consumidor (IPC) de marzo se ubicÃģ entre el 2,5 % y el 3 %, lo que afectarÃĄ aÚn mÃĄs el poder adquisitivo de los sectores mÃĄs vulnerables.
Una imagen distorsionada de la pobreza
El anÃĄlisis de los especialistas deja en evidencia que los datos oficiales sobre pobreza ofrecen solo una visiÃģn parcial de la realidad social de Argentina. La metodologÃa utilizada por el Indec presenta serias limitaciones y no refleja adecuadamente el impacto del ajuste econÃģmico y la inflaciÃģn en las condiciones de vida de la poblaciÃģn.
El Gobierno de Milei deberÃĄ enfrentar en los prÃģximos meses el desafÃo de explicar cÃģmo conciliarÃĄ su relato sobre la reducciÃģn de la pobreza con el deterioro evidente del poder adquisitivo y el creciente malestar social. Con una inflaciÃģn en ascenso y paritarias aÚn insuficientes para compensar la pÃĐrdida de ingresos, la supuesta mejora de los indicadores sociales podrÃa convertirse en una ilusiÃģn estadÃstica de corta duraciÃģn.