Por: Orlando Lara Pineda*
“âĶ Nos matan la memoria, nos quitan las ideas, nos queman las palabrasâĶ Si la historia la escriben los que ganan eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia quien quiera oÃr que oigaâ. Litto Nebbia.
En junio de 2008 JosÃĐ Manuel âMelâ Zelaya, presidente de Honduras solicitÃģ a la Ministra de Trabajo, Mayra MejÃa del Cid, una primera idea de escenarios para la negociaciÃģn anual en la ComisiÃģn Tripartita del Salario MÃnimo del sector privado en diciembre de ese aÃąo. La ministra MejÃa, con quien trabajaba como asesor, me solicitÃģ un borrador de un par de pÃĄginas para el presidente con la propuesta del gobierno para la negociaciÃģn.
Con base en la idea fundamental del gobierno del âPoder Ciudadanoâ retomamos los valores del ingreso familiar de la âLÃnea de la Pobrezaâ y el nÚmero de personas trabajadoras por hogar – que estima anualmente el Instituto Nacional de EstadÃsticas (INE). Asà calculamos un salario mÃnimo digno del âPoder Ciudadanoâ de 5,500 lempiras mensuales (289 USD) que al menos igualara la LÃnea de la Pobreza.
Unos dÃas despuÃĐs, llegaba a mi oficina luego de almorzar y en la radio me sorprendiÃģ el anuncio del presidente Zelaya ante los medios de comunicaciÃģn afirmando que, teniendo en cuenta la premisa del âPoder Ciudadanoâ, era indispensable un salario digno para la participaciÃģn polÃtica activa de la ciudadanÃa por lo que habÃa decidido establecer un salario mÃnimo mensual para todos los empleados pÚblicos de 5,500 lempiras, justo la cifra propuesta.
De un plumazo se acababa la crisis del gremio de las enfermeras que llevaba meses de medidas de fuerza y que la prensa opositora cubrÃa con fuertes crÃticas. El nuevo salario duplicaba el salario de las enfermeras auxiliares, las peor pagadas. Otras demandas, como la gestiÃģn de turnos, descansos y material fueron pronto resueltas. Con esta acciÃģn osada de duplicar el salario mÃnimo de los empleados pÚblicos, el gobierno incrementaba en menos del 5% el presupuesto de salarios del Estado y resolvÃa una deuda histÃģrica. De esa manera se establecÃa un referente para la futura negociaciÃģn anual en la ComisiÃģn Tripartita del salario mÃnimo del sector privado.
Todo esto ocurrÃa en un contexto de creciente conflicto del gobierno con el empresariado y las fuerzas conservadoras de Honduras. Desde el inicio del gobierno de Mel Zelaya en 2006 se habÃan impulsado salidas heterodoxas a contramano del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial: subsidios a la energÃa y la educaciÃģn, transferencias a la poblaciÃģn en extrema pobreza, reducciÃģn de los mÃĄrgenes de ganancia de las compaÃąÃas trasnacionales importadoras de combustibles, y la revisiÃģn de las concesiones sobre la tierra y los recursos naturales otorgadas anteriormente a terratenientes y grupos financieros concentrados.
En respuesta, Mel sumaba apoyo popular al ampliar el diÃĄlogo e incorporar las propuestas de los movimientos estudiantiles, polÃticos, feministas, sindicatos, pueblos originarios, campesinos y ambientalistas agrupados en la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular.
La crisis financiera mundial del 2008 habÃa producido fuertes aumentos de los precios internacionales de los combustibles y alimentos por lo que el gobierno exploraba varias alternativas para financiar la importaciÃģn de combustibles, entre estas la adhesiÃģn a la Alternativa Bolivariana para las AmÃĐricas (ALBA) que presidia Venezuela â bajo el liderazgo de Hugo ChÃĄvez â y que ofrecÃa financiamiento a largo plazo para importar combustibles, equipo agrÃcola y alimentos; y aliviar la presiÃģn sobre la balanza de pagos.
En agosto de 2008 el gobierno de Zelaya darÃa un paso crucial convocando a una gran movilizaciÃģn popular en la que anuncia la adhesiÃģn de Honduras al ALBA con la presencia de los presidentes Hugo ChÃĄvez (Venezuela); Evo Morales (Bolivia), Daniel Ortega (Nicaragua) y el vicepresidente de Cuba, Carlos Lage.
Ese segundo semestre de 2008 preparamos el informe base para la negociaciÃģn salarial. La primera disputa fue con la tecnocracia del Banco Central de Honduras (BCH) que ante los escenarios de aumento salarial predecÃa una subida incontrolada de la âinflaciÃģnâ. Nos reunimos con el personal del BCH y argumentamos que, debido a la desigual distribuciÃģn del ingreso nacional, el aumento salarial tendrÃa un efecto en la inflaciÃģn mucho menor al que el BCH habÃa estimado. Es que el 15% de los trabajadores con salarios por encima del salario mÃnimo se quedaban con el 75% de la masa salarial de los trabajadores; y, en el otro extremo, el 85% de los trabajadores que ganaban el salario mÃnimo o menos, sumaban una masa salarial de apenas el 25%.
La propuesta presentada por el gobierno, a su vez, estimaba que el aumento salarial tendrÃa un impacto decisivo en el aumento del consumo interno y en la multiplicaciÃģn de la actividad econÃģmica. Se eliminaban las 8 categorÃas segÚn actividades econÃģmicas en que se dividÃa el salario mÃnimo, ya que no existÃan evidencias significativas de diferencias de productividad que las justificaran. La propuesta solo incluÃa dos categorÃas: trabajadores urbanos y rurales, atendiendo a las diferencias en el costo de vida.
HistÃģricamente, la negociaciÃģn salarial en la ComisiÃģn Tripartita se prolongaba con interminables reuniones con el disenso entre obreros y empresarios; mientras que los funcionarios de gobierno se abstenÃan de votar y prevalecÃa un empate. Finalmente, se remitÃa un acta con el impasse en la negociaciÃģn al ejecutivo y el presidente aprobaba un aumento salarial de compromiso, en general mÃĄs cercano a la pretensiÃģn salarial patronal.
Es por eso por lo que los tres burÃģcratas de carrera del Ministerio de Trabajo, que tenÃan la representaciÃģn formal en la ComisiÃģn Tripartita, no salÃan de su asombro cuando se les comunicÃģ la decisiÃģn del Ejecutivo de votar junto con los trabajadores. Temerosos de la reacciÃģn patronal vacilaban en firmar el acta favorable al aumento porque los tÃĐcnicos y los representantes del empresariado presagiaban una situaciÃģn obscura para el paÃs combinando ruegos y amenazas. Hizo falta una llamada de Mel en altavoz para reafirmar la decisiÃģn.
En 1974 habÃa sido la Última vez que los representantes de gobierno habÃan votado junto con los obreros en la ComisiÃģn Tripartita, aprobando un aumento histÃģrico del salario mÃnimo que alcanzÃģ los 100 Lempiras (50 USD) mensuales; durante el gobierno militar reformista de Oswaldo LÃģpez Arellano, que ademÃĄs fortaleciÃģ el papel del Estado en la regulaciÃģn de la economÃa y realizÃģ la mÃĄs amplia âReforma Agrariaâ.
Era la tarde del 24 de diciembre llegamos a âCasa de Gobiernoâ junto con la Ministra MejÃa del Cid, con los cuadros y cÃĄlculos finales de diferentes escenarios debajo del brazo para presentarlos al Presidente Zelaya. Luego de algunas consultas con empresarios y miembros de su gabinete Mel nos dijo que Ãbamos con el aumento.
Esa vÃspera de navidad de 2008 en cadena nacional, Mayra MejÃa del Cid, Ministra de Trabajo anunciaba junto con Manuel Zelaya un aumento salarial histÃģrico de carÃĄcter general para los trabajadores de Honduras de 5,500 lempiras mensuales (289 USD) en las ÃĄreas urbanas y de 4,055 lempiras mensuales (213 USD) en las ÃĄreas rurales. Un aumento promedio del 60% que para algunas categorÃas fue de cerca del 100%.
La clase obrera debiÃģ esperar 34 aÃąos para que se repitiera un aumentÃģ de esa dimensiÃģn. El nuevo salario mÃnimo implicaba que anualmente cerca de 2% del PIB de Honduras (200 millones de USD) pasarÃan de los bolsillos de los empresarios a los de la ciudadanÃa de a pie en Honduras. La disputa central por el reparto de la ganancia entre trabajadores y empresarios se resolvÃa con una redistribuciÃģn del ingreso nacional en favor de las mayorÃas empobrecidas.
La reacciÃģn del empresariado trasnacional y nacional no se dejÃģ esperar. El Consejo HondureÃąo de la Empresa Privada presentÃģ un amparo legal ante la Corte Suprema de Justicia. A solicitud de la Ministra MejÃa del Cid redactÃĐ un borrador del escrito de respuesta en el que se justificaba la legalidad y la procedencia del aumento salarial y se rebatÃan uno a uno los argumentos del empresariado. La Corte desestimÃģ el recurso del sector privado.
Durante el primer semestre de 2009 el poder polÃtico y econÃģmico empresarial concentrado de Honduras desarrollÃģ una clÃĄsica campaÃąa anticomunista desde los medios de comunicaciÃģn corporativos, con campos pagados suscritos por asociaciones apÃģcrifas y ONGs financiadas desde el exterior.
En junio de 2009 el poder judicial decidiÃģ prohibir la consulta popular programada para el domingo 28 de junio por el gobierno- denominada la â4ta urnaâ-; que indagarÃa si las mayorÃas estaban a favor de consultar a la poblaciÃģn en las elecciones de noviembre 2009 sobre el establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente, para refundar la NaciÃģn. Ante la prohibiciÃģn el gobierno de Zelaya, acuerpado por la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, reafirmÃģ la apuesta por la consulta popular.
En 1975, unos meses despuÃĐs del aumento al salario mÃnimo, y mientras se planeaban nuevas expropiaciones de tierra a la compaÃąÃa bananera Standard Fruit Co. âChiquita Bananaâ; el presidente LÃģpez Arellano fue obligado a renunciar luego de que se desatÃģ un escÃĄndalo mediÃĄtico, el Bananagate, revelando el soborno de 2.5 millones de USD que habÃa recibido de la empresa bananera para no incrementar el impuesto por caja de banano. La informaciÃģn fue convenientemente filtrada a la prensa por la misma empresa bananera responsable del soborno y que a la larga fue eximida de responsabilidad.
La madrugada del 28 de junio de 2009, unos meses despuÃĐs del aumento histÃģrico al salario mÃnimo y luego de que el gobierno habÃa resuelto devolver a los campesinos del Valle del Aguan tierras que empresarios les habÃan arrebatado; el poder econÃģmico y eclesiÃĄstico conservador y las Fuerzas Armadas ejecutaron el golpe cÃvico militar. Simularon la renuncia del presidente Zelaya, lo secuestraron y trasladaron a Costa Rica â previa parada tÃĐcnica en la base militar Estadounidense de Palmerola en Honduras. Este serÃa el punto de partida de un prolongado movimiento social y polÃtico de resistencia liderado por el Frente Nacional de Resistencia Popular.