Jubilaciones: el ajuste encubierto de Milei ya implicó una pérdida de hasta 25% en los haberes
Aunque el Gobierno negó un recorte directo, el cambio de la fórmula previsional y el congelamiento del bono funcionaron como una licuadora silenciosa sobre los haberes. En la comparación con el esquema anterior, los jubilados cobran hoy hasta un 25% menos de lo que deberían.
En el marco del ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei, las jubilaciones fueron uno de los blancos centrales de la motosierra. Si bien el Ejecutivo no aplicó un recorte nominal directo sobre los haberes, la decisión de modificar por decreto la fórmula de movilidad previsional derivó en una pérdida concreta y acumulada que, según distintos análisis, ya alcanzó hasta un 25% respecto de lo que los jubilados hubieran cobrado de haberse mantenido el esquema anterior.
Más adelante, el impacto se explicó a partir del cambio dispuesto vía DNU 274/2024, mediante el cual el Gobierno reemplazó la fórmula que combinaba salarios y recaudación por una actualización atada exclusivamente a la inflación. Esa modificación, presentada como una medida “neutral”, implicó en los hechos que los haberes crecieran menos que bajo el régimen previo, especialmente en un contexto de recuperación parcial de ingresos y actividad. La comparación entre ambos esquemas dejó en evidencia que, hacia fines de 2025, las jubilaciones deberían haber sido alrededor de un 25 a 27% más altas sin el cambio impuesto por Milei.
En el mismo tono, otro factor clave del ajuste fue el congelamiento del bono previsional. El refuerzo de $70.000, que alcanzó a millones de jubilados y pensionados, permaneció fijo mientras la inflación continuó licuando su valor real. De este modo, incluso quienes percibieron el bono vieron deteriorarse su ingreso total mes a mes, profundizando la pérdida de poder adquisitivo en los sectores más vulnerables del sistema previsional.
Finalmente, por más que Milei y su junta insistieron en negar un “recorte”, los números mostraron otra cosa: el ajuste existió, fue deliberado y tuvo consecuencias directas sobre los ingresos de los jubilados. No se trató de una poda explícita, sino de una estrategia de licuación sostenida, que volvió a colocar el peso del programa económico sobre quienes menos margen tienen para resistirlo.









