El Deutsche Bank, entidad en la que trabajaron el ministro de EconomÃa y el titular del Banco Central, participÃģ de las operaciones financieras con las reservas de oro que terminaron en una pÃĐrdida millonaria para el paÃs. Mientras el Estado afronta el agujero, el Gobierno se niega a entregar los contratos a la AuditorÃa General de la NaciÃģn.
El escÃĄndalo por el manejo de las reservas de oro argentinas suma un dato explosivo: el Deutsche Bank, antiguo empleador de Luis Caputo y Santiago Bausili, fue una de las entidades financieras que participaron de las operaciones que dejaron un resultado negativo de US$ 1.023 millones para el Banco Central durante 2025. La informaciÃģn, publicada por PÃĄgina/12 a partir de una fuente del propio organismo, profundiza las sospechas sobre posibles conflictos de intereses y pone bajo la lupa las decisiones de los funcionarios responsables de administrar los activos estratÃĐgicos del paÃs.
La pregunta es inevitable: ÂŋcÃģmo se explica que el Gobierno haya realizado una operatoria que perjudicÃģ las cuentas pÚblicas y que, al mismo tiempo, involucrÃģ a una entidad financiera para la cual trabajaron sus principales responsables econÃģmicos?
Luis Caputo llegÃģ a presidir el Deutsche Bank en Argentina en 2008, mientras que Santiago Bausili tambiÃĐn desarrollÃģ parte de su carrera profesional en esa instituciÃģn. Hoy, ambos ocupan puestos centrales en la conducciÃģn econÃģmica del paÃs: uno dirige el Ministerio de EconomÃa y el otro conduce el Banco Central. El banco de sus antecedentes profesionales aparece ahora entre las contrapartes de una operaciÃģn financiera que comprometiÃģ recursos de todos los argentinos.
La coincidencia no demuestra por sà sola la existencia de corrupciÃģn, pero configura un serio interrogante ÃĐtico y exige explicaciones pÚblicas. MÃĄs aÚn cuando estÃĄn en juego las reservas nacionales y cuando las autoridades se resisten a transparentar las condiciones de los contratos que originaron las pÃĐrdidas.
Una apuesta financiera que terminÃģ en un agujero de US$ 1.023 millones
El mecanismo utilizado involucrÃģ contratos de opciones financieras sobre el oro. En tÃĐrminos sencillos, el Banco Central concediÃģ a entidades financieras el derecho a comprar el metal a un precio pactado de algo mÃĄs de US$ 3.000 por onza. Cuando la cotizaciÃģn internacional superÃģ los US$ 4.000, la operaciÃģn terminÃģ jugando en contra de la Argentina.
SegÚn la reconstrucciÃģn publicada por PÃĄgina/12, el resultado negativo incluyÃģ aproximadamente US$ 960 millones vinculados con esas operaciones y otros US$ 63 millones correspondientes a una cobertura contratada para protegerse frente a una eventual caÃda del precio del oro.
En otras palabras, mientras el metal precioso aumentaba su cotizaciÃģn internacional, la estrategia financiera del Gobierno reducÃa los beneficios que el paÃs podrÃa haber obtenido de sus propias reservas. El balance terminÃģ registrando una pÃĐrdida de US$ 1.023 millones, cubierta con divisas de las reservas del Banco Central.
El contraste es brutal: una administraciÃģn que justifica el ajuste sobre jubilados, trabajadores, universidades y servicios pÚblicos en nombre de la escasez de recursos terminÃģ afrontando una pÃĐrdida de semejante magnitud en operaciones financieras cuyo detalle todavÃa no se conoce por completo.
El Deutsche Bank ganÃģ, pero el Gobierno oculta los contratos
Uno de los aspectos mÃĄs graves del caso es la falta de transparencia. SegÚn la investigaciÃģn periodÃstica, el Banco Central mantiene bajo reserva la identidad completa de las contrapartes, las condiciones de las operaciones y los contratos correspondientes. La AGN reclama esa documentaciÃģn para evaluar quÃĐ se hizo con el oro argentino, quiÃĐnes autorizaron las operaciones y cuÃĄles fueron sus resultados.
La participaciÃģn del Deutsche Bank fue identificada por una fuente del BCRA citada por PÃĄgina/12. Sin embargo, todavÃa no se conoce pÚblicamente cuÃĄnto obtuvo esa entidad, quÃĐ proporciÃģn del negocio representÃģ su participaciÃģn ni si intervinieron otros bancos. Sin los contratos, resulta imposible reconstruir de manera independiente el reparto de los beneficios y establecer todas las responsabilidades.
La negativa a facilitar esa documentaciÃģn agrava las sospechas. Si la operatoria fue conveniente, legal y correctamente ejecutada, Âŋpor quÃĐ no exhibir los contratos ante el organismo encargado de auditar la gestiÃģn? ÂŋQuÃĐ informaciÃģn se pretende mantener fuera del alcance de los controles pÚblicos?
La opacidad no reemplaza una prueba judicial de corrupciÃģn, pero sà constituye un problema institucional de primer orden cuando se trata de activos soberanos y pÃĐrdidas millonarias.
Caputo y Bausili, bajo la lupa por sus vÃnculos con la banca privada
Los antecedentes profesionales de ambos funcionarios vuelven especialmente sensible el episodio. Caputo y Bausili trabajaron en el Deutsche Bank y, durante la gestiÃģn de Mauricio Macri, la entidad tambiÃĐn intervino en operaciones de colocaciÃģn de deuda soberana argentina en los mercados internacionales.
La relaciÃģn entre los funcionarios y el sistema financiero privado no es, por sà misma, una irregularidad. El problema es determinar si existieron incompatibilidades, conflictos de intereses o decisiones que favorecieron indebidamente a entidades con las que mantenÃan vÃnculos profesionales previos.
Por eso, la cuestiÃģn no puede resolverse con declaraciones polÃticas ni con explicaciones generales sobre la evoluciÃģn del precio del oro. Hace falta conocer quiÃĐn negociÃģ, quiÃĐn autorizÃģ, quÃĐ condiciones se pactaron, quÃĐ entidades cobraron y por quÃĐ se eligiÃģ una estrategia que terminÃģ generando semejante perjuicio.
La responsabilidad polÃtica de Caputo y Bausili es ineludible: ambos deben explicar cÃģmo se diseÃąÃģ y aprobÃģ la operaciÃģn, quÃĐ controles se aplicaron y quÃĐ medidas se tomaron para proteger el patrimonio pÚblico.
La AGN exige respuestas mientras crece el escÃĄndalo
La AuditorÃa General de la NaciÃģn reclama los contratos, las fechas de las operaciones, las firmas de los responsables y la identificaciÃģn de todas las entidades participantes. La documentaciÃģn es indispensable para determinar si las decisiones se ajustaron a las normas, si existieron fallas de gestiÃģn y si corresponde establecer responsabilidades administrativas, patrimoniales o penales.
El caso tambiÃĐn vuelve a poner en discusiÃģn el traslado de oro argentino al exterior y la falta de informaciÃģn pÚblica suficiente sobre su trazabilidad y destino. El Gobierno debe aclarar tanto el propÃģsito de esos movimientos como su relaciÃģn con las operaciones financieras realizadas sobre las reservas.
La defensa oficial basada en la suba internacional del oro no resuelve el problema. Que las reservas hayan aumentado de valor por la cotizaciÃģn del metal no elimina la pÃĐrdida provocada por las operaciones financieras: son resultados distintos y deben analizarse por separado.
La Argentina no puede aceptar que se invoque la austeridad para justificar recortes sociales mientras se comprometen reservas estratÃĐgicas en operaciones cuyos contratos se mantienen fuera del escrutinio pÚblico. Si Caputo y Bausili sostienen que no hubo irregularidades, tienen la obligaciÃģn polÃtica e institucional de demostrarlo con documentaciÃģn verificable.
El oro pertenece al paÃs, no a los funcionarios ni a las entidades financieras. Y cada dÃģlar perdido exige una explicaciÃģn. La transparencia debe ser inmediata, las responsabilidades deben investigarse hasta el final y cualquier eventual delito deberÃĄ determinarse con pruebas y garantÃas judiciales.